02/05/2025
Villa Ludovica fue construida a finales del siglo XIX por encargo a un arquitecto italiano, se encuentra ubicada en el Cerro de la Pedrera, uno de los montículos que sobresalen de la Sierra Nevada de Santa Marta en la mitad de la ciudad de Santa Marta. Situado en la Avenida del Libertador # 15-03, en el predio, de 7.000 metros cuadrados en un enclave seco que conforma un parche de bosque seco tropical, en medio de la ciudad.
Villa Ludovica, es una casa Art Deco Republicana con más de 100 años, permanece casi igual al día en que fue construida. La mayoría de sus vitrales y frisos han sido restaurados dentro de un estilo Caribe Contemporáneo. La Villa es para muchos el ejemplo más fino de la gran casa de plantación de banano de finales del siglo XIX.
Al igual que Cartagena, Santa Marta se vio rezagada ante el desarrollo y prosperidad de Barranquilla. Esta sufrió un estancamiento en la población por desastres naturales, la epidemia de cólera y la alta inestabilidad política en la región. A pesar de esto, en las faldas de la Sierra Nevada prosperaron diversas haciendas cafeteras y los vapores del ferrocarril impulsaron las comunicaciones, pero fue el banano el que transformó la economía de Santa Marta, Ciénega y Aracataca. Esto impulsó una ola migratoria hacia la región desde el resto del país, razón por la cual Ciénega incrementó su población. Familias como los Campo Serrano, Diazgranados, Dávila, Goenaga, Riascos o Noguera construyeron grandes quintas a lo largo de las avenidas del Libertador y Santa Rita.
El hecho de abrir la casa y el jardín al público, contribuye con sus fondos al mantenimiento del inmueble un patrimonio, representado por la arquitectura republicana en el Caribe colombiano, es de incalculable valor. Muchas edificaciones ya han desaparecido pero todavía se conservan tanto en las capitales como en las más pequeñas poblaciones ejemplos significativos de este lenguaje arquitectónico aunque, como sucede en general con el patrimonio inmueble que, protegido o no, siempre está en riesgo de desaparecer. Además se quiere ofrecer a la ciudad un punto donde se estudie la flora local y sus cualidades nutritivas y medicinales valorando el conocimiento indígena y campesino que existe sobre plantas de este tipo de ecosistema y su uso al igual que la posibilidad de disfrutar de la espectacular vista sobre la ciudad.
Villa Ludovica cuenta en su jardín con una serie de caminos y terrazas arqueológicas de la Cultura Tairona que sirven de ejes articuladores de los senderos propuestos para los visitantes. Los Taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta; Desarrollaron una forma peculiar de asentamiento: Una red de terrazas, a veces concentradas, conectadas por caminos de piedra y puentes, que permitió el dominio de un extenso territorio que cubría varias alturas y climas. En Villa Ludovica, Jardín Etnobotánico hay vestigios de estas terrazas y caminos que han sido conservados hasta hoy día. La Villa está rodeada de terrazas que hacen posible la comunicación entre las distintas áreas de la residencia. Desde aquí pueden apreciarse magníficas vistas de Santa Marta. Pues la propiedad se halla sobre una colina donde fue construida en el siglo XIX, sobre los vestigios de un asentamiento arqueológico.
La visita a la Villa se realiza desde el exterior a través de las ventanas pues no se puede acceder a la casa pero podemos contemplar el interior de las habitaciones con toda comodidad pues todo se ha conservado perfectamente.
Los visitantes más asiduos están interesados en conocer sobre cada detalle de la vida de en el Caribe de una de sus más notables artistas y diseñadoras de moda: su espacio preferido donde elaboraba sus diseños, la sala principal, el comedor y hasta su tocadiscos que aún funciona, se pueden ver con la fabulosa colección de arte.
Madame Crepé Susana de Goenaga habito esta casa y fue durante muchos años una de las figuras más importantes del diseño colombiano, por la originalidad de sus creaciones y lo innovador de su estilo. Se le conocía con ese sobrenombre por el trabajo que desarrollaba con el papel crepé en la elaboración de flores y otros objetos de decoración. También se le recuerda por sus innumerables sombreros que siempre lucía y que tantas veces se vieron sobre las pasarelas colombianas. La galería D´Avril hizo una muestra de diseño en memoria de Susana de Bedout de Goenaga, mejor conocida como Madame Crepé, pionera y entusiasta de la moda colombiana, quien creó un estilo propio fusión de ideas históricas y novedosas tendencias. La diseñadora decía que su estilo era retro-avant garde, con reminiscencias del collage y de su interés por lo nostálgico
Una mujer incansable que conoce todos los secretos del oficio. «No nos digamos mentiras: hay que iniciarse como modista, se debe establecer un contacto directo con la hechura de la ropa. Si no, no puedes definirte como diseñadora». Su formación, en un principio, estuvo marcada por el ambiente familiar. Su abuelo era diplomático, pero dirigía también un teatro en el que se presentaban famosas actrices e importantes compañías de ballet. «Yo vivía fascinada por los artistas, me atraían el vestuario, la utilería, el maquillajes. En las tertulias de ministros, funcionarios y vedettes, se familiarizó desde muy joven con las maneras y los estilos elegantes. «Conocí por dentro a esa Bogotá de mediados de siglo, ceremoniosa y victoriana, educada en Europa, algo snob, pero sin duda mucho más distinguida que esta irreconocible Bogotá de ahora». Vinieron luego el matrimonio, los viajes. Su contacto con la moda seguía siendo visual (en los grandes hoteles de las grandes ciudades, en los salones, en las calles), al mismo tiempo que empírico, pues diseñaba y cosía sus propios vestidos. Hasta que en la década de los sesenta se decidió por el ejercicio profesional: «Organicé mi primer desfile en 1964, eran los años del apogeo de Mary Quant, de la minifalda y de los adornos. Hice unos modelos con flores de papel que tuvieron mucho éxito. Además, con Artesanías de Colombia me dediqué a elaborar aretes, cruces, anillos, arte aplicado que vendía en galerías. También fabriqué sombreros para la firma Manhattan, que representaba a Ives Saint-Laurent». Esta pasión por los accesorios y por la recuperación de objetos e incluso de estilos algo demodé se ha reflejado siempre en los almacenes de Susana de Goenaga. Primero fue el Crepé Cha-Cha-Cha, que funcionó como casa de vestuario desde 1985 hasta 1993; luego vino el de ahora, Sombreros Madame Crepe. «El estilo de mis casas de moda ha sido el retro-avant-garde, con claras reminiscencias del collage. He mezclado mi nostalgia por la moda de los años de mi niñez -tan vaporosa, romántica, toda hecha de sombreros, pasamanería, alta costura, gran calidad en las telas con una pasión muy moderna por lo más actual, por ejemplo lo punk. En esta simbiosis, que puede parecer explosiva, me encuentro a mis anchas». Susana de Goenaga, conocida en el mundo del diseño como Madame Crepé, lanza una colección al año, casi toda con creaciones únicas -únicas, habrá que resaltarlo, en todo sentido. Pues no sólo concibe modelos originales, irrepetibles, sino que muchas veces opta por rescatar estilos, hacer revivas, tanto en los sombreros y corsés que los acompañan, como en los mismos vestidos. De Goenaga puede convertir lotes de ropa de los años cuarenta en piezas innovadoras, de verdadera ruptura. En esto se ha anticipado a muchas diseñadoras jóvenes que dirigen su búsqueda a esas combinaciones de lo moderno con lo antiguo. Sólo que en ella el interés por el peluche, por el terciopelo, por las telas naturales de mediados de siglo, es una pasión auténtica, sentida tan profundamente como ha vivido todas las revoluciones en la moda durante las últimas décadas. A esto se debe que insista: «Tengo 66 años y sigo vigente». No sólo eso, diríamos. Su ropa insólita -más propia para artistas que para el común de los mortales- hace de Susana de Goenaga la más antigua y la más joven de las diseñadoras en Colombia. Susana de Goenaga, Madame Crepe, diseñadora de modas. Famosa por sus diseños en papel. Trabajo con Yves Saint Laurent en los 80s y diseño un sombrero para Lady D, por encargo de Versace. Murió en 1997.
Hoy 20 años después de su desaparición grandes diseñadores y amigo han impulsado esta idea como un lugar único que vale la pena visitar en Santa Marta.
Susana de Goenaga proveniente de una familia de la sociedad Bogotana, Susana comprometida con un ingeniero italiano fascista de origen Guajiro, hijo de diplomáticos de tradición en Europa llegan a Santa Marta después de la caída de Mussolini. Se casa con Susana en una boda con toda la p***a y el glamour de la época. Una niña que había sido nominada para Señorita Bogotá. Su marido ingeniero civil recién graduado en Italia, hijo del Gobernador del Magdalena que adelanta grandes proyectos en la construcción de la nación: El Ferrocarril, el Puerto de Santa Marta, el Estadio Eduardo Santos entre otros. La lleva a vivir a Santa Marta donde nace su primera hija, de cuatro hijos que tuvo.