29/07/2026
RESTOS HUMEDOS DEL DIA
Te vi,
desnuda como un país después de la guerra,
con flores verdes de totumo en las caderas
y pinceladas café en los pezones erguidos.
Tus ojos eran un estanque tibio
donde se ahogan los hombres sin nombre.
Y yo, bestia hambrienta de deseo,
me lancé sin salvavidas a beberte,
a buscar en tu carne la patria que la vida me negó.
Tu cuerpo —ay, ese cuerpo tuyo—
olor a mango maduro y sudor de mediodía,
era tu carne herida en los Montes de María,
temblando de amor y de miedo.
Te recorrí,
primero con los ojos, después con la lengua,
luego con todo lo que fui capaz de inventarte,
mientras los grillos cantaban obscenidades al viento.