12/03/2026
A veces miro mis manos… y solo puedo agradecer.
Con ellas creo cada imagen con amor, devoción y detalle.
Pero en el fondo sé que no soy yo.
Es la Virgen quien trabaja en silencio,
quien guía mis manos y toca corazones.
Cada imagen llega a un hogar,
a una familia,
a una historia que necesita consuelo, fe o esperanza.
Y cuando escucho lo que sucede después…
solo puedo reconocer una cosa:
la Virgen intercede y Dios obra.
Yo solo soy instrumento.
Pero qué gracia tan grande
que el cielo haya querido valerse de mis manos
para llevar fe a tantos corazones.