29/10/2020
Texto escrito hace un tiempo, por Ninoska Gómez, venezolana residente en Costa Rica desde inicios de los años 90, sobre su amor por el país y la zona que la acogió: Montezuma, Playa Cedros y el Estudio LOS ALMENDROS.
Montezuma: Un destino hacia sí mismo
Seguir el corazón, seguir la voluptuosidad de los sentidos, vibrar con su esencia, vivir la alegría y aventura de relacionarse con tantos seres además de los humanos. Luz, agua, colores, texturas, sudor, arena, mundo vegetal y animal exuberante que reta y embriaga. Ese fue el llamado de Montezuma que después de 24 años aún me enciende. Para mí y para muchos, Montezuma es y ha sido un poderoso lugar para encontrarse a sí mismo.
Nací en Aguada Grande, en el estado Lara, la provincia musical de Venezuela, legado que me estimuló a cantar, jugar, bailar, hacer deportes e investigar como logramos movernos con facilidad, gracia y placer. Tal interés me llevó hasta Montréal, Quebec, Canadá, último lugar de residencia antes de Montezuma; ahí, ya con un doctorado, pude investigar y enseñar en la Universidad de Montreal sobre las maravillas del desarrollo psicomotor y también formular ‘Somaritmos’, enfoque para modular sensaciones jugando con balones. Mi primer viaje a Costa Rica fue en 1982 y ahí tome la clara y feliz decisión de que mi evolución proseguiría en ese jardín de la Naturaleza tropical. En mi segundo viaje en 1983 vine con mi amigo, colega y mentor, Jean Jacques Lefebvre y su compañera Françoise Lalande, personas dedicadas a la salud natural, quienes decidieron mudarse a Costa Rica ese mismo año. En 1985 llegué a Montezuma, ya una comunidad pujante con el turismo bien encaminado donde Jean Jacques y Françoise se establecieron y ya contribuían enormemente a la salud de los lugareños. Ellos concibieron la comunidad de LOS ALMENDROS, en Playa Cedros y es ahí donde vivo de manera permanente desde 1991, experimentando, nutriéndome y aprendiendo a convivir con los muchos matices de la Naturaleza tropical, una tarea continua que siempre me desafía.
Construí, fundé y opero el Estudio LOS ALMENDROS, desde 1992 un espacio de retiro, recuperación, meditación, contemplación donde predomina la simplicidad, tranquilidad y la paz, creado para compartir con colegas, amigos, artistas en residencia y cualquier persona interesada en ofrecer sus saberes. Yo, y colegas que me visitan regularmente, nos enfocamos en la educación holística y el conectarse con el mundo natural, así como en las investigaciones sobre la educación somática y la conciencia del movimiento las que hemos realizado con estudiantes, colegas profesionales, bailarines, cantantes, gente de teatro, niños, bebés y toda persona que quiera aprender a moverse mejor. En los últimos años hemos estudiado la importancia de aprender a moverse con los ojos cerrados, la contraparte de ver, inspirados del trabajo con personas no-videntes y con otros sufriendo de sobre-estimulación visual. Mientras más veo adentro, más me veo, o como expresa el poeta venezolano, Rafael Cadenas, "¿Qué hago detrás de mis ojos?"
Venir a Montezuma me dio la posibilidad de invitar en esta aventura a Marina Gutiérrez, mi madre, hoy con 88 años, quien me acompaña desde 1992. Dejé mi hogar materno aún adolescente, así que agradezco a la vida la oportunidad y tiempo de madurez para convivir con un ser extraordinariamente polifacético, sociable y retador y una bella muestra de que estar en la Naturaleza da fuerza, integridad, creatividad y placer a cualquier edad.
Los lugareños y vecinos ticos son también parte esencial de mi evolución y permanencia en Montezuma--Oldemar, Nena, Don Gumer, Mayra, Gonzalo y tantos otros más, son quienes de muchas maneras han apoyado nuestra estancia lejos de nuestras raíces.
En Montezuma he concientizado que el flujo de la vida es un misterio incontrolable y por lo tanto acepto lo que es, lo que pasa, que los humanos somos sorprendentes y en constante transformación, que vivimos un el eterno presente y mis memorias son lo que pasa ahora. Me enfoco en mantenerme presente a lo que siento, en tomar las perspectivas de los otros y empatizar con otras formas de responder. Aquí en Montezuma, como en cualquier parte del mundo multicultural experimento las confusiones que pueden surgir cuando realidades interiores y valores diferentes se confrontan y contradicen, visiones que son parte un mismo todo, aunque nos cueste aceptarlo.
Respiramos el mismo aire, tomamos la misma agua, la tierra es UNA. Ante todo constato que muchos de los y las que vienen aquí aman la Naturaleza y todos somos bendecidos por muchas de sus acciones que así lo demuestran, aunque a veces parece lo contrario. A pesar de las aparentes contradicciones, la extraordinaria combinación y fuerza del entorno natural de Montezuma y su gente, me llevan siempre al punto de partida--a escuchar mi corazón . Gracias a la Vida.
Ninoska Gómez, Octubre 2015❤️