23/09/2019
Notas sobre una Nevada en medio de tanto calor.
Por Laudel de Jesús
Director de Cabotin Teatro.
El texto, es siempre un pretexto, un tejido literario, (pre)espectacular, una tela de araña de significados artificiales, creados por un autor dueño de un punto de vista y generador de un suceso.
Se trata entonces de elegir un texto que espera y está dispuesto a ser traicionado por el director, y el elenco que este dirige. Se trata de seleccionar un material literario que se ajuste al Background del elenco , ajustado a los intereses y preocupaciones del colectivo teatral .Un texto con visos de actualidad en su discurso.
Frente al proceso de elaboración del discurso escénico, tiene que existir y predominar una mirada traidora procedente del director, y desde su punto de vista, presta a sembrar el texto en el discurso espectacular.
Esa distancia hace que el futuro espectáculo, que es en concreto un texto teatral, se someta a tensiones y provoca a su vez que de esas tensiones Nazca la puesta en escena.
El concepto de texto y sus diversas nociones resulta bastante abarcador, flexible y merece espacio para ser abordado con celeridad.
Nevada, de Abel González Melo, estrenada por Cabotín teatro en octubre del 2018, recrea un mundo ficcional de elevado contacto con la realidad. Abel pretende que sus obras remitan a la realidad y no recrear la realidad: es un mundo de criaturas marginales y marginadas, habla de una Cuba, que pocos quieren ver y menos abordar; especia de tejido que establece un puente nacido de la investigación y el contacto con la realidad circundante, de una enramada de significados que ofrecen luz sobre un mundo obscuro, pero existente.
Las criaturas que concibe Abel González Melo, quieren escapar en principio de la circunstancia en que viven ellos mismos; escapan del campo hacia la ciudad, buscan la felicidad fuera de ellos, huyen de sus pueblos en pos de un hábitat que favorezca el cumplimiento de sus objetivos. Se insertan en la Capital de la república y la vida fácil, pero, pasado el tiempo, necesitan escapar del país.
Es una lucha intensa, por alejarse de su yo más profundo, necesitan capitular. Interpretan la ecuación: escapar — ser felices. Pero son personajes de una tragedia moderna. Intentan una y otra vez conseguir la luz al final del túnel sin conseguirlo, tienen miedo: huyen. Aquí radica el conflicto del entorno ficcional recreado en Nevada, Abel González Melo un texto que sirve de puente entre Chamaco y Talco, es un puente frío, helado, glacial, duele por todos lados.
Deseo destacar una característica conductual de los personajes de González Melo: ellos se desplazan con torpeza, porque en Nevada, los adolescentes tienen en su mano la línea de acción transversal, y es torpe está acción escénica porque provoca una fractura entre lo que desean y las acciones generadas para alcanzar sus objetivos.
Nevada habla del miedo al aislamiento. De personajes que migran todo el tiempo para escapar de la soledad, pero sus pasos los deja cada vez más devastados. Con semejante cosmos ficcional nos enfrentamos al espacio y el tiempo de la puesta en escena, nos enfrentamos a la puesta en marcha del texto en espacio y en el cuerpo-mente de los actores. Miramos el texto traidoramente, una suerte de escarpelo se aplicó a las situaciones que propone el multipremiado poeta y director teatral Abel González Melo.
Nevada se incluye en una trilogía intitulada Fugas De invierno: Junto a Talco y Chamaco, ambas estrenadas por Argos Teatro y dirigidos por el Premio Nacional Carlos Celdràn. Nevada, constituye un cenital que enfoca la infelicidad y la frustración de jóvenes, hombres y mujeres que encuentran en la droga, la prostitución y el tráfico ilegal, un modo de vida ciertamente distanciado del bien moral. Personajes que solamente intercambian golpes, dolor, dr**as, s**o y dinero fácil.
Nevada, dejó en Cabotin teatro, un sabor amargo y nos alumbró otra vez el camino a No seguir. Anna García, Alejandro García, Alexander Cruz, Yudy Gallo, y Liobis García, experimentaron un crecimiento técnico artístico, pero también humano al enfrentar por meses un texto semejante. Sostuvimos varios encuentros con el autor tomando luz de cada declaración, de cada reflexión de un escritor que tiene la dialéctica de la escritura teatral como parte de su oficio.
Resulta capital está relación autor–elenco, es vital entender el texto como una plataforma de despegue hacia la dinámica del espacios tiempo del espectáculo teatral. La puesta en escena es la cualidad sine qua non del teatro, dónde texto y escritura escénica van de la mano, (a tirones) hasta la fractura, y de este quiebre emergerá el diálogo entre actor y espectador.
Nevada, sucede en los portales del Capitolio, y a la vez sucede dentro de nosotros mismos. Los lectores, espectadores, actores que la interpretan, experimentan vértigo, vacío, desolación, angustia.
Todo el tiempo de montaje me acompañaron las palabras de Sergio Blanco destacado dramaturgo y director teatral uruguayo, cuando define la dramaturgia de Abelito como de la velocidad y la precisión. Resultaron meses de acumular saber, de crecer, de creación espacial y de honda reflexión. He llegado a pensar en el exilio como un estado del alma, una terminal que nos lleva hasta el abismo de nuestro profundo miedo ,la performance del fracaso de las relaciones humanas.
Los cabotines se enfrentaron al texto con sus miedos, con sus heridas, con sus itinerarios. Siempre escapamos de algo. Tememos algo.Esta es la imagen permanente que acompaña Nevada.
Hay un grito que atraviesa la obra de principio a fin: los hijos amamantan a sus padres. El mundo está patas arriba.Es el caos mismo.
Sergio Blanco, escribe en el prólogo a Fugas de invierno: "...nos cuesta creer que el autor de estas piezas se llamé Abel. El nombre de Caín le vendría mejor". Lo expresa porque Nevada es el texto del desastre, de la destrucción, de la negrura, de la oscuridad. Si bien en sus otras obras nos edulcora la verdad, con recursos estéticos, aquí nos da una patada en pleno estómago. Nevada, es su texto más radical, más agudo, más profundo".
Confieso que en la primera lectura, de donde nace, dicen los maestros, la primera impresión, sentí un escalofrío por cada vértebra de la columna vertebral. Sabía que el hombre es la bestia perfecta, pero nadie lo había plasmado con tanta precisión en obra alguna: recordé Ricardo III de William Shakespeare, pero ahora con visos de una actualidad palpable.
La traspolación del texto referido a la escena, ofreció la resistencia de no dejarse dinamizar con facilidad, porque el dolor persistía con densidad y las didascalias o acotaciones se entremezclan con las palabras, ora parecen un personaje ora una voz Intermedia. Característica que hace difícil crear fracturas entre lo que se dice y la acción física. Por ello la ineludible necesidad de quebrar, dislocar y subvertir cronotópicamente la versión espirituana, como vehículo para exacerbar tensiones, diálogos y alianzas entre los espectadores, inmersos en el discurso ficcional desde una provocada alianza a la que se penetra sin comprender cuando comienza o finaliza el tránsito grupal de observadores a verdugos a víctimas. La solución, trasladada al inicio de la propuesta no regala, sino tensiona. Establecer cierto caos temporal y sicológico provocó en el espectador el desvanecimiento de la interrogante ¿qué?, sustituido por un agónico ¿por qué?
La dramaturgia de Abel nos atrae sobremanera porque no quiere parecerse a la realidad quiere que la realidad se parezca a sus obras. Primero la literatura después la realidad. He aquí una premisa que nos impulsa y nos desafía.
De igual manera, no es posible abordar un proceso tan intenso, visceral y hondo en unas cuantas líneas, menos abordar la literatura dramática de Abel González Melo, pero vale el intento de hacer público notas y preocupaciones convertidas en acción escénica y verdad actoral.
Nevada, resultó un encuentro, quizá el verdadero sentido de hacer teatro, definitivamente.