06/05/2026
Hay cosas que uno deja para después sin darse cuenta. Respuestas que no llegan, abrazos que se aplazan, palabras que se quedan a medio camino porque “habrá tiempo”. Y el tiempo, sin avisar, cambia de dirección.
Entonces todo lo pequeño empieza a pesar distinto: una silla vacía, un chat sin respuesta, un lugar que ya no suena igual. No es que antes no importara… es que nunca se miró con suficiente pausa.
Pero hay presencias que no se van del todo. Se quedan en lo que cuidamos, en lo que levantamos con las manos, en los espacios donde decidimos recordar sin ruido.
A veces no es la ausencia lo que duele, sino todo lo que se quedó sin hacerse cuando aún era posible… y aun así, algo de eso puede seguir viviendo si hoy sí elegimos no dejarlo para después.