11/05/2026
ENCUENTRO CON COLSON
Cuidar del patrimonio de un artista como Jaime Colson es siempre un asunto complejo, preservar su memoria y el valor real de su obra, que ha sido sujeto de tantas copias y falsificaciones, no es definitivamente algo fácil y rutinario, pero una cosa no puede negarse y es que hay en ello mucho orgullo y satisfacción y como comentó el presidente de la Fundación: ¡ayer fue un día de buenas noticias!
Hace pocos días en ocasión de una colaboración solicitada por el muy buen amigo y excelente historiador del arte dominicano Cándido Geron, comentábamos de como la obra de Colson está siendo objeto de un repunte inimaginable luego de tantos años de su muerte y que la directora del Museo que reúne la mayor parte de su obra, señora Myrna Guerrero, ha llamado a este repunte,” la Colsonmanía”, nos referimos a los homenajes en su lar de origen Puerto Plata, a la maravillosa exposición que allí se celebró con obras cedidas por el Museo Bellapart, a las diversas exposiciones y conversatorios celebrados en distintos museos, actividades que motivaron a la señora Maribel Bellapart, sobre cuyos hombros está el peso de las decisiones importantes del Museo a contactar a Larimar Films, reputada compañía de filmaciones y encargarle la realización de un documental sobre Jaime Colson, “Renovarse o morir”, que bajo la dirección de Gina Giudicelli y siendo la pieza su ópera prima ha logrado un producto que todo el que lo ha visto sólo ha tenido expresiones de halago y admiración para este trabajo. La iniciativa del museo Bellapart ha dado un fruto espectacular con este documental
A todo esto, se suma algo importante, también la juventud está motivada por la obra de Jaime Colson y así fuimos testigos del maravilloso trabajo realizado por el Quinto grado de Cine y Fotografía del Instituto Tecnológico de Artes y Oficios (ITAO), en su trabajo de grado, un documental sobre Colson: El retorno a la luz.
También están las numerosas subastas que actualmente se realizan en el extranjero, en las que la presencia de cuadros suyos es habitual y muy cotizado.
Pero ¡volvamos al día de las buenas noticias! No son pocas las ocasiones en las que como Fundación Colson, nos son sometidas obras, supuestamente de su autoría para que demos una opinión, si bien hemos sido fieles y así lo hacemos saber al criterio de que no somos ni críticos, ni especialistas en obras de arte como para certificar las mismas y cuando vemos obras que nos basta una ojeada para dudar de su factura y saber que sin lugar a duda un Colson no es, la única respuesta que ofrecemos es: lo lamentamos esa obra no figura en los archivos de la Fundación y ciertamente no figura porque no puede hacerlo, simplemente porque la obra es falsa. Sin embargo, no necesariamente todas las obras que son realmente de la autoría de Colson están en los archivos de la Fundación.
En esta oportunidad, como otras veces, recibimos una foto de una obra y esta vez esta foto si está en los archivos de la Fundación, en los que aparece sin título y con paradero desconocido y ¡oh albricias!, quienes enviaron la foto, también nos solicitaron hacernos una visita para mostrar la obra.
A la hora señalada, tuvimos el placer de recibir a los señores Mario Martínez, reconocido coleccionista de arte, Nanchu Espinola, amigo del Presidente de la Fundación Colson y el señor Allan Antonio Estévez Abreu, también coleccionista y además el propietario y responsable del rescate de esta maravillosa obra, por parte de la Fundación estábamos los Grisolía: Juan Miguel, Marina y Gabriella.
La obra fue develada y realmente era un día de ¡buenas noticias! Estábamos sin duda alguna frente a un Colson y nada menos que del 1929, una de las obras pintadas en París en el período en que Colson vivió en la ciudad luz y luego llevada a México en el 34 para finalmente llevarla a La Habana en el 1938 y allí permaneció La Anunciación hasta su rescate actual. En las memorias de Colson hay una mención del artista de como “linajudas familias y hasta ciertos nuevos ricos se preciaban de tener en sus casas obras de los mejores artistas cubanos y de America, además de las de los más ilustres de Europa”.
Al parecer, la obra que nos estaban mostrando fue una de esas adquisiciones, esta evidentemente no fue de las que quedaron bajo la custodia de Carreño y antes de la partida de Colson de Cuba fue adquirida por una linajuda familia habanera.
La forma de cómo fue encontrada y adquirida la obra es un relato fascinante y muy propio de lo trashumante de la obra de este pintor especial.
Relata el señor Estévez como desde la temprana edad de 15 años inició labores de marchante y coleccionista de arte y como a sus actuales 43 tuvo la maravillosa oportunidad de rescatar, recuperar y repatriar, según sus propias palabras, “una verdadera joya del maestro Colson”
La obra en cuestión, la cual ya tiene título, medidas y técnica y cuyo paradero ya no es desconocido, fue ubicada por el señor Estévez mediante un contacto establecido en la página de la Galería Estévez y durante ocho largos meses de negociación a partir del primer contacto y bajo la sombrilla de una persona procedente de la Habana persiguió su sueño de encontrar y adquirir un cuadro de esta categoría.
Lo próximo para hacer realidad el sueño de un coleccionista, que todavía conserva la pasión y el entusiasmo de cuando siendo un adolescente se inició en un oficio que el reconoce como su razón de ser, era trasladarse a la Habana y hacer la visita a la casa donde estaba la obra y a los propietarios de esta.
Tanto el viaje a Cuba, como la negociación de adquirir una obra de esta envergadura en medio de la situación económica y social por la que atraviesa el hermano país, resultó de gran tensión y llegó a convertirse en un reto tanto para el coleccionista como para su familia. Desde el incómodo e inseguro medio de vuelo, hasta la llegada a la Habana para ser sometidos allí al escrutinio y larga espera propio de este tipo de regímenes, con retención de documentos incluida, tampoco el abordaje de regreso fue fácil y a pesar de según sus propias palabras, un complejo proceso de obtención de permisos y certificaciones de exportación realizadas ante el Registro Nacional de Bienes Culturales de la República de Cuba, la salida estuvo marcada por situaciones incómodas y frustratorias que “pusieron a prueba” su determinación, pero estamos seguros de que luego de ver y adquirir esa obra, nada lo detendría en su deseo de regresarla al país de origen de su egregio autor.
No importó que debido a los usos aéreos luego del 11 de septiembre del 2001, tuviera que separar la obra de su marco para enviar este por la panza del avión ya que fue considerado por las autoridades un objeto contundente, operación que realizó sin ningún instrumento que lo ayudara a desclavar los múltiples clavitos que sujetaban la pintura al marco, acción precedida de un intenso interrogatorio sobre la procedencia y la forma de adquisición de la obra, esto a pesar de toda la documentación obtenida de los organismos correspondientes.
Pero la emoción de haber encontrado y adquirido una obra creada en el 1929, por cierto, en muy buen estado de conservación al punto de que el señor Estévez pretende solo limpiarla y no restaurarla, entendiendo que “cada marca, desgaste o huella forma parte de su historia, al igual que las experiencias marcan la vida de los seres humanos”, repetimos, obtener una obra de esas características y de la paleta de Jaime Colson, bien vale una misa.
El deseo de Allan Antonio Estévez Abreu es que la obra por el rescatada “encuentre su destino en un museo donde pueda ser apreciada como patrimonio de todos los dominicanos.”