30/04/2026
El boceto para el Mural "Independencia" del Ministerio de Defensa, revela con claridad la potencia simbólica del lenguaje plástico del maestro Ramón Oviedo.
En ella no se narra solo un hecho histórico: se construye una épica visual donde la nación se levanta como fuerza viva, orgánica y espiritual.
La escena remite al instante fundacional del 27 de febrero de 1844 en la histórica Puerta del Conde, momento en que se proclama la libertad de la República Dominicana.
Sin embargo, Oviedo evita la literalidad académica y opta por una visión simbólica y torrencial: el hecho histórico se transforma en mito.
La fusión de fuerzas
El eje central, la puerta abierta y la llama encendida, funcionan como corazón espiritual de la composición.
Desde ambos lados convergen dos grandes corrientes humanas y naturales:
A la izquierda, una masa etérea, casi cósmica, donde los tonos claros evocan lo telúrico, lo ancestral y lo espiritual. Es la energía de la tierra, la memoria colectiva de un pueblo unido , el origen.
A la derecha, la fuerza humana organizada: cuerpos firmes, tensos, armas en alto y la bandera dominicana desplegada como viento histórico. Es la acción, la decisión, el sacrificio.
En el centro, ambas corrientes se encuentran. No hay choque: hay unión.
Oviedo plantea que la independencia no fue solo un acto militar, sino una convergencia de pueblo, naturaleza, espíritu y destino.
La bandera como destino
La bandera domina el plano superior como una ola viva.
No es un objeto estático; es movimiento, viento, latido.
En ella se sintetiza la nación que nace del esfuerzo colectivo. La cromática vibrante, rojos ardientes, azules profundos y blancos luminosos— refuerza la idea de nacimiento, sacrificio y esperanza.
El lenguaje gestual
El trazo de un maestro , fragmentado y dinámico caracteriza el estilo de Oviedo. La forma parece deshacerse y rehacerse continuamente, como si la historia estuviera ocurriendo ante nuestros ojos.
Esta gestualidad convierte la escena en energía pura: la independencia no es pasado, es permanencia.
Este boceto puede entenderse como una declaración estética y patriótica:
Oviedo no pinta héroes individuales; pinta la nación como protagonista. La independencia surge como una fuerza inevitable, resultado de la unión de todas las energías vivas del país.
En síntesis, la obra propone que el nacimiento de la República no fue solo un acontecimiento histórico, sino un acto casi cósmico donde confluyeron voluntad, fuego, fe y pueblo para abrir definitivamente las puertas de la libertad.
Es un tesoro, acervo cultural para que se preserve y trasmita ese sentimiento de generación en generación.
Es un pasaje visual de nuestra identidad y memoria colectiva, es un sello distintivo de nuestra soberanía y libertad, conecta el pasado y el presente, hoy más que nunca que es tan necesario tener salud corazón y juicio, hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la patria.
•
•
•