27/08/2026
ME ENAMORÉ DE UNA DESCONOCIDA EN UN TREN… Y AL DÍA SIGUIENTE DESCUBRÍ QUIÉN ERA EN REALIDAD
ROMANCE SÁFICO · ENCUENTRO INESPERADO · IDENTIDAD OCULTA · UN VIAJE QUE LO CAMBIA TODO · SECRETOS · UNA HERMANA PROTECTORA · UNA PROMESA DIFÍCIL DE ROMPER · ESCÁNDALO · SEGUNDAS OPORTUNIDADES · FINAL FELIZ
***an
CAPÍTULO 1 — EL TREN QUE NUNCA DEBÍ TOMAR
A sus 29 años, Valeria Montes tenía una habilidad extraordinaria para organizar la vida de otras personas y un talento todavía mayor para complicar la suya.
Trabajaba como periodista cultural en Madrid.
Llevaba siete años escribiendo sobre libros, cine y arte.
Aquella mañana debía viajar a Barcelona para entrevistar al misterioso escritor Gabriel Rosell, autor de una novela que estaba arrasando en ventas.
Gabriel jamás concedía entrevistas.
Pero Valeria había conseguido una.
Si salía bien, probablemente conseguiría el ascenso que llevaba dos años esperando.
Había un pequeño problema.
Perdió el AVE.
—Perfecto.
Consiguió otro billete para un tren posterior.
Subió enfadada.
Buscó su asiento.
Y encontró a una mujer dormida junto a la ventana.
Cabello castaño claro.
Vaqueros.
Sudadera.
Auriculares.
Aparentemente, nada extraordinario.
Hasta que abrió los ojos.
Eran verdes.
—Creo que estás en mi asiento —dijo Valeria.
La desconocida miró el número.
—Creo que tú estás en el mío.
Compararon billetes.
Valeria estaba equivocada.
—Fantástico.
La mujer sonrió.
—Buen comienzo.
Valeria todavía no lo sabía.
Pero acababa de conocer a Claudia Rosell.
La hermana del hombre al que iba a entrevistar.
Y la única persona que podía destruir aquella entrevista.
CAPÍTULO 2 — “NO ME DIGAS A QUÉ TE DEDICAS”
Valeria encontró su asiento.
Estaba junto a Claudia.
Durante veinte minutos ninguna habló.
Hasta que Claudia preguntó:
—¿Viajas por trabajo?
—Sí.
—No me digas a qué te dedicas.
Valeria la miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque cuando dos desconocidos empiezan hablando del trabajo terminan convirtiendo una conversación interesante en LinkedIn.
Valeria comenzó a reír.
—Está bien.
—Yo tampoco te diré lo mío.
—Trato hecho.
Así comenzó.
Hablaron sin nombres completos.
Sin profesiones.
Sin redes sociales.
Solamente dos desconocidas.
Claudia confesó que odiaba los aeropuertos.
Valeria que tenía miedo a conducir.
Claudia adoraba los perros.
Valeria tenía un gato llamado Neruda.
—Eso es pretencioso.
—Soy consciente.
Hablaron durante dos horas.
Y Valeria olvidó completamente que aquel viaje había comenzado siendo un desastre.
CAPÍTULO 3 — LA PARADA INESPERADA
Una incidencia técnica detuvo el tren.
Treinta minutos.
Después una hora.
Finalmente anunciaron un retraso considerable.
Los pasajeros comenzaron a protestar.
Claudia miró a Valeria.
—¿Tienes hambre?
—Muchísima.
—Perfecto.
Sacó una bolsa enorme de comida.
Valeria comenzó a reír.
—¿Estabas preparándote para sobrevivir a un apocalipsis?
—Mi madre piensa que cualquier viaje superior a veinte minutos requiere provisiones.
Compartieron bocadillos.
Chocolate.
Café horrible de máquina.
Cuando finalmente el tren volvió a moverse ya parecía que se conocían desde hacía meses.
Entonces Claudia preguntó:
—¿Tienes pareja?
Valeria negó.
—¿Tú?
—No.
Hubo un silencio distinto.
Más largo.
Más consciente.
Por primera vez ambas comprendieron que aquella conversación podía estar convirtiéndose en algo más.
CAPÍTULO 4 — UN PACTO ABSURDO
Cuando estaban llegando a Barcelona, Claudia propuso algo.
—No intercambiemos teléfonos.
Valeria la miró como si estuviera loca.
—¿Qué?
—Si este encuentro fue realmente especial, volveremos a encontrarnos.
—Eso es una estupidez cinematográfica.
—Exactamente.
—Vivimos en una ciudad de millones de personas.
—Yo no he dicho dónde vivo.
Valeria sonrió.
—Buen punto.
Claudia extendió la mano.
—¿Aceptas?
Valeria la estrechó.
—Acepto.
Entonces Claudia añadió:
—Aunque necesitamos nombres.
—Valeria.
—Claudia.
Nada más.
Cuando llegaron, se despidieron.
Claudia caminó hacia una salida.
Valeria hacia otra.
Después de diez pasos, ambas se giraron simultáneamente.
Se vieron.
Sonrieron.
Y continuaron caminando.
Valeria pensó que nunca volvería a verla.
Tardó menos de veinticuatro horas.
CAPÍTULO 5 — LA ENTREVISTA
A la mañana siguiente Valeria llegó al hotel donde entrevistaría a Gabriel Rosell.
Su fotógrafo, Mario, ya estaba allí.
—Estás demasiado feliz.
—Dormí bien.
—Mentira.
—Conocí a alguien.
Mario abrió los ojos.
—Necesito detalles.
—Después.
Entraron.
Gabriel Rosell apareció.
Cuarenta años.
Reservado.
Serio.
Sorprendentemente nervioso para alguien tan famoso.
La entrevista comenzó.
Hasta que se abrió la puerta.
—Gabriel, mamá dice que...
Valeria levantó la mirada.
Se quedó paralizada.
Claudia también.
—Tú.
Gabriel miró a ambas.
—¿Os conocéis?
Ninguna respondió.
Finalmente, Claudia miró la acreditación sobre la mesa.
VALERIA MONTES — REVISTA CULTURA 21.
Su expresión cambió.
—Eres periodista.
Valeria recordó el pacto del tren.
—Sí.
Claudia miró a su hermano.
Después nuevamente a ella.
—Claro.
Y salió de la habitación.
CAPÍTULO 6 — LA MUJER DEL TREN TENÍA UN SECRETO
Valeria terminó la entrevista.
Después buscó a Claudia.
La encontró en la terraza.
—Espera.
—¿Para qué?
—No sabía quién eras.
—Yo tampoco sabía quién eras.
—Precisamente.
Claudia parecía realmente molesta.
Valeria no entendía por qué.
—¿Qué problema tienes con los periodistas?
Claudia guardó silencio.
—No puedo explicarlo.
—Entonces dame alguna pista.
Claudia respondió:
—Tu profesión casi destruyó a mi familia.
Valeria quedó inmóvil.
Aquello ya no era una conversación sobre un encuentro romántico.
Había algo mucho más serio detrás.
CAPÍTULO 7 — LA HISTORIA QUE NADIE CONOCÍA
Mario sabía algo.
Cinco años atrás, Gabriel Rosell no era famoso.
Pero su esposa, Elena Vidal, sí.
Era actriz.
Una revista publicó fotografías acusándola de mantener una aventura.
La noticia se hizo viral.
Meses después se descubrió que las fotografías habían sido manipuladas y sacadas de contexto.
Pero el daño estaba hecho.
El matrimonio se rompió.
Elena abandonó temporalmente su carrera.
Gabriel desapareció de la vida pública.
Y Claudia desarrolló un rechazo absoluto hacia la prensa sensacionalista.
Valeria comprendió.
—Pero yo no trabajo en prensa rosa.
Mario respondió:
—Para alguien que vivió aquello probablemente da igual.
Valeria sintió que aquel encuentro en el tren acababa de complicarse muchísimo.
CAPÍTULO 8 — GABRIEL LE PIDE ALGO INESPERADO
Después de la entrevista Gabriel llamó a Valeria.
—Necesito hablar contigo.
Se encontraron en una cafetería.
Gabriel fue directo.
—Claudia no sabe algo.
Valeria sintió inmediatamente que no quería escucharlo.
—Entonces probablemente no debería saberlo yo.
—Tiene que ver con aquella historia.
Gabriel explicó la verdad.
Elena nunca lo había engañado.
Gabriel lo sabía desde hacía años.
Pero la separación no ocurrió por las fotografías.
Su matrimonio ya estaba roto.
Ambos decidieron permitir que públicamente pareciera que el escándalo había sido la causa porque protegía un secreto más personal:
Elena atravesaba una profunda crisis profesional y quería desaparecer de los medios.
Claudia seguía creyendo que la prensa había destruido el matrimonio.
—¿Por qué nunca se lo dijiste?
—Porque Elena me pidió que no lo hiciera.
Valeria estaba incómoda.
—¿Y por qué me lo cuentas?
Gabriel respondió:
—Porque vas a publicar la entrevista.
Y parte de ella toca ese período.
—¿Quieres que lo elimine?
—Sí.
Valeria tenía ahora información que podía cambiar la manera en que Claudia veía su profesión.
Pero había prometido no revelarla.
CAPÍTULO 9 — EL SEGUNDO ENCUENTRO
Una semana después Valeria regresó a Madrid.
Entró en una librería.
Escuchó una voz.
—Esto empieza a parecer sospechoso.
Se giró.
Claudia.
Valeria comenzó a sonreír.
—Te dije que Madrid era enorme.
—Y yo te dije que volveríamos a encontrarnos.
—Técnicamente esto podría ser acoso.
Claudia rio.
La tensión desapareció durante unos segundos.
Después recordó que Valeria era periodista.
—He leído tu entrevista.
—¿Y?
—Fuiste respetuosa con Gabriel.
—Siempre intento serlo.
Claudia bajó la mirada.
—Quizá te juzgué demasiado rápido.
Valeria sabía que podía explicarlo todo.
Pero no podía romper la confianza de Gabriel.
—Quizá.
Claudia sonrió.
—¿Café?
Esta vez intercambiaron teléfonos.
CAPÍTULO 10 — UNA RELACIÓN QUE COMENZÓ SIN PLANEARLO
No se hicieron novias inmediatamente.
Primero fueron cafés.
Después cenas.
Después paseos.
Claudia trabajaba como diseñadora de iluminación teatral.
Valeria comenzó a asistir a obras que normalmente jamás habría visto.
Claudia empezó a leer cada artículo que Valeria publicaba.
Tres meses después ocurrió el primer beso.
Sin dramatismo.
Sin cámaras.
Sin secretos revelados.
Fue después de una cena.
Claudia estaba hablando demasiado.
Valeria dijo:
—Cállate un segundo.
—¿Por qué?
—Porque quiero hacer algo.
Y la besó.
Claudia sonrió.
—Podías haberlo pedido educadamente.
—¿Quieres que lo repita?
—Sí.
Y lo repitió.
Todo parecía ir bien.
Hasta que apareció Elena.
CAPÍTULO 11 — LA MUJER DEL ESCÁNDALO REGRESA
Elena Vidal regresó al teatro después de cinco años.
Precisamente en una producción donde trabajaba Claudia.
La noticia provocó enorme interés mediático.
Periodistas comenzaron a investigar nuevamente su pasado.
Valeria recibió una llamada de su editor, Ricardo.
—Quiero una exclusiva.
—No.
—Conoces a Gabriel.
—Precisamente por eso.
—Valeria, esto puede ser portada.
—No voy a utilizar mi relación personal.
Ricardo respondió:
—Entonces buscaré a otra persona.
Valeria sabía lo que eso significaba.
Alguien menos cuidadoso podía publicar cualquier cosa.
Y así ocurrió.
CAPÍTULO 12 — UNA NUEVA MENTIRA APARECE
Un portal publicó:
“ELENA VIDAL Y GABRIEL ROSELL: LA VERDAD DEL MATRIMONIO QUE TERMINÓ EN ESCÁNDALO.”
La información era parcialmente falsa.
Pero mencionaba un dato verdadero que solamente pocas personas conocían.
La separación había comenzado antes de las fotografías.
Claudia quedó destrozada.
Buscó a Gabriel.
—¿Es verdad?
Gabriel tuvo que admitirlo.
—Sí.
Claudia comprendió que durante años había culpado
exclusivamente a la prensa por algo mucho más complejo.
Entonces preguntó:
—¿Valeria lo sabía?
Gabriel guardó silencio.
Aquello fue suficiente.
CAPÍTULO 13 — “ME DEJASTE ODIARTE POR UNA MENTIRA”
Claudia apareció en casa de Valeria.
—Lo sabías.
Valeria comprendió inmediatamente.
—Claudia...
—¿Desde cuándo?
—Desde la entrevista.
Claudia comenzó a llorar.
—Todo este tiempo.
—Gabriel me pidió que no dijera nada.
—¡SOY TU PAREJA!
—Y él era mi fuente.
—¿Entonces qué soy yo?
Valeria sintió el golpe.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—Obligarme a elegir entre quererte y tener ética profesional.
Claudia retrocedió.
—No tenías que contarme todos los detalles.
—Cualquier cosa habría roto su confianza.
Claudia negó.
—Necesito irme.
Valeria no la detuvo.
Y por primera vez desde que comenzaron a verse, pasaron varios días sin hablar.
CAPÍTULO 14 — EL TERCER PERSONAJE NO ERA UNA VILLANA
Elena buscó a Claudia.
Hacía años que apenas hablaban.
—Tu hermano me contó lo ocurrido.
Claudia estaba enfadada.
—Todos sabían cosas menos yo.
Elena respondió:
—Porque yo pedí que fuera así.
—¿Por qué?
Elena respiró profundamente.
—Porque estaba avergonzada.
No de una infidelidad.
Sino de haber perdido completamente el control de su vida.
Su matrimonio se estaba terminando.
Su carrera la asfixiaba.
No quería trabajar.
No quería salir.
Y cuando apareció el escándalo, permitió que el mundo creyera una historia sencilla porque explicar la verdad significaba mostrar una vulnerabilidad que no estaba preparada para compartir.
—Valeria protegió algo que yo pedí mantener privado.
Claudia guardó silencio.
—No la castigues por cumplir una promesa que yo le pedí a Gabriel que protegiera.
Aquello cambió completamente la perspectiva.
CAPÍTULO 15 — PERO EL PROBLEMA NO HABÍA TERMINADO
Ricardo llamó nuevamente a Valeria.
—Necesito que investigues quién filtró la información.
Valeria aceptó.
Descubrió algo inesperado.
La filtración no venía de Gabriel.
Ni Elena.
Ni Claudia.
Procedía de Mario, su propio fotógrafo y amigo.
Valeria no podía creerlo.
—¿Por qué?
Mario confesó.
Tenía deudas.
Otro medio le había ofrecido dinero por información.
Había escuchado fragmentos de conversaciones durante la entrevista.
No conocía toda la verdad.
Pero vendió lo que sabía.
Valeria estaba devastada.
Mario era su amigo desde hacía seis años.
—Confiaste en mí.
—Sí.
—Y yo lo arruiné.
—Sí.
No hubo una gran pelea.
Eso fue peor.
Valeria simplemente respondió:
—No podemos seguir trabajando juntos.
Y se marchó.
CAPÍTULO 16 — VALERIA PUBLICA ALGO DIFERENTE
Ricardo quería una investigación sobre Elena.
Valeria escribió otra cosa.
Un artículo sobre los límites éticos del periodismo cuando una historia afecta a personas reales.
No mencionó a Claudia.
Ni a Gabriel.
Ni a Elena.
Habló sobre privacidad.
Consentimiento.
Errores.
Y sobre la facilidad con la que una historia atractiva puede reemplazar una verdad complicada.
El artículo se volvió viral.
Claudia lo leyó.
La última frase decía:
“NO TODA VERDAD QUE PODEMOS PUBLICAR ES UNA VERDAD QUE TENEMOS DERECHO A CONVERTIR EN ESPECTÁCULO.”
Claudia supo inmediatamente por qué Valeria la había escrito.
CAPÍTULO 17 — LA ESTACIÓN
Valeria recibió un mensaje.
CLAUDIA: ¿TE ACUERDAS DEL PACTO DEL TREN?
Respondió:
VALERIA: EL MÁS ABSURDO DE MI VIDA.
CLAUDIA: ESTOY EN ATOCHA.
Valeria se quedó inmóvil.
VALERIA: ¿POR QUÉ?
La respuesta tardó.
CLAUDIA: QUIERO EMPEZAR DE NUEVO DONDE EMPEZAMOS.
Valeria tomó un taxi.
CAPÍTULO 18 — “NO QUIERO QUE ME CUENTES TODOS LOS SECRETOS”
Claudia estaba esperando junto a una cafetería.
Valeria llegó sin aliento.
—Podías haber elegido un lugar más cerca.
Claudia sonrió.
—Perdón.
Después se puso seria.
—Estaba equivocada.
Valeria negó.
—Estabas herida.
—También.
Claudia tomó aire.
—No quiero una relación donde tengas que contarme todo lo que otras personas te confían.
Valeria la miró.
—Pero tampoco quiero sentir que estoy viviendo dentro de una historia donde todos saben más que yo.
—Eso puedo entenderlo.
Claudia extendió la mano.
—Entonces tendremos que aprender.
Valeria la tomó.
—¿Eso significa que volvemos?
Claudia sonrió.
—Significa que tenemos una segunda primera cita.
CAPÍTULO 19 — LA SEGUNDA PRIMERA CITA
Compraron dos billetes.
Destino aleatorio.
Segovia.
—Esto es ridículo —dijo Valeria.
—Funcionó la primera vez.
Se sentaron juntas.
Claudia sacó una bolsa enorme de comida.
Valeria abrió los ojos.
—No puede ser.
—Mi madre sigue pensando que cualquier trayecto requiere provisiones.
Valeria comenzó a reír.
Durante el viaje establecieron nuevas reglas.
Nada de esconder problemas.
Nada de asumir intenciones.
Y algo fundamental:
Preguntar antes de juzgar.
Cuando llegaron, Claudia dijo:
—Creo que olvidamos una regla.
—¿Cuál?
—Esta.
La besó.
CAPÍTULO 20 — UN AÑO DESPUÉS
Su relación no se convirtió mágicamente en perfecta.
Discutían.
Muchísimo.
Claudia seguía desconfiando ocasionalmente del mundo periodístico.
Valeria seguía siendo demasiado reservada cuando trabajaba en investigaciones.
Pero aprendieron a separar profesión y relación.
Elena recuperó lentamente su carrera.
Gabriel publicó otra novela.
Incluso la relación entre Gabriel y Elena se transformó en una amistad inesperada.
Mario pidió perdón.
Valeria aceptó sus disculpas.
Pero no volvieron a trabajar juntos.
Perdonar no significaba fingir que nada había ocurrido.
CAPÍTULO 21 — EL NUEVO PROBLEMA
Dos años después Valeria recibió una oportunidad profesional extraordinaria.
Corresponsal cultural en París.
Duración:
Dos años.
Claudia acababa de conseguir dirigir la iluminación de una importante compañía teatral en Madrid.
Por primera vez ninguna podía simplemente seguir a la otra.
Valeria pensó en rechazarlo.
Claudia se enfadó.
—Ni se te ocurra.
—No quiero perderte.
—¿Y crees que quiero convertirme en la razón por la que rechazaste el trabajo de tus sueños?
—Dos años son mucho.
Claudia respondió:
—Entonces tendremos dos años difíciles.
Valeria comprendió que amar a alguien no siempre significaba elegir la misma ciudad.
CAPÍTULO 22 — MADRID Y PARÍS
La distancia fue horrible.
Vuelos.
Trenes.
Videollamadas.
Cumpleaños celebrados por pantalla.
Alguna discusión absurda.
Una Navidad en la que un vuelo cancelado dejó a Valeria atrapada en París.
Claudia apareció doce horas después.
—¿Cómo has llegado?
—Tren.
Valeria comenzó a reír.
—Claro.
—Nuestra relación tiene una obsesión preocupante con los trenes.
Se abrazaron.
Y continuaron.
CAPÍTULO 23 — CUATRO AÑOS DESPUÉS DEL PRIMER TREN
Valeria regresó definitivamente a Madrid.
Claudia la esperaba en Atocha.
No llevaba flores.
Llevaba dos billetes.
—No.
—Sí.
—Acabo de llegar.
—Perfecto.
—¿Dónde vamos?
Claudia respondió:
—Barcelona.
Valeria abrió los ojos.
—¿Por qué?
—Porque tenemos que terminar algo.
Subieron al mismo trayecto donde se habían conocido años atrás.
Valeria comenzó a sospechar.
CAPÍTULO 24 — EL MISMO ASIENTO
Claudia había conseguido reservar exactamente los mismos asientos.
—Esto ya empieza a dar miedo.
—Cállate.
Cuando el tren comenzó a moverse, Claudia sacó algo.
Una fotografía.
La había tomado una pasajera años atrás sin que ellas lo supieran.
Aparecían riéndose durante aquel primer viaje.
Gabriel había conseguido encontrarla porque la mujer había publicado la imagen en redes mencionando “dos desconocidas que parecían estar teniendo la mejor primera cita del mundo”.
Valeria comenzó a llorar.
—¿Cómo encontraste esto?
—Tengo contactos.
—Eso es mi frase.
—Ahora es nuestra.
Entonces Claudia sacó una pequeña caja.
Valeria se quedó completamente inmóvil.
CAPÍTULO 25 — “ESTA VEZ SÍ QUIERO SABER TU APELLIDO”
Claudia sonrió.
—La primera vez que nos conocimos decidimos no preguntarnos a qué nos dedicábamos.
—Mala idea.
—Tampoco nuestros apellidos.
—Peor todavía.
—Y estuvimos a punto de no intercambiar teléfonos.
—Definitivamente éramos idiotas.
Claudia comenzó a reír.
Después abrió la caja.
—Pero hubo una cosa que sí hicimos bien.
Valeria estaba llorando.
—¿Cuál?
—Sentarnos juntas.
Claudia tomó su mano.
—Valeria Montes...
—Ya sabes mi apellido.
—Déjame tener mi momento.
Ambas comenzaron a reír.
Claudia continuó:
—¿Quieres seguir sentándote a mi lado durante el resto de los viajes?
Valeria respondió:
—Eso ha sido terriblemente cursi.
—¿Es un sí?
Valeria la besó.
—Sí.
DESCENLACE— ME ENAMORÉ DE UNA DESCONOCIDA EN UN TREN… Y TERMINÉ VIAJANDO CON ELLA TODA LA VIDA
La boda fue dos años después.
Gabriel asistió.
Elena también.
Ricardo pronunció un discurso sorprendentemente emotivo.
Incluso Mario envió una carta felicitándolas.
Pero la persona que provocó más risas fue la madre de Claudia.
Llegó con una enorme bolsa.
Valeria preguntó:
—¿Qué es eso?
Claudia cerró los ojos.
—Comida.
—¿Para una boda?
—Mi madre considera cualquier evento superior a veinte minutos una situación de supervivencia.
Ambas comenzaron a reír.
Antes de la ceremonia, Claudia encontró a Valeria sola.
—¿Nerviosa?
—Muchísimo.
—¿Quieres escapar?
Valeria levantó una ceja.
—¿En tren?
—Naturalmente.
Valeria tomó sus manos.
—Esta vez prefiero quedarme.
Cuando caminaron hacia la ceremonia, ninguna podía evitar pensar en aquel primer viaje.
No hubo flechazo perfecto.
No hubo una profecía.
Ni una conspiración destinada a unirlas.
Solamente ocurrió algo tremendamente cotidiano.
VALERIA PERDIÓ UN TREN.
Tomó el siguiente.
Se equivocó de asiento.
Y terminó hablando con una desconocida.
Después descubrió que aquella desconocida era la hermana del hombre que debía entrevistar.
Que odiaba su profesión.
Que guardaba heridas relacionadas con el periodismo.
Y que eventualmente tendría razones perfectamente válidas para desconfiar de ella.
Su historia no sobrevivió porque estuvieran destinadas a encontrarse.
Sobrevivió porque, después de encontrarse...
DECIDIERON SEGUIR ELIGIÉNDOSE.
Incluso cuando apareció la distancia.
Incluso cuando existieron secretos que Valeria profesionalmente no podía revelar.
Incluso cuando Claudia tuvo que aprender que amar a una periodista no significaba tener acceso a todas sus fuentes.
Y cuando llegó el momento de intercambiar los anillos, Claudia susurró:
—Tengo una última pregunta.
—Dime.
—Si aquel día no hubieras perdido el primer tren, ¿qué habría pasado?
Valeria pensó unos segundos.
—Probablemente tendría una vida muchísimo más tranquila.
Claudia abrió la boca.
—¡VALERIA!
Todos comenzaron a reír.
Valeria la acercó.
—Pero muchísimo peor.
Claudia sonrió.
—Mejor.
Y se besaron.
Porque algunas historias comienzan con una mirada.
Otras con una cita.
La suya comenzó con un retraso, un asiento equivocado y dos mujeres que hicieron un pacto absurdo para no volver a buscarse.
Por suerte...
NINGUNA DE LAS DOS CONTÓ CON QUE LA VIDA LAS SENTARÍA JUNTAS OTRA VEZ.
FIN.