Kenia Mejía

Kenia Mejía Novelas: romanticas, historicas, thriller, suspenso, realismo, ficción...

_Elena, ¿ será que tu mamá te da permiso para que me acompañes a la pulpería?_ preguntó Marisol como si Cristina no estu...
19/07/2025

_Elena, ¿ será que tu mamá te da permiso para que me acompañes a la pulpería?_ preguntó Marisol como si Cristina no estuviera presente.
_¿ Y por qué no te acompaña tu hermano?_ cuestionó la mujer_. Hay mucha gente nueva en el pueblo, no se vayan a encontrar con algún borracho propasa’o.
_Tendremos cuidado_ afirmó Elena.
_Vayan, pero no olviden que ahora es que van cuando ya yo vine_ comentó, sabiamente.
Las chicas se enfocaron con las miradas preñadas de confusión y curiosidad. Guardando sus dudas, se fueron.
Anduvieron con las pupilas dilatadas por un sendero más negro que la oscuridad para encontrarse con Daniel en un pequeño cerro cubierto de Ceibas y Guayacanes que había más allá del caserío.
Llegando al empinado lugar, fueron haladas hacia abajo, rodando por un derricadero lacerándose las rodillas con las piedras y la tierra arcillosa tostada por el sol.
Sin Paño Tibio

Pero Elena no le respondió, fijó su vista  en el rosa pálido de las flores caídas, casi muertas, del roble  que se abraz...
19/07/2025

Pero Elena no le respondió, fijó su vista en el rosa pálido de las flores caídas, casi muertas, del roble que se abrazaba al caracolí , al higüero, a la higuera y a muchos otros árboles que componían como una melodía el verdor de la ribera, y que nadaban río abajo junto a las vainas maduras del framboyán y los jobos amarillos goteados al agua, fantaseando otra vez con quién nunca había visto.
Cuando el cielo se discutía entre rosáceo y anaranjado, y la brisa fresca les hacía erizar la piel desnuda, las mujeres se dispusieron a andar el angosto y polvoriento sendero rodeado de montes de bayahondas y arbustos de carga agua, por donde llegaron al poblado.
Las casas estaban hechas de tejamanil, algunas entrelazadas entre sí formando cadenetas, unas rectas y otras chuecas como costuras de aprendiz, pretendiendo denotar la hermandad que se profesaba.
De la ermita, que estaba ubicada al fondo del villorrio, salió el Mello, un hombre de tez oscura y mirada afilada considerado el gran milagroso de los necesitados. Arrojó maíz en todo el extenso y polvoso patio, como llamando “ gallinas ”, diciendo: ti, ti, ti; mostrando su diente de oro y solo las escleras de sus ojos.
A pesar de que se apagaba la luz del día, después de la llamada de el Mello, un gentío jubiloso empezó a llegar para la gran celebración de los santos inocentes, que se acercaba.
En tanto, Elena en casa se comía las uñas ideando qué inventar para salir. Cuando tocaron la puerta fue corriendo a abrir.
Sin Paño Tibio...

16/09/2024

-¿Hombre de poder? Ja, ¡qué poder y dinero va a tener ese!- se mofó Jazmina refiriéndose al novio actual de su hermana.
-Esas flores…- señaló con un dedo tembloroso - no las van a utilizar. ¿Cree en el destino, señorita?
Otra vez se concentró la señora en Ross.
-No creo en cosas señora, solo en Dios- le contestó.
-Supongo que entonces cree que todo ocurre por una razón. Que Dios nos tiene aquí para un propósito. Busque la definición de propósito y destino, de visión y presagio, ¿sí?
-¿Entonces me está diciendo que no me voy a casar con Joel y que conoceré a otro hombre?- le cuestionó burlona, estaba realmente incrédula y perturbada.
-Eso veo aquí- señaló la taza-. También le dije que se cuide de la envidia y la traición.
-¿Y cómo voy a saber que ha llegado el hombre que…?

16/09/2024

Rossalind, o Ross como le llaman sus cercanos, llegó al área de flores de un mercado popular en compañía de su hermana menor Jazmina y su amiga Noemí. A un día de su boda, aún le faltaban algunos detalles importantes, como el ramo de novia.
-Buenos días- saludó con una amplia sonrisa a una mujer de mediana edad de tez oscura, pero de rasgos muy finos, que se cubría la cabeza con un pañuelo negro.
-Buenos días señorita. Ha llegado usted adonde debió llegar- le respondió la mujer, estrechando le la mano.
-Queremos flores blancas para hacer un pequeño arreglo- declaró Jazmina con impaciencia, mirando los alrededores con desdén.
-¿Desea un poco de café?- preguntó esta vez a Ross, ignorando a propósito a su intransigente acompañante.
Jazmina, que era una rubia alta y elegante que no pasaba desapercibida y le gustaba llamar la atención de quien fuere, se molestó. Haciendo mala cara tomó una silla y se sentó con las piernas cruzadas.
-Yo también me voy a sentar- expresó Noemí, quien se había mantenido en silencio.
Habían caminado mucho, y bajo el sol del medio día, era natural que estuvieran cansadas y sedientas.
-Aquí tienes el café- dijo la señora, entregándole una taza a Ross con el líquido negro, y acercándole una silla para que se sentara también.
-¿Acaso te conoce? ¿Por qué tantas consideraciones?- le preguntó Jazmina a su hermana, torciendo la boca y mirándola de soslayo.
-Claro que no, la señora solo está siendo amable- le explicó arrugando el entrecejo.
-Sí, sí, lo que digas- volteó los ojos.
Ross le entregó la taza a su dueña, después de terminar el café, y se dedicó a elegir las flores que buscaba. Le pagó, y cuando estaban a punto de irse la señora la detuvo con una frase:
-Aún no ha llegado él.
-¿Qué cosa?- indagó asombrada, mirando a las otras dos chicas.
La mujer levantó la taza ya seca y continúo hablando.
-Su hombre- hizo una larga pausa-. Es un hombre de mucho poder y dinero. Pero…hay mucha envidia a su alrededor.

Aquí estoyNo sé, si siento lo que sientoNo sé, si amo lo que amoMas, busco en la flor de tus besos:Un canto Un llantoUna...
08/08/2024

Aquí estoy
No sé, si siento lo que siento
No sé, si amo lo que amo
Mas, busco en la flor de tus besos:
Un canto
Un llanto
Una caricia que me diga: una mentira
Una verdad
Una frase que atesore mi pesar
Y aquí estoy
No sé, si es canto
No sé, si es llanto
Solo sé
Que aquí estoy.

K.M.: La otra cara de la otra.

16/06/2024
Posada sobre  un pedregón que la acogía  como brazos cálidos  hechos adrede  por el mismísimo creador del universo, Elen...
09/06/2024

Posada sobre un pedregón que la acogía como brazos cálidos hechos adrede por el mismísimo creador del universo, Elena soñaba con el futuro lejano, con alcanzar el infinito sin detenerse a saborear el manso sol del atardecer que acariciaba su piel, y menos aún, a disfrutar el aroma que surgía como una bendición de los troncos húmedos y las plantas que flotaban en las verdosas aguas del río que recorría su camino con cánticos de paz, donde los renacuajos bailaban como si fuera el fin del mundo y tenían que aprovechar el último segundo.

_Ven a bañarte muchacha, antes de que baje más el sol_ le voceó su madre Cristina, quien se encontraba dentro de un charco con un grupo de mujeres que parecían no poder contener la lengua y opinar sobre la vida de los demás sin reparo.

En ese momento el tema era, precisamente, Elena. Se preguntaban porqué no tenía pretendientes a su edad si no era fea.

Elena respiró profundo, algo frustrada. No entendía porqué sólo con diecisiete años, era presionada para que se casara y tuviera hijos.

SIN PAÑO TIBIO; kenia Mejía.

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