04/08/2026
El Salón de Fumadores: una ventana a la sociedad del Teatro Sarmiento
Hablar del antiguo Salón de Fumadores del Teatro Sarmiento de Tuluá es hablar de algo más que de una habitación dentro de un edificio histórico. Es entrar, por un instante, en la vida social de una ciudad que durante las primeras décadas del siglo XX buscaba transformarse, modernizarse y reconocerse como una ciudad progresista.
El Teatro Sarmiento nació precisamente dentro de ese proceso de transformación. La investigación histórica sobre Tuluá entre 1910 y 1948 señala que las élites locales tuvieron un papel fundamental en ese proyecto de ciudad y destaca a Jesús Sarmiento y María Lora entre quienes impulsaron importantes obras de modernización. El Teatro Sarmiento aparece allí como una de las construcciones que marcaron ese nuevo paisaje urbano.
El edificio tampoco fue concebido únicamente como un lugar para sentarse a observar un espectáculo. Su historia estuvo vinculada a distintas actividades comerciales y sociales antes de consolidarse como escenario cinematográfico. Algunas investigaciones sobre el teatro señalan que la construcción comenzó en 1915 y que, posteriormente, María Lora de Sarmiento impulsó su adaptación para el cine, inaugurándose como sala cinematográfica en 1929.
En ese contexto aparece un espacio que hoy puede parecernos extraño: el Salón de Fumadores.
Para nosotros, acostumbrados a los teatros contemporáneos, un lugar destinado específicamente a fumar puede parecer simplemente una particularidad del pasado. Pero en aquella sociedad tenía otro significado. Era un espacio de encuentro, conversación y distinción; un lugar donde los asistentes podían apartarse momentáneamente de la función, conversar, intercambiar opiniones y continuar la vida social que también formaba parte de la experiencia de asistir al teatro.
Por eso, conservar la memoria de este salón permite comprender que el Teatro Sarmiento no era únicamente una sala de cine.
Era un lugar donde la sociedad tulueña se encontraba consigo misma.
El teatro, las conferencias, las zarzuelas, el cine y otras actividades culturales fueron utilizados durante aquella época como instrumentos para fomentar la educación, la cultura y la formación de un “pueblo culto”. La investigación histórica sobre Tuluá muestra precisamente el interés de aquella sociedad por utilizar los escenarios culturales como espacios de formación y encuentro ciudadano.
Y allí está precisamente la importancia de hablar hoy del Salón de Fumadores.
Porque una construcción histórica no solamente se estudia por sus paredes, sus balcones, sus lámparas o su arquitectura. También se estudia por la manera en que las personas la vivieron.
¿Quiénes se reunían allí?
¿De qué hablaban?
¿Qué significaba para una persona de aquella época asistir al Teatro Sarmiento?
¿Quiénes podían acceder a esos espacios?
¿Qué diferencias sociales podían existir entre los distintos lugares del teatro?
Estas preguntas permiten mirar el edificio no solamente como patrimonio arquitectónico, sino como patrimonio social y memoria viva de Tuluá.
Un artículo publicado por El Tiempo en 1995 describía al Teatro Sarmiento como una de las salas de cine más aristocráticas del Valle y señalaba su construcción entre 1915 y 1929. Esa referencia resulta particularmente significativa cuando se observa la existencia de espacios complementarios como el Salón de Fumadores, porque ayuda a comprender la dimensión social que llegó a tener el teatro dentro de la ciudad.
Con el paso de las décadas cambiaron las costumbres, cambió la manera de ver cine y también cambió la ciudad. El hábito de fumar dejó de ocupar el lugar social que alguna vez tuvo y aquellos espacios perdieron su función original.
Pero el salón permaneció como testimonio.
Hoy, cuando alguien abre esa puerta y habla de aquel lugar, no solamente está mostrando una habitación antigua.
Está abriendo una puerta hacia la Tuluá de nuestros abuelos y bisabuelos.
Una Tuluá en proceso de modernización, con nuevas formas de entretenimiento, nuevas costumbres y nuevos espacios de encuentro.
Por eso el Salón de Fumadores merece ser contado.
Porque detrás de aquella palabra —fumadores— existe toda una historia de sociedad, costumbres, diferencias sociales, encuentros y recuerdos.
Y porque el Teatro Sarmiento, declarado hoy dentro del patrimonio arquitectónico y cultural de Tuluá, continúa siendo uno de esos lugares donde la ciudad puede mirar su pasado para comprender quién fue y cómo llegó a ser la ciudad que conocemos. La Alcaldía de Tuluá actualmente lo incluye dentro de su inventario de arquitectura, memoria e identidad.
El Salón de Fumadores no es solamente un espacio que sobrevivió al tiempo.
Es una pequeña habitación que todavía conserva una parte de la memoria social de Tuluá.
🎥 Créditos: Ciudad Secreta Tuluá
Dirección: Andrés Felipe Tejada Peñuela (Q.P.E.D)
Edición: Jorge Fabian Escobar
Asistentes de producción:
Natalia Quintero
Isabel Cristina Tejada
29 feb 2012
Disponible en:
https://youtu.be/NecARBaHR3A?si=8nWwJDhfVPy54K0b