12/05/2026
CAOS, HUMILLACIÓN Y DESESPERO: EL DÍA QUE LA DIGNIDAD DE AZUA FUE PISOTEADA EN EL MULTIUSO LA SABANITA
AZUA, REPÚBLICA DOMINICANA – Lo que se anunció como un acto de benevolencia estatal se transformó ayer en una escena dantesca de desprecio humano. El Multiuso La Sabanita no fue el escenario de una entrega de ayudas; fue el epicentro de un colapso organizativo nacido del egocentrismo político, donde la necesidad de la gente fue sacrificada en el altar del protagonismo
La tragedia de la mala gestión comenzó con un micrófono. En un despliegue de narcisismo administrativo, el propio Director del Plan Social de la Presidencia decidió usurpar las funciones de maestros de ceremonias profesionales, convirtiendo un acto institucional en un mitin personalista.
Rodeado de una corte de figuras políticas —incluyendo a las diputadas Grey Pérez y Brenda Ogando, la Gobernadora, la Senadora y otros allegados sin dominio de masas—, el evento se estancó en discursos vacíos mientras el sol consumía las esperanzas de los presentes.
Desde las 8:00 de la mañana, miles de ciudadanos llegaron desde cada rincón, municipio y distrito de la provincia. La estampa era desgarradora:
Ancianas centenarias que apenas sostenían el peso de sus años, de pie bajo el calor asfixiante.
Enfermos crónicos, diabéticos e hipertensos que desafiaron sus condiciones médicas con la ilusión de una nevera o una estufa.
Madres abnegadas que esperaron nueve horas solo para recibir el látigo del desorden.
Al llegar las 5:00 de la tarde, la desidia de las autoridades alcanzó su límite. Cansados de su propia incapacidad y de la multitud que ellos mismos convocaron, provocaron un estallido de pánico. La multitud, agotada y hambrienta, se dispersó en medio de un caos incontrolable que puso en riesgo la vida de los más vulnerables.
Cientos de madres cuyos nombres fueron gritados por los altavoces jamás recibieron sus premios. La actividad terminó en una humillación colectiva, con miles de personas regresando a sus hogares con el alma rota y las manos vacías.
"No fue una rifa, fue una tortura. Nos llamaron por nuestro nombre y luego nos empujaron hacia el caos para no entregarnos nada", relató una de las afectadas entre lágrimas.
Hoy, una pregunta quema en el aire de Azua: ¿Cuál es el destino final de esos electrodomésticos? ¿Dónde están las neveras, televisores y camas que no fueron entregados ayer? El rumor popular es ensordecedor: la población teme que estos artículos sean retenidos por funcionarios y políticos para ser utilizados como moneda de cambio en el clientelismo electoral.
Lo ocurrido en La Sabanita no fue un error logístico; fue una muestra de incapacidad moral. Azua exige respuestas, pero sobre todo, exige el respeto que ayer le fue arrebatado entre empujones y promesas incumplidas.