28/03/2026
Esta señora pinta mal.
Laura Fernández: como el chiquito de la Llorona
POR: Luis Paulino Vargas Solís
Escuchar a Laura Fernández se ha vuelto algo sumamente monótono. Como el tic-tac de un viejo reloj de pared en el silencio de la madrugada.
La señora presidenta electa es monotemática. Parece tener un único tema de conversación que gira alrededor de “la mano dura”.
Esa idea acapara todo su discurso y desde ahí se justifican todas sus propuestas de indisimulado sesgo autoritario.
Yo diría que ella hace lo que viene haciendo Chaves: desde una política de absoluto sometimiento al gobierno de Trump, toda su agenda se reduce a lo que la agenda de Trump ordena.
Y, entonces, debemos tener en cuenta que –según se ha hecho evidente– el interés de Trump es convertir a nuestros países en protectorados coloniales sometidos a la bota militar estadounidense. De ahí que la seguridad deje de ser un tema entre otros, importante, sin duda, pero solo un tema más. Pasa a ser EL tema. Si no el único, sí, con enorme diferencia, el que acapara la mayor atención.
De ahí lo que vemos: una doña Laura monotemática y repetitiva.
Digamos, en breve, que, a coro con Trump, la mujer se ha dedicado a recitar el silabario fascista, que no simplemente legitima el uso de la fuerza bruta y legitima los asesinatos extralegales y extrajudiciales, sino que los convierte en fines deseables en sí mismos.
Y, entretanto, la economía mundial sufre fuertes sacudidas cuyo epicentro está en el Medio Oriente. La guerra estúpida, ilegal e innecesaria lanzada por Trump y Netanyahu contra Irán ha desatado una furiosa tormenta de alcances mundial.
Pero a la señora Fernández ni le fu ni le fa. Ella ni se entera.
Cuando debería estar trabajando con todo su eventual equipo de gobierno para formular políticas que prevengan y, en lo posible, alivien las consecuencias negativas que deriven de todo eso.
Vienen fuertes incrementos en los combustibles y el gas de cocina, en el transporte público y en los alimentos. Viene una sacudida cuyos alcances reales aún desconocemos pero que, ya a estas alturas, se ha hecho inevitable.
A doña Laura no le hablen de eso. El mundo podría derrumbarse a su alrededor y ella ni lo notará.
Tampoco parece interesarle, pero ni así poquitito, asuntos urgentes como las listas de espera en la Caja y el colapso de los hospitales públicos o el derrumbe del servicio de buses. No parece haberse dado cuenta de que las cuentas fiscales dan alarmantes signos de debilidad, y hasta sigue hablando de la baja del desempleo sin enterarse de que, durante el gobierno de su tutor Chaves, prácticamente no se ha creado empleo.
Qué la agricultura está en ruinas. «’Porta mí» contesta ella. Que eso se hace más preocupante ante un panorama mundial que anticipa fuertes aumentos de los precios de los alimentos. «’Porta mí» vuelve ella a decir.
O dígase temas que exigen una mirada más larga: pensiones, transporte público, ordenamiento territorial, transición energética, transición demográfica, prevención de desastres, desarrollo regional, políticas de cuido. Y, desde luego, atención de la salud, educación, ciencia y tecnología.
La presidenta electa tiene una única respuesta frente a todo eso: «’porta mí».
Más perdida que el chiquito de la Llorona, ella solo tiene oídos para escuchar lo que ordena Trump, y solo tiene disposición para buscar satisfacer esas órdenes de Trump.
Lo demás le importa un pepino. O ni siquiera un pepino.