19/07/2025
🌑 Reflexiones desde el umbral del silencio
Hay días en que el telón no sube.
No por falta de público, sino porque el alma se ha quedado entre bastidores,
mirando con ojos cansados los obstáculos que se repiten como escenas mal ensayadas.
Ser actor no es solo interpretar.
Es resistir.
Es sostener el gesto cuando el cuerpo tiembla,
es pronunciar la palabra cuando la voz se quiebra,
es seguir creyendo en el ritual, incluso cuando el altar parece vacío.
Hoy me siento triste.
No por no haber llegado, sino por no haber podido avanzar.
Las limitaciones me rodean como escenografía fija,
y los obstáculos se burlan como personajes que no obedecen el guion.
Pero incluso en esta tristeza hay memoria.
La memoria de cada paso dado,
de cada mirada compartida,
de cada instante en que el arte fue refugio y fuego.
A pesar de los obstáculos, yo soy actor.
Voy a seguro, luchando voy.
A seguir compartiendo y entregando mi arte, a pesar de las sombras,
a pesar del cansancio,
a pesar del silencio que a veces intenta apagar la escena.
Y seguiré luchando.
Porque mi historia merece ser contada.
La llevaré a escena con la dignidad de quien ha amado cada cicatriz,
con la fuerza de quien ha hecho del dolor un gesto,
y del gesto, un ritual.
Mi historia ya está en camino.
Será un brindis con la memoria,
una celebración de lo vivido,
una ofrenda a quienes me acompañaron en cada acto,
y una promesa de que el arte, aún herido, sigue latiendo.
No soy menos actor por sentirme roto.
Soy más humano.
Y quizás, en esa grieta,
nazca una nueva escena.