14/06/2020
Compartiré mis memorias mientras se desdibuja este mundo en el tiempo de la panmiedo de la Corona
22 de marzo de 1980
Como cada sábado arreglabamos nuestros vestuarios, zancos, banderas y máscaras gigantes. Afianabamos los tambores a punta de golpes de ma****lo como nos había enseñado recientemente nuestro maestro Jaime Barranco, desenfundabamos nuestras melenas y nuestra desparpajada alegria y saliamos a las calles de la Candelaria con nuestra papayera, la pionera de todos los grupos callejeros de Colombia, que luego integraron a sus elencos grupos folclóricos para animar la fiesta del teatro en la calle. En las paredes de este barrio por ese tiempo en su mayoria blancas , en este barrio de artistas y de carteristas, de estudiantes universitarios y expendedores de ma*****na, y de familias rancias que se habian quedado a vivir su decadencia sin p***s y con gloria de masoquistas, retumbaba de repente y sin previo aviso un alegre sanjuanero, que se volvia fiesta de sábado por la tarde . Interrumpiamos el tráfico con decisión al llegar a la carrera séptima y nuestra explosión de actores en zancos, con banderas y muñecones gigantes llevaba este desfile carnavalesco al parque Santander, enmarcado estrategicamente entre el Museo del oro, el Banco de la República, el edificio chamuscado de Avianca y la Iglesia de San Francisco para presentar la obra " la cabeza de Gukup", versión callejera del Teatro Taller de Colombia de la la leyenda de la creación del mundo del libro sagrado de los Mayas, el Popol Vuh, con texto de Juancarlos Moyano y música de esta papayera desafinada y sabrosa de la que yo era el guache.
Esta obra con su despliegue de alegria, música y color lograba en menos de tres campanazos de la Iglesia de San Francisco aglomerar un público heterógeneo de cientos de espectadores, por no decir mil. El pueblo festejaba el teatro que invadia la calle para recrear la vida. Un círculo gigante enmarcaba el espacio escénico para narrar el origen del mundo según los mayas, era paradójico y a la vez un acto de pioneros poner en la plaza pública dedicada a nuestro hombre de la leyes, Santander, quién escribió las armas os han dado la independencia, las leyes os daran la libertad, luego en nuestra historia se convertiría por efectos de las bonanzas narcotraficantes: las leyes se hicieron para infringirlas y las balas para acallar a quién no piense como ellos, en el Banco de la República funcionaba la ventanilla siniestra, donde se podian vender los doláres producto de los negocios ilícitos de las esmeraldas, la ma*****na y la co***na. Esta ventanilla siniestra fué el origen del flamante Narcoestado que soportarann casi cincuenta millones de colombianos cuarenta años más tarde. Poner en escena algo de la cultura orginaria de América y en el lenguaje de fiesta que alegraba la vida a desempleados, habitantes de la calle, leprosos fugados de agua de Dios, familias de paseo, cacos oportunistas, locos de solemnidad y damiselas fervientes, era de por sí algo subersivo bajo los efectos del Estatuto de Seguridad, donde expresamente se prohibía la reunión de más de cinco personas en la plaza pública, y eran quinientas formando un círculo mágico simbolo milenario de la comunidad.
Estabamos en la escena del nacimiento de los pájaros saliendo de esta montaña mágica creada con dos actores en zancos y mucha tela teñida de tonos terracotas. El público aplaudía furibundo y a nuestras espaldas se acercaron una veintena de policias que bajo las ordenes de un teniente nos arrebataron los instrumentos musicales y comenzaron a perseguir en una carrera tragicómica a mis compañeros en zancos. La gente cerró espontáneamente el círculo alrededor de los agentes y comenzó a gritar TEATRO, una y mil veces. Nos empujaron a los furgones de la policia y cuando querian cerrar las puertas, la gente nos halaba hacia afuera, los policias hacia adentro, era un tire y hale angustioso. Y entonces el discurso anarquista y libertario de la poesía callejera se alzó por encima de los gritos y la alagarabía de esta contienda desigual. Nos reiamos con furia delante de estos carros policiales con veinte demonios verdes que temblaban más que nosotros y con el dedo en el gatillo esperando la orden de actuar, mientras la gente gritaba más fuerte TEATRO TEATRO TEATRO acompasados por los golpes de la tambora liberadora en manos de Patico. Beatriz rompió la función vespertina con su voz acusadora, Juancarlos improvisó un poema satírizando a los agentes del "desorden", Constanza de estatura baja, pero de grandes argumentos, hirió la dignidad ya bastante maltrecha de nuestros agentes del orden. Jairo vociferó como un furioso iconoclasta, Arturo con su melena desordenada miraba con una rabia incisiva dispuesto a lo que fuera. Nuestros pupilos del teatro el "patio" flanquearon nuestros puntos débiles mientras Juan Camilo disparaba su cámara documentando este atropello, esta confrontación imposible entre los artistas apoyados por un público espontáneo y los policias con sus bolillos y macanas. Mario trataba infructuosamente de serenar y serenarse, Jorge revivió los dias amargos de la cárcel clandestina mientras manoteaba en el aire. Perico sin trompeta, siguió silbando la melodia interrumpida en volutas de humo con un pielrroja encendido. Por primera vez sentía en carne propia el monopolio de la violencia , grite con furia, no podia callarme, sentia mis venas a punto de reventar, dispuesto a acompasar con gritos esta muerte galopante. De repente ante la presión de los espectadores nos dejaron libres, larguense, larguense ya, gritó el jefe de la operación y el grupo de espontáneos que se quedaron después de la revuelta aplaudieron y nos acompañaron a la casa como custodios fieles coreando nuestras consignas: y podran quitarnos todo, menos la alegria. El arte libre al aire libre, teatro, viva Colombia. Arte libertario hasta la muerte. LLegamos a nuestra casa cargados de adrenalina, nos tomamos un refajo y en una reunión improvisada discutimos hasta bien caida la noche con pielrrojas rodando y aguapanela caliente humeando.