En tiempos donde la marcha y el conversatorio son los únicos pretextos para interpelar a la traspapelada razón, se ha vivificado en las mentes de unos cuantos iconoclastas la idea de mostrar lo incorrecto. Lo chabacano, ilícito y porno-gráfico según el dadivoso director de cultura, así con minúsculas debe leerse. Un hombre que más consume del dogma que de la reforma, y que chapotea felicísimo en l
os vinagres de la conservaduría. Y es que gracias a todo ello: La censura previa (a lo sexualmente explícito), la persecución del ilustrador urbano (con coste por cabeza denunciada), el rechazo de la obra carente de la mística del crítico importado, el jurado doble faz de salón y la diatriba extemporánea como esta última línea, es que se ha sacado a bailar un poquito de lambada al inoperante status quo guayaco. Se veía venir la plausible ocasión en que se pueda citar a Jaime Nebot con su genial intervención en el congreso noventero:
“Se acabó la pantomima de guardar la compostura”. Pues eso mismo Mister Alcalde, padrino del desabrigado Juan Pueblo… Eso mismo! Se acabó el mutismo asustadizo y pelotillero. Es ahora cuando le damos la bienvenida a la Inmundicipalidad, espesa de inmundicipales, que dejaron sus burós para ofrecerle a los colegas un poquito de su temerario quehacer. Hasta mañana mansedumbre, descansa bien, que de aquí en adelante el reino será de los cerdos. Por Paulina Obrist