Balada tropical
Salutación primera de una TERAPIA ACCIDENTAL
Como un rito primigenio, el grupo condiciona el escenario donde puede ser exorcizada la más íntima confusión. Así pues, el suceso que propiciamos es una extensión del azar, traducidoen ese momento por medio de la más profunda liberación, del entusiasmo que se gesta cuando usted mira y sin buscar descubre la energía, hasta ahorainanimad
a, que habita en lo ulterior.Desde esa parábola nos exponemos, somos el símil entre lo que usted manifiesta y lo que no, la amalgama que se pronuncia en nombre los sentidos. En voz alta, en silencio, con una oreja pegada al suelo como quien avizora un gran acontecimiento, con ambas manos dando señales a gran velocidad, con los pies en el aire y la respiración a fuego lento, usted va consumiendo esa energía transmutadora que constituye la terapia accidental. Esta noción no se refugia en ninguna técnica cientificista ni lo pretende, por el contrario, forma parte de un método que nació de la expresión másauténtica del cuerpo y con el fin de emanciparse lo ponemos en práctica. Para elloel grupo reúne una serie artefactos que tienen su origen o no en la música(en realidad no es trascendente la función original del objeto sino el resultado, su razón intermedia) en lo adelante cualquier presencia de armonía se desprecia para generar un estado de invocación que roza los límites de la personalidad indígena a la hora de referirse o acudir a las fuerzas superiores. Pero bien, el semblante de la puesta en escena pretende acercarse cada vez más a la cosa táctil que debe ser percutida hasta dejarse de escuchar. En estas circunstancias, si usted se detiene a meditar en torno al uso de las cosas que le son dadas, prevalece la insatisfacción sobre ellas, y hasta cierta complacencia a prueba de estrés.Y mientras uno persiste, quiero decir, el acto en el que se desenvuelve el hombre contemporáneo no llega a desdoblarse por encima de sus esquemas, de ahí el aliento mancomunado de nuestra práctica. El ímpetu que ponemos en hacer pública la acción de una madrugada sin sol y sin causa. Quizás allí se localicen los síntomas de la acción, propiciar que usted halle de un solo golpe su punto de inflexión, su sol y sus causas. Salutación intermedia de la TERAPIA ACCIDENTAL
Vuelve la noche a esclarecer la monotonía del día, decir acá estoy y comenzar a remover los comentarios en el aire. Antes de caer, antes de vivir atentamente pensando en el resto, antes de nacer todos los objetos necesitan ser reconocidos o al menos amenazados, para sentir que tienen un lugar en el oído, en el sueño, en la duda, en la razón, en el espíritu, en el por qué sin tilde y en el por qué separado, en el susurro, en la discordia o en el c**o, explico, de sus contemporáneos. Y ese lugar es punto de convergencia, de referencia, de resistencia contra el tedio cuando hay demasiadas emociones ocultas, a la espera del mínimo golpe: golpee, rompa con sus manos el ritmo de la casualidad.No hay peor estruendo que el que no se hace. No deje que el ambiente lo consuma, consuma usted el ambiente como si tuviera todo el tiempo del mundo para hacerle el amor a una tetera y sacarle el máximo chillido; la mentira que hace cómplices a los amigos. La suerte está servida de una vez y por todas. Ahora sólo hace falta que usted frote las manos sobre la mesa; explore una serie de onomatopeyas sin sentido aparente; procure que el objeto más cercano se encuentre con eso que cuelga del otro lado de la habitación o la oficina; gire el casquillo de la pluma; abra y cierre las gavetas del buró o el armario; entrechoque las suelas de sus botas o sus mocasines o sus tenis de ir a la playa, de buscar el sancocho para los cerdos, de practicar deportes, de caminar o corre cuando sea necesario. Haga que su voz se incruste precipitadamente contra la pared o dele un beso al cuño de las contrataciones, de los desempleos, de las facturas, de la primera carta enamorada y resuelva que el sonido de sus labios se escuche lo más lejos que pueda. La armonía no está en el hombre sino en la voluntad de ofrecer una nota o lo que fuere de dieciocho mil trescientas veintisiete formas distintas. La armonía no es un recurso que usted manipula o no, la armonía es eso que arguye en el uso cotidiano de los objetos, de las frases que usted puede entender con solo ser pronunciadas. La armonía está pero usted puede dirigirla, hacer que se agache o se levante. La armonía no está en una cosa más que en otra, la armonía está en el amnios, cuando usted dice adiós, cuando abre las piernas, cuando cierra las ventanas, en el corte de caña, cuando usted decide cometer un error y por más que quiera no es consciente de ello, en el latón que exige nuevas prolongaciones, en el timbre naranja, en las maracas rotas, en el sitio donde acaba de ser anunciado que va a nacer un nuevo engendro de la simpatía, hijo prodigo del gran reino de la disonancia. La armonía no pertenece, de ahí su capacidad de sorprender. La armonía no es esto ni aquello, no habita una superficie, un vacío, una gorja más que otra, la armonía está en los flujos, en el impacto que usted oculta. En ese sentido la armonía no tiene referentes, no cree en los extremos, no aborrece ni agrada, sino que está implícita de tal modo que apenas puede ser nombrada. Ese es nuestro principio de alocución, nuestras siglas, nuestro puente para acceder al mundo del otro lado de la compasión. Ultima salutación de la TERAPIA ACCIDENTAL
La terapia accidental en su génesis debe conectarse a lo popular, a lo espectacular de lo que no es dado y debe ser mostrado, ya no en calidad de simulacro, sino de albedrío contra el estrés de la pantalla.