10/05/2024
La combinación de lo figurativo y lo abstracto, el uso de imágenes asociadas a la estética caribeña, así como la centralidad del cuerpo femenino en sus pinturas, dotan el arte de Mónica Hernández de un aura enigmática y a la vez familiar, provocando en quien especta la curiosidad punzante por dialogar con su narrativa visual.
Mónica Hernández nació en Santiago, República Dominicana (1995) y, junto a su familia, se radicó en Nueva York desde temprana edad. Estudió Bellas Artes en Hunter College (2017) y ha logrado exhibir sus obras en galerías como Abigail Ogilvy Gallery (California, 2024), Library Street Collective (Michigan, 2023), Jenkins Johnson Projects (Brooklyn, 2021), Ramp Gallery (Londres, 2019), entre otras.
Los temas centrales que toca en su trabajo son sexualidad, género, representación e identidad, abordados desde una perspectiva auténtica que resalta el lugar de las mujeres y personas qu**rs negras, creando relatos en los cuales estas identidades son protagónicas.
La pintura de Hernández es, en cierta medida, autobiográfica. No solo por las memorias y la luz cálida que recupera del paisaje caribeño, también recurre a su propia imagen para dar rostro y cuerpo a los personajes en su obra, como parte de un ejercicio de introspección sobre la experiencia de otredad, de hacerse consciente de sí misma al reconocerse diferente de quienes le rodean.
Sus piezas contienen múltiples capas, recrean interiores domésticos que se perciben fragmentados por la superposición de formas, colores y patrones. Se avistan fachadas de casas típicas de la ruralidad caribeña, de la costa o de un patio que evoca a su país natal. Con frecuencia, el espacio es habitado por un cuerpo femenino no blanco, de dimensiones agrandadas respecto al lugar que lo contiene, cuya mirada, postura o estado de desnudez siembran la certeza de una intención. La obra de Hernández interpela con agudeza a quien observa, una invitación al diálogo íntimo sobre vulnerabilidad y poder.