26/12/2025
Te voy a extrañar, querida Ada.
Te recuerdo con una alegría serena, la elegancia de compartir contigo, la lucidez de hablar de proyectos, la claridad con la que pensabas el futuro.
Tenías un plan de vida para los próximos veinte años. Siempre reinventándote. Siempre despierta.
Eras dignidad artística en estado puro.
Nunca necesitaste alzar la voz para ser escuchada, ni seguir modas para ser esencial.
Comprendiste algo que muy pocos entienden, el arte no existe para complacer, existe para ser verdadero.
Tu obra no buscó el impacto inmediato; eligió el tiempo.
Tiempo para mirar, para sentir, para volver. Y en este mundo acelerado, eso fue un gesto radicalmente valiente.
Trabajaste desde la coherencia, desde el silencio productivo, desde una espiritualidad plástica que no se explica: se percibe.
Tu abstracción no es evasión; es profundidad.
No es ornamento; es pensamiento visual.
Con tu obra demostraste que lo dominicano puede ser universal sin perder raíz, contemporáneo sin perder alma.
Abriste camino sin pedir permiso y sigues siendo referencia no por nostalgia, sino por vigencia.
No eres pasado.
Eres una presencia activa en nuestra historia cultural.
Y honrarte es asumir el nivel de compromiso que el arte —y la vida— exigen.
Gracias, maestra.
Oscar Abreu