24/07/2026
𝐃𝐫. 𝐄𝐝𝐮𝐚𝐫𝐝𝐨 𝐀. 𝐂𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨 𝐑𝐨𝐦𝐚́𝐧.
❞𝐃𝐨𝐧̃𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐠𝐚𝐫𝐢𝐭𝐚 𝐒𝐮𝐩𝐚𝐜𝐞𝐥𝐚❞
𝐔𝐧𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐠𝐥𝐨 𝐗𝐕𝐈 𝐲 𝐮𝐧 𝐟𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐀𝐳𝐨𝐠𝐮𝐞𝐬.
– 𝐔𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐞𝐠𝐨 𝐀𝐫𝐭𝐞𝐚𝐠𝐚 –
𝐍𝐨𝐛𝐥𝐞 𝐲 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫𝐨𝐬𝐚
𝐃𝐢𝐞𝐠𝐨 𝐀𝐫𝐭𝐞𝐚𝐠𝐚, lúcido investigador cuencano del pasado regional, incluye en la Revista de la Casa de la Cultura de Cañar, (Nro. 15-IV-2002) un artículo de especial interés para el conocimiento de la Historia de Azogues del siglo XVI.
Trátase del estudio e interpretación que hace del testamento otorgado por 𝐃𝐨𝐧̃𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐠𝐚𝐫𝐢𝐭𝐚 𝐒𝐮𝐩𝐚𝐜𝐞𝐥𝐚, “natural” del pueblo de San Francisco del Azogue, el 4 de enero de 1595 ante el gobernador Francisco Tenemaza, que al momento de su celebración, está rodeada de don Juan Macas, don Pedro Maylasongo, don Juan Guaranga, don Diego Dumapauala, Domingo Catme, don Juan Tenemigua, los albaceas Fernando Guillermo, Diego Yaguisaca y Alfonso Vuélesela” y demás caciques y principales.
En el referido instrumento testamentario, declara ser hija legítima de Rodrigo Guartabisñay, “cacique, señor principal y regidor mayor de la parcialidad de Guangra, ayllu de Collana” y de Doña Ana Supacela, y que a pesar de ser hija legítima de éste, no lleva el apellido paterno, sino el de la madre, conforme ocurría con la nobleza cuzqueña, en la que el padre transmitía su apellido al hijo y la madre a la hija.
Por la presencia de caciques y señores de los “ayllus” que acompañan a Margarita Supacela en el acto testamentario, se deduce su poder de convocar “a la gente que gobernaba Hatún-Cañar”; y en lo que respecta a sus bienes, refiere ser dueña, además del bastón de mando de 𝐥𝐥𝐚𝐥𝐥𝐚𝐮, de la “casa de su morada”, de nada más y nada menos de casi toda una manzana del cuadriculado del pueblo -ubicada en el centro del pueblo, el actual Azogues-, así como de una estancia de “sembrar maíz y otras legumbres”, localizada en 𝐇𝐮𝐚𝐩𝐚́𝐧 y otras tierras en 𝐓𝐚𝐩𝐜𝐚𝐲, situadas entre el río Burgay y las de su sobrino, que sumaría “algo menos de 15 Km2, entre Azogues y Huapán”, posesiones que le vendrán “solo por herencia materna”. Se enlistan igualmente otros bienes de su propiedad, como semovientes, herramientas y acreencias a su favor, esto es: 75 patacones que le son deudores tanto don Joan Guartabisñay y don Francisco Tenemaza.
❞… 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐕𝐞𝐫𝐚𝐜𝐫𝐮𝐳❞.
En el testamento, “Doña Margarita pide que se entierre su cuerpo en un lugar de privilegio al interior de la iglesia de Azogues: delante del Altar de la Santa Veracruz”, y que luego de que su cadáver sea conducido en procesión se le digan “doce posas”, refiere Diego Arteaga, a partir de la interpretación del testamento, para lo que debieron levantarse primero doce altares, entre su “morada” y el templo de San Francisco y se celebren igual número de misas, enterramiento que debió ser definitivamente fastuoso, que dejaba ver el “sitial social” de la difunta.
𝐔𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐨𝐜𝐮𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐄𝐝𝐮𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐧 𝐀𝐳𝐨𝐠𝐮𝐞𝐬.
De manera concurrente y de la misma fuente documental, recuerda la preocupación que sobre la educación de su hijo tuvo la testadora, asunto relevante por los tiempos y la realidad social excluyente de esos días y que el investigador lo refiere en este texto : “ Como madre confía en sus albaceas don Francisco Tenemasa y su esposo para que con sus bienes, hasta que su hijo tenga “uso de razón” (…) se le ponga en una escuela para que aprenda a leer, escribir y contar con la indicación de que el sueldo del maestro se pague con sus bienes”.
El artículo comentado, nos vuelve sobre los privilegios y personajes de la nobleza india, como ocurre con Doña Margarita Supacela, y por esta y su testamento, podemos acercarnos a un perfil de lo que debió ser la mujer de esa condición, en el Azogues del Siglo XVI.
( 𝐄𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝟏𝟑 𝐝𝐞 𝐣𝐮𝐥𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐧̃𝐨, 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐂𝐮𝐞𝐧𝐜𝐚 𝐟𝐚𝐥𝐥𝐞𝐜𝐢𝐨́ 𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐃𝐢𝐞𝐠𝐨 𝐀𝐫𝐭𝐞𝐚𝐠𝐚 𝐌𝐚𝐭𝐮𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐚𝐜𝐚𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 𝐲 𝐞𝐧 𝐞𝐥𝐥𝐚, 𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐚𝐬 𝐞́𝐩𝐨𝐜𝐚𝐬 𝐲 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐂𝐚𝐧̃𝐚𝐫 𝐲 𝐝𝐞 𝐀𝐳𝐨𝐠𝐮𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐠𝐢𝐝𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐩𝐮𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬.
𝐄𝐧 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐲 𝐠𝐫𝐚𝐭𝐢𝐭𝐮𝐝 𝐚𝐥 𝐭𝐫𝐚𝐬𝐜𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐩𝐨𝐫𝐭𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐠𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐚𝐥𝐥𝐞𝐜𝐢𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐲 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨 𝐝𝐨𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐃𝐢𝐞𝐠𝐨 𝐀𝐫𝐭𝐞𝐚𝐠𝐚, 𝐫𝐞𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐭𝐞𝐱𝐭𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐨𝐫𝐢𝐠𝐢𝐧𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐩𝐮𝐛𝐥𝐢𝐜𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐩𝐚́𝐠𝐢𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐄𝐥 𝐇𝐞𝐫𝐚𝐥𝐝𝐨) (t.u.v.).