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Historias y canciones vallenatas sobre el diablo, las brujas y lo sobrenatural Por: Said ArmentaLa música vallenata es u...
07/03/2026

Historias y canciones vallenatas sobre el diablo, las brujas y lo sobrenatural

Por: Said Armenta

La música vallenata es un epicentro de relatos de toda índole, en la que a través de sus letras se han narrado historias de amor, desamor, tragedias, cotidianidades y, por supuesto, la sobrenaturalidad también ha tenido su espacio.
Esta música nació como crónica cantada, como una forma de explicar lo inexplicable; como esa herramienta comunicativa usada por los juglares que se desplazaban de pueblo en pueblo, narrando todo tipo de información a través del canto. En ese universo rural donde la religión y la superstición han convivido, lo sobrenatural encontró protagonismo.
Los imaginarios y cotidianidades propias de las creencias populares ejercieron como mecanismo de corrección para los niños desobedientes, a quienes se les enseñaba a comportarse a través de la implantación del miedo con amenazas de ser raptados por entidades sobrehumanas de no obedecer a sus mayores.

Estas creencias y formas de corrección no quedaron únicamente en la oralidad cotidiana, sino que se trasladaron también a los relatos musicales, donde nacieron leyendas y nuevos mitos que hoy enriquecen el folclor vallenato.
Francisco El Hombre, el vencedor del diablo
Dentro del inmenso universo vallenato, la leyenda de Francisco El Hombre es una de las más populares y que se ha mantenido a través del tiempo. Su contienda con el diablo, en uno de sus rutinarios viajes propios de la juglaría, mientras le sacaba melodías a su acordeón bajo la guía de la luna y el espesor de la noche, presenció las melodías sobrenaturales de un acordeón que desafiaba las suyas.
Como todo buen acordeonero y la intriga que lo invadía, se dirigió sobre el lomo de su b***o a ver de dónde provenían las misteriosas notas de ese acordeón tan bien ejecutado que evidenciaba ser tocado por un ser sobrenatural. Al encontrarse con el intérprete de tales melodías, supo de inmediato que se trataba del diablo, que lo estaba desafiando a un duelo musical.
Luego de la dura batalla y al verse casi derrotado, Francisco interpretó el credo al revés, con el cual conseguiría la victoria. Es a partir de allí que nace la leyenda del gran Francisco El Hombre, el juglar que fue capaz de derrocar al maligno con su acordeón.

Andrés Montufar: el juglar derrotado por una bruja
Quizás una leyenda no tan conocida en comparación con la de Francisco El Hombre, la de Andrés Montufar también contiene un componente sobrenatural. El acordeonero y juglar oriundo de Valencia de Jesús, tuvo la osadía de ofender a las mujeres del pueblo de Los Venados, Cesar, cuando en una parranda el acordeonero, bajo los efectos del alcohol, lanzó unos versos ofensivos para las mujeres de aquel pueblo.
Montufar no contaba con la suerte de que en medio de la parranda se encontraba la bruja de más pergaminos de toda la región, Dolores Escalona, quien al escuchar las palabras de Montufar sintió tal ofensa y de inmediato buscó vengarse.
Según refiere el libro ‘Cultura Vallenata: origen, teorías y pruebas’ de Tomás Darío Gutiérrez, los versos del acordeonero decían:
“En el mundo pasan cosas, que con mi vista las veo, las mujeres de Los Venados, se hacen el bien con el deo”.

En medio de su euforia producto de los tragos, Montufar no se percató de la presencia de la bruja Dolores, quien le envió un trago hechizado con una exsuegra del acordeonero, quien recibió el trago y lo ingirió sin ningún problema. Dicha bebida marcaría el final de su existencia, pues al día siguiente amaneció moribundo producto de la bebida.
Luego de varios días de agonía, un búho llegó hasta la parte alta de un árbol y, volando con una serpiente entre sus garras, se la dejó caer a Montufar mientras emitía fuertes carcajadas, poniéndole fin a la vida de aquel juglar quien, a diferencia de Francisco El Hombre, no pudo ganarle la batalla al maligno.
Canciones que narran sucesos sobrenaturales
Las canciones vallenatas también narran historias sobrenaturales, como lo hemos mencionado.
La obra de Hernando Marín, “La bola de candela”, es un claro ejemplo de un relato musical que cuenta la historia de un ganadero avaricioso que hace un pacto con el diablo, al cual le ofrece entregarle a su mejor trabajador cada año a cambio de abundancia y prosperidad.
Hasta que un día, el maligno se cansó de recibir solo trabajadores y, furioso, en forma de bola de candela, se apareció en la finca Convención, preguntando por Jorge Dangond, con quien él había hecho el trato. Manifestó que ya no quería trabajadores, sino gente “de esas que tantas abundaban por ahí”, a lo que Dangond respondió que le entregaría a su primo Rodrigo Lacouture. Pero el diablo se negó a recibirlo por ser “vividor”, exigiendo mejor que le entregara a otro primo.

Otra de las canciones que recogen esta relación entre el hombre y el mal es “Encuentro con el diablo”, interpretada por los Hermanos Zuleta. En ella se narra la historia de un hombre que, en medio de la noche, se encuentra cara a cara con el diablo, quien lo tienta y lo reta, tal como ocurrió en la leyenda de Francisco El Hombre.

El relato musical conserva ese mismo tono de misterio propio de las historias contadas en los pueblos.
En la canción, el diablo no solo representa el mal, sino también la tentación y la curiosidad del ser humano por desafiar lo desconocido.

La canción “Las Brujas”, de Otto Serge, recoge uno de los temores más antiguos de nuestra cultura caribe: las mujeres que por las noches se convierten en seres sobrenaturales y salen a volar entre los techos de los pueblos.
Un tema muy común en las conversaciones de los mayores.
En el relato musical, las brujas aparecen riendo, danzando y haciendo travesuras, mostrando que su presencia no siempre es maligna, sino que forma parte del equilibrio entre lo humano y lo espiritual.
Es una historia que mezcla lo real con lo fantástico, donde las supersticiones populares terminan convertidas en versos vallenatos que mantienen vivas esas creencias.

Alejo Durán, intérprete de “El Perro Negro”, muestra cómo esta es una de esas composiciones que reflejan el castigo sobrenatural como parte del destino del hombre. La canción cuenta la historia de un perro negro que aparece de la nada y persigue a su víctima sin descanso, símbolo de culpa o de pacto incumplido.
En muchos pueblos se dice que quien ve un perro negro a medianoche está viendo un alma en pena o un enviado del diablo. Alejo Durán, con su manera sencilla de contar las cosas, transforma ese miedo popular en un relato musical.

La lista de canciones puede ser extensa, entre las que también se encuentra “La Llorona Loca”, otra obra que pasó del relato cotidiano de los abuelos al campo musical vallenato.

Dos joyas de la música vallenata: Río seco y Río crecidoPor: Eddie José Dániels GarcíaMás de cinco décadas han transcurr...
06/03/2026

Dos joyas de la música vallenata: Río seco y Río crecido

Por: Eddie José Dániels García

Más de cinco décadas han transcurrido desde que el país entero sintió ennoblecer su ambiente musical con la aparición de “Río Crecido” y “Río Seco”, consideradas dos de las más bellas canciones de la música vallenata, grabadas por el tradicional e insuperable conjunto de los Hermanos Zuleta, el cual tuvo existencia hasta hace algunos años.
Recuerdo que corría el mes de abril de 1974, y se encontraba en pleno furor la campaña presidencial de López Michelsen, cuando todos los colombianos amantes de la música de acordeón fuimos atrapados sorpresivamente con la publicación de “Río Crecido”, una canción maravillosa e impactante que ipso facto cautivó la atención y simpatía de la monumental fanaticada vallenata, y pasó a convertirse en el éxito irremplazable del momento.

Un disco melodioso, emocionante y atractivo, con una letra profundamente significativa, capaz de aniquilar la nostalgia cotidiana y las secuelas del aburrimiento persistente. Una pieza de una factura magistral, en la cual se confundían armónicamente las fantásticas notas musicales creadas por el singular estilo de Emilianito Zuleta con la portentosa y vibrante voz de Poncho, considerado desde siempre “El pulmón de oro” por todos los fervientes seguidores del folclor vallenato. Y apenas habían transcurrido unos seis meses, cuando nuevamente se produce el segundo impacto del año con la estruendosa aparición de “Río Seco”, otro despampanante récord que, similar o superior al primero, elevó el ego del sentimiento popular y alcanzó el más alto clímax de satisfacción en todos los oyentes de este apasionante género musical.

Sinceramente, “Río Crecido” y “Río Seco”, ambas canciones autoría del reconocido compositor Julio Fontalvo Caro, quien vivió y falleció en Sincelejo, constituyen dos joyas clásicas de la tradicional música vallenata, y puede decirse, con toda franqueza, que fueron los discos claves y determinantes para que el conjunto de los Hermanos Zuleta conquistara el pináculo de la fama nacional y alcanzara el prestigio que aquilataron desde entonces y siguieron conservando hasta el momento de la separación.

Porque, nadie puede desconocer que con estas dos preseas musicales Los Zuleta entraron de lleno al folclor vallenato, demarcaron su reinado y lograron coronarse como dos grandes exponetes de la música colombiana. Integrantes de una agrupación firme y consolidada que, superando los cuarenta años de existencia, permanece vigente en sus discos y representa en los momentos actuales un verdadero orgullo para la muy escuchada y competida música de Francisco “El Hombre”.

Sin embargo, como afirman muchísimos admiradores de Poncho y Emilianito, pasarán largos años para que vuelvan a surgir dos canciones como “Río Crecido” y “Río Seco”, que desde su origen estremecieron el sentimiento colombiano, fueron aclamadas en casetas y parrandas y han perdurado hasta el día de hoy con la misma vitalidad en el tiempo. Sin duda alguna, las dos canciones de Julio Fontalvo mantienen actualmente la firmeza del primer día y son insustituibles en la música vallenata: escucharlas en estos momentos nos trasladan cuatro décadas atrás y nos da la sensación de que el tiempo no ha evolucionado y estamos ad portas de su nacimiento.

Asimismo, debo enfatizar también que “Río Crecido” y “Río Seco”, aparte de ser dos piezas magistrales e inolvidables, dieron los nombres a dos elepés de Los Zuleta –considerados hasta ahora los mejores de este conjunto-, que condensan veinticuatro canciones de impecable factura y dueñas de una resonancia indiscutible, autorías, naturalmente, de prestigiosos compositores de la música vallenata.
En el “Río Crecido, por ejemplo “El indio Manuel María” del viejo Emiliano, “Mi salvación” de Poncho Zuleta, “La celosa” de Sergio Moya Molina, “Reminiscencias” de Antonio Serrano Zúñiga, “La muerte del buen amigo” de Julio Oñate Martínez y “Nostalgia de Poncho” de Rafael Escalona, sobresalen por el lirismo de sus letras, la cadencia de sus notas y el despliegue musical con que Emilianito recrea todos los temas.
Y en el “Río Seco” se destacan principalmente “Te sigo esperando” de Julio Valdeblánquez, “El cantante” de Daniel Celedón, “La polaca” de Silvio Durango, “Carmen Díaz” del viejo Emiliano, “El cantor del Valle” de Álvaro Cabas, “Ojazos negros” de Lino J. Anaya y “El turco Farid” de Emilianito, caracterizados por la elocuencia rítmica, la armonía expresiva y la originalidad artística.
En todas estas melodías brillan, como es natural, el sello creador e inconfundible del “Ronco de oro”, calificativo con que se conoce a Emilianito, y la voz sonora e imponente de Poncho, el fantástico grupo musical que hace más de cuarenta años convirtió los discos de Julio Fontalvo en “dos joyas inmortales de la música vallenata”.

05/03/2026

“El Único Bailador”
Autor: Alberto “Beto” Rada
Ganadora en 1971 del Festival Nacional de la Cumbia José Benito Barros Palomino, certamen que anteriormente llevaba por nombre Festival de la Piña.
Esta pieza será interpretada por verdaderos juglares de nuestra tierra:
Plácido Padilla, en la guacharaca y voz.
Óscar Padilla, en la caja.
Eduardo Leones, en el acordeón.

Octavio Daza: el genial inspirador del “Río Badillo”Por: Eddie José Dániels GarcíaApenas habían transcurrido siete años ...
03/03/2026

Octavio Daza: el genial inspirador del “Río Badillo”

Por: Eddie José Dániels García

Apenas habían transcurrido siete años de la muerte de Freddy Molina Daza en Patillal, cuando la música vallenata se vio sorprendida por otro acontecimiento parecido: el as*****to del reconocido compositor Octavio Daza Daza, el 12 de enero de 1980 en la ciudad de Barranquilla. El crimen se produjo cuando éste transitaba en un automóvil por las calles de esa populosa urbe, donde había sido invitado por un amigo incierto con la intención de realizar unas diligencias. La noticia fue desgarradora y el mundo vallenato no podía darle crédito a semejante hecho, ni lograba reponerse anímicamente para superar el desconcierto. Aun se conoció el infausto suceso, las emisoras de todas las ciudades de la Costa y de otras regiones de Colombia, en auténtica señal de duelo, dieron rienda suelta a sus canales para difundir la música del malogrado compositor. Lo mismo hicieron en sus residencias, aquellas familias que admiraban y valoraban sus canciones. Fueron muchos los que derramaron lágrimas escuchando las sensibles notas de “Nido de amor”, “Río Badillo”, “Frente a mí”, “De rodillas”, “Sanandresana” y otras bellas composiciones que hacían parte de su exquisito compendio antológico.
Los funerales se llevaron a cabo a los dos días del crimen en el cementerio Jardines del Ecce Homo de Valledupar, donde el compositor estaba residenciado con su familia hacía varios años y ejercía con mucho acierto su profesión de ingeniero civil, y, según los comentarios, éste ha sido hasta uno de los sepelios más concurridos en los últimos tiempos. El pueblo entero se volcó en masa para despedir a su compositor querido, aquel que había logrado meterse en el corazón de los colombianos, gracias a la sensibilidad y el romanticismo de sus canciones. Los grandes conjuntos, con sus insignes cantantes estuvieron presentes: Jorge Oñate cantando “Nido de amor”, Poncho Zuleta interpretando “Río Badillo”, Rafael Orozco vocalizando “De rodillas” y Diomedes Díaz, casi llorando, balbuceando, “Sanandresana”. También asistieron todos los grandes compositores de la música vallenata y las autoridades más reconocidas del folclor. Muchísimas personas de los pueblos cercanos y de otras ciudades llegaron ese día, deseosos de ver, por última vez, el catafalco con los despojos mortales del célebre compositor que en muchísimos momentos los había motivado y embriagado con los temas exquisitos de sus canciones estelares.
El nombre de Octavio Daza Daza empezó a tener reconocimiento en el ambiente vallenato a finales de 1977, cuando Diomedes Díaz y Elberto el “Debe” López le grabaron el paseo “Frente a mí”, que fue incluido en el álbum “De frente”, el segundo trabajo discográfico lanzado por esta efímera agrupación. Desde un comienzo, la canción resultó exitosa y junto con “Me deja el avión” de Héctor Zuleta, “Mi profecía” de Diomedes Díaz y “La montañita” de Fabio Zuleta fueron los temas más aclamados. “Frente a mí” es un hermoso paseo lírico, donde el autor recurre a unas comparaciones metafóricas para significar la presencia del amor. La melodía presenta un ritmo lento que hace más sensible y llamativa la canción. La parte inicial dice: “Siento tu amor frente a mí / como el marino que regresa al puerto / como estudiante en su desespero / cuando en vacaciones a su pueblo va / llega en busca de su amor / allí lo espera su novia querida / ese anhelo tengo yo / y así te siento amor de mi vida”. Este cuadro, con toda seguridad, fue sentido por el autor y describe una situación que vive, o han vivido, todas las personas que se marchan de sus pueblos a cursar sus estudios superiores en otras ciudades.

Al año siguiente, es decir en 1978, Octavio Daza Daza se dispuso a participar en el concurso de la Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata que tendría lugar del 27 al 30 de abril. Para ello presentó el tema “Río Badillo” firmado con el seudónimo “Cantor del río”. El jurado de esta modalidad, integrado por Raúl Moncaleano, José Jorge Arregocés y Mauricio Portnoy, acertó al escoger como ganadora, entre las veinte participantes, la canción de Octavio Daza Daza. El veredicto fue respaldado y aclamado por el público, al tiempo que pidió se repitiera la interpretación. Este triunfo terminó de proclamarlo entre su gente y de prodigarle el reconocimiento de “compositor excelente” a nivel nacional. A los tres meses, la canción fue grabada por los Hermanos Zuleta y apareció en el elepé “Tierra de Cantores” que fue lanzado en julio de ese año. En el álbum, lógicamente, también figuraron otros temas que hicieron historia, como “No me guardes luto” de Armando Zabaleta Guevara, “Dios no me deja” de Leandro Díaz Duarte, “Isabel Martínez” de autor desconocido, “Emma González” de Poncho Zuleta y la canción que honró el título del long play, de Carlos Huertas Gómez.
El “Río Badillo”, es un hermoso paseo romántico-descriptivo, que con un lenguaje delicado pinta y narra el romance que mantuvo una pareja de enamorados a orillas de sus aguas. Su estructura es irregular: versos de diferentes medidas y estrofas de variados versos. Presenta una rima parcial que se distribuye regularmente para embellecer la composición. Asimismo, dos estrofas distintas sirven de coro. En el apartado inicial, se presenta la introducción: “El río Badillo fue testigo de que te quise / en sus arenas quedó el reflejo de un gran amor / de una pareja que allí vivió momentos felices / que ante sus aguas juro quererse con gran pasión”. El segundo apartado, anuncia la llegada de la noche: “De pronto llegó la noche / se ven los astros en el firmamento / mira la luna allá atrás del cerro / que nos trae su luz de amor / no tengas miedo”. Sigue el coro, con una expresión bastante romántica para lograr el deseo definitivo: “Mira el paisaje, contempla el cielo / la luz radiante de aquel lucero / oye las aguas del río / que están haciendo coro para divertirse / porque ellas se han dado cuenta / que yo sufro mucho, cuando tú estás muy triste. / Entonan las aguas, su bella canción / dicen que esta noche, llena de encantos / convida al amor”.
El tercer apartado presenta la satisfacción del pretendiente: “El río Badillo con su canto me convenció / y tú accediste sensiblemente a quedarte allí / esa es la noche que más recuerdo y veneró yo / porque apacible fuiste conmigo al decir que sí”. El cuarto apartado describe el amanecer, cómplice del romance: “Ya llegó el amanecer / cantan las aves al despertar el día / mira los rayos del astro rey / que vienen saliendo de la serranía”. Continúa el último apartado que sirve de coro, donde se recrea una posible culminación del idilio: “Oye el cantar de los campesinos, / mira un turpial haciendo su nido, / mira aquella mariposa / como juguetea a orilla del río / pero, muéstrame una cosa / que sea más hermosa que el cariño mío. / Si algún día peleamos / por cualquier motivo, / si reconciliamos, que sea a la orilla / del río Badillo”. Los últimos versos cierran, de manera circular, la argumentación textual. Y, a propósito de esta canción, se comenta, sobre todo, en Patillal, que no se conoce quien fue la mujer inspiradora de este hermoso poema, porque el autor nunca le confesó a ningún amigo o familiar, quién había sido la protagonista del romance. El secreto se lo llevó a la tumba.

Ese mismo año, 1978, Octavio Daza Daza participó en el Festival Bolivarense del Acordeón que se celebra en Arjona, un municipio situado en las cercanías de Cartagena. Presentó el tema “Nido de amor”, vocalizado por su entrañable amigo Armando Moscote, hoy también fallecido, y el autor, punteando la guitarra. Después de una competencia reñida, el jurado calificador decidió proclamar ganadora la canción de Octavio Daza. Éste fue el segundo triunfo que terminó de llevarlo, definitivamente, a la fama ese año. Enseguida, “Nido de amor” fue grabado por la nueva agrupación de Jorge Oñate y Raúl “Chiche” Martínez, y apareció en el elepé “El cambió de mi vida” que se lanzó a finales de ese año. Otros temas del álbum, que también hicieron historia, fueron: “Corazón chantajista” de Beto Murgas Peñaloza, “Amor comprado” de Armando Zabaleta Guevara, “El copete” de Rafael Escalona Martínez y “Amor gigante” de Emiro Zuleta Calderón. Sin embargo, la crítica vallenatófila, especializada en la valoración musical, no vaciló en reconocer la canción de Octavio Daza como la más sobresaliente del trabajo discográfico.
“Nido de amor” es una composición fabulosa, romántica en exceso, cargada de mucha simbología, y narrada y cantada con una exquisitez única. En ella, el autor describe un día lluvioso que impide a su novia ir al colegio. Una costumbre muy peculiar en la Costa Caribe, diferente a la idiosincrasia de los pueblos de clima frío donde llueve permanentemente y los estudiantes asisten a los colegios sin problemas. La canción se estructura en seis estrofas de siete y ocho versos desiguales con rima parcial alternada. La ubicación de los acentos que marcan el ritmo es perfecta. La introducción expresa: “Amor de mi vida no te vayas pa’l colegio / di que estás enferma y quédate un rato conmigo. / Mira pa’l cielo que se están formando negros nubarrones / y están cayendo las primeras gotas de un fuerte aguacero. / Y tú sabes que cuando llueve / nunca hay clase en el colegio”. La segunda estrofa refleja un lirismo cargado de evocación: “Al cerrar tus labios / veo cerrar tus ojos / te noto muy triste, mañana me voy / pero aquí en el alma yo me llevo / el recuerdo eterno de tus besos / donde deposité todo mi amor. / Ese amor que heredé de mis abuelos / y que en mi pecho más se engrandeció”.
La tercera entrada, que es el coro, presenta una comparación: “Mira mi amor / por muy alto que vuele y se eleve el águila / siempre regresa a su nido con precisión / por muy lejos que yo me vaya / pronto regreso a tu lado / porque tú eres mi nido de amor. / Amor que vas a perder / cuando ya estemos casados”. La siguiente estrofa expresa la inocencia de la pretendida, una colegiala: “Ahora está escampando se han mojado hasta los libros / tiemblas en mis brazos azotada por el frío / quiero fundirme en tu cuerpo de niña y brindarte el calor / tú eres muy joven llena de secretos, no sabes de amor. / Cuando te bese no tengas miedo / eso no se aprende en el colegio”. La penúltima estrofa recrea la intimidad con la descripción del paisaje: “Ya cesó la lluvia, aparece el sol / brindan los árboles que tarde bella / mira como se crece el arroyito / como corren alegres sus aguas / hacía mucho tiempo que no le llovía. / Así debe crecerse nuestro amor / ser un ejemplo de pureza vida mía”. Y continúa el coro para cerrar la interpretación: “Mira mi amor / por muy alto que vuele y se eleve el águila / siempre regresa a su nido con precisión / por muy lejos que yo me vaya / pronto regreso a tu lado / porque tú eres mi nido de amor. / Amor que vas a perder / cuando ya estemos casados”.

En 1979, ya la fama de Octavio Daza estaba consolidada. Entonces, dispuesto a ganar, decide participar en el “Primer Encuentro de Acordeones” que se realizó en San Andrés Islas en el mes de abril, y para ello presenta el tema “Bella sanandresana”, el cual cautivó la rigidez del jurado y resultó vencedor. La canción fue grabada por Diomedes Díaz y Colacho Mendoza en el álbum “Los Profesionales” que se lanzó a mediados de ese año. “Sanandresana”, como aparece en el long play, salió acompañada de otros temas fabulosos como “El profesional” y “El 9 de abril” de Diomedes Díaz, “Penas de un soldado” de Héctor Zuleta y “Yo soy el indio” de Romualdo Brito. El tema, al igual que las otras composiciones, está dedicado a una bella mujer de la Isla. La introducción es metafórica: “Luna de septiembre que siempre me acompaña / por favor decidme dónde está mi morenita. / Tú que bien conoces los secretos de esta Isla, / dime dónde está mi linda sanandresana. / La noté indecisa ya su luz no era la misma, / un poco enojadas se pusieron las estrellas, / tal vez comprendieron que si yo daba con ella, / se perdía el tesoro más hermoso de la Isla”.

La culminación de ese año fue aún más aclamada para Octavio Daza. La hizo con la canción “De rodillas” que grabó “El Binomio de Oro” en el álbum “Súper vallenato” lanzado en el mes de octubre. Este tema junto con “Tu dueño” de Rosendo Romero Ospino, “Confesión” de Julio Oñate Martínez, “Luz Mary” de Hernando Marín Lacouture y “Juro que te amo” de Euclides Gómez, fueron los más significativos del long play. “De rodillas” es un hermoso paseo, profundamente lírico, cargado de metáforas y otros recursos poéticos, que utiliza el autor para manifestar el gran amor que siente por una mujer, también ignorada, como la de “Río Badillo”. En una época, se dijo que esta canción era una fiel copia del español Gustavo Adolfo Bécquer, por la similitud que presenta con la Rima L###I de este autor. La entrada de “De rodillas” dice: “Podrá desviarse la corriente de un río, / podrá no haber más nubes en el cielo, / podrán morir muchas regiones por frío, / podrá cambiarse la costumbre de un pueblo”. Y, el poema de Bécquer reza: “Podrá nublarse el sol eternamente, / podrá secarse en un instante el mar, / podrá romperse el eje de la tierra, / como un débil cristal”. Como apreciamos, la igualdad se da en la forma anafórica de ambas estrofas, pero esto es común en poesía, y no significa que haya habido copia.
Octavio de Jesús Daza Daza nació en San Juan del Cesar, Guajira, el 15 de abril de 1948, es decir seis días después del as*****to del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán en la Capital de la República. Por eso, su madre siempre le decía que “él tenía que ser de ideas revolucionarias como las de Gaitán”. Desde muy niño vivió en Patillal, porque sus padres, Samuel Daza, ganadero y agricultor, y Palmina Daza, maestra de escuela, se trasladaron allí, por ser naturales de esta población. Aquí recreó su niñez, cursando la escuela primaria, haciendo rondas infantiles con los amigos y armando travesuras con sus primos Freddy Molina Daza y Edilberto Daza Gutiérrez. También se entretenía apreciando los encuentros parranderos que organizaba su padre, llamado cariñosamente “Chame”, con los músicos y compositores que solían visitarlo. Desde entonces pudo conocer a Rafael Escalona Martínez, José María “Chema” Guerra, Leandro Díaz Duarte, y a otros más jóvenes, como Gustavo Gutiérrez Cabello, que de vez en cuando aparecían. Y, por supuesto, fue apreciando estas reuniones festivas, donde algunos de los participantes punteaban la guitarra, que Octavio se apasionó por el aprendizaje de este instrumento.

A comienzos de los años sesenta, Octavio Daza Daza inicia los estudios de bachillerato con la ilusión de cursar más tarde una carrera profesional. Para ello se matricula en el prestigioso Colegio Nacional Loperena, donde cursa hasta el cuarto año. Deseoso de cambiar el ambiente, o por “novelería”, como afirma su hermana Emilia, se trasladó a Bucaramanga e ingresó al Colegio Cristo Rey donde obtuvo el título de bachiller. En este colegio se hizo famoso por las presentaciones musicales que realizaba en las veladas culturales. Apenas culminó el bachillerato inició la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Santo Tomás de la Capital de la República. Estando en este claustro, y con la vena musical ardiente, se decidió a fundar un conjunto con su pariente Horacio Daza, quien tocaba el acordeón. Su fama de compositor se regó en el ambiente universitario y, con frecuencia, participaban en los actos culturales del alma mater. Por esta época también ejerció la docencia en algunos colegios de bachillerato capitalinos, siempre con el deseo de conseguir algunos pesos para sobrellevar los gastos que exige la costosa y desesperante vida bogotana.
Con su título profesional a cuestas, se ubica en Valledupar donde comienza a ejercer la profesión de ingeniero civil, acompañada con la cátedra universitaria que dictaba en el Instituto Técnico del César y el tiempo que destinaba para la composición. Aquí siente el flechazo del amor y contrae matrimonio con la socióloga María Cristina Terán en 1977. Enseguida nació su primer hijo, Adriana Cristina, y más tarde, el segundo, Octavio de Jesús, quien solo tenía dos meses largos cuando ocurrió el as*****to. En esta ciudad, sus relaciones musicales fueron creciendo y logró hacer amistad con los grandes compositores del momento: Carlos Huertas Gómez, Leandro Díaz Duarte, Armando Zabaleta Guevara, Beto Murgas Peñaloza, Santander Durán Escalona y Gustavo Gutiérrez Cabello, entre otros. Asimismo, tuvo la oportunidad de ejercer algunos cargos públicos, como Secretario de Obras Públicas de Valledupar, Director Seccional del ICCE e interventor de la obra del edificio de la Gobernación. Por esa época, también creció su fama de serenatero, pues, con sus amigos entrañables, solía irse de ronda para dedicarles algunas letras a las novias imaginarias.
Después de su as*****to, a comienzos de 1980, sus canciones inéditas fueron cristalizadas por sus amigos del alma: Jorge Oñate con Raúl “Chiche” Martínez grabaron el tema “Oye tú” que apareció en el elepé “Noche de estrellas” lanzado a mediados de ese año. También, “El Binomio de Oro” proclamó las canciones “Mi novia y mi pueblo” que figuró en el álbum “De Caché” y “Dime pajarito” del elepé “Clase aparte”, ambos de ese año. Diomedes Díaz con Colacho Mendoza grabaron el tema “La tierra tiene sed” que figuró en el long play “Tu serenata”, publicado también ese mismo año. Esta canción, en 1979, había obtenido el tercer lugar en el Festival Nacional de la Canción que se realiza en Neiva a mediados de año. Asimismo, otras agrupaciones, como Rafael Ricardo y Otto Serge y “Las Universitarias” interpretaron sus canciones. Daniel Celedón y Armando Moscote grabaron el tema “El sentido de mi vida” que gozó de mucha simpatía y admiración. Y sus letras estelares, como “Nido de amor”, “Río Badillo” y “Dime pajarito”, se llevaron el honor de ser grabadas por conjuntos y orquestas internacionales. Claudia de Colombia, por ejemplo, hizo una versión muy peculiar del “Rio Badillo”, que mereció muchos aplausos.

Sin embargo, la desaparición repentina de Octavio Daza Daza, que acaba de cumplir 41 años, no ha sido obstáculo para que se olvide su legado musical, porque su talento artístico quedó visible en sus hermanos Julio Cesar y Emilia, ambos, compositores reconocidos en el medio vallenato. Julio Cesar tiene varias letras grabadas y Emilia, también con algunos temas grabados, ha sido finalista de la Canción Inédita en distintas ocasiones, y continúa dedicada con entusiasmo al arte de la composición. Lo que significa que la dinastía musical de los Daza mantiene viva la impronta del cantante desaparecido. Y otros parientes cercanos, también se desempeñan con mucho acierto en el medio musical. Además, para todos sus fanáticos y admiradores, Octavio Daza Daza no ha mu**to, porque siempre que, por casualidad o por emoción ocasional, escuchemos las letras de “Río Badillo”, “Frente a mí”, “De rodillas”, “Nido de amor” o “Sanandresana”, su imagen, su nombre y sus sentimientos estarán presentes entre nosotros. O también cuando escuchemos “Baile de animales”, la primera canción que le grabó Dolcey Gutiérrez en 1974.

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