30/05/2026
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/ Cada mañana, mientras muchos niños se preparan para ir a clases o compartir el desayuno con sus familias, un grupo de hermanos en Ambato sale a recorrer las calles en busca de chatarra. No lo hacen para ganar dinero extra ni para ayudar con algunos gastos del hogar. Lo hacen porque ya no tienen a quién acudir.
Hace cinco años perdieron a su padre. Desde entonces, su madre se convirtió en el único sostén emocional y económico del hogar. Sin embargo, hace apenas un mes, la enfermedad también les arrebató a ella. Un cáncer terminó con la vida de la mujer que luchó hasta el último momento por sus hijos.
Los menores recuerdan que los últimos meses fueron especialmente difíciles. El diagnóstico llegó acompañado de gastos médicos que la familia apenas podía cubrir. Muchas veces debían viajar fuera de la ciudad para conseguir medicamentos o tratamientos. El dinero nunca era suficiente.
"Había días en que tocaba escoger entre comprar las medicinas o llevar comida a la casa", relatan quienes conocen de cerca la situación.
Hoy, la realidad es aún más dura. Sin padre ni madre, los hermanos intentan sobrevivir recolectando chatarra que luego venden por unos pocos dólares. Con ese dinero buscan cubrir necesidades básicas como alimentación, agua potable y electricidad.
Pero más allá de las dificultades económicas, hay heridas que ningún ingreso puede sanar.
Con frecuencia visitan la tumba de su madre. Entre lágrimas le hablan, le preguntan por qué tuvo que irse tan pronto y recuerdan las promesas que compartían cuando aún estaba con ellos. Son momentos cargados de dolor que reflejan la dimensión humana de una tragedia que pocas veces aparece en las estadísticas.
Sin embargo, la magnitud de sus necesidades ha despertado la preocupación de ciudadanos que consideran que casos como este requieren una respuesta más amplia por parte de instituciones públicas, organizaciones sociales y la comunidad en general.
La historia de estos hermanos es también un recordatorio de que detrás de cada cifra de pobreza existen rostros, sueños y vidas marcadas por la pérdida. Son niños que no solo enfrentan la ausencia de sus padres, sino también la incertidumbre de un futuro que hoy depende, en gran medida, de la solidaridad de quienes puedan tenderles una mano.
Mientras continúan su lucha diaria, esperan que la ayuda llegue y que el dolor que hoy los acompaña pueda transformarse, algún día, en una oportunidad para reconstruir sus vidas.
Los números de contacto para quienes deseen colaborar con los menores se encuentran en el primer comentario de esta publicación.
Video de : Israelo