30/06/2026
Desliza. Tal vez hoy vuelvas a ver la ciudad con otros ojos.
Vivimos rodeados de ellas.
Nos despiertan antes que el despertador, cruzan sobre nuestras cabezas mientras esperamos un semáforo, cantan desde un árbol entre edificios y desaparecen antes de que alcancemos a levantar la mirada.
Se volvieron paisaje.
Tan cotidianas que dejamos de verlas.
En Regálame un piecito descubrimos que conocer sus nombres cambia nuestra forma de habitar la ciudad. Ya no es "un pájaro"; es un barranquero, un bichofué, una guacharaca, un cacique candela, una batara carcajada, un gavilán caminero o un gallinazo, cada uno con una historia que lleva miles de años escribiéndose en el Valle de Aburrá.
Cuando aprendemos a reconocerlas, la ciudad deja de ser solamente concreto. Descubrimos que, entre el ruido y la prisa, existe una naturaleza que nunca dejó de acompañarnos.
Por eso nuestras esculturas no buscan reemplazar a las aves.
Buscan recordarnos que siguen ahí.
Que cada canto es una invitación a detenernos.
Que cada vuelo nos habla de un territorio que merece ser amado y protegido.
Hoy estas siete especies hacen parte de una exposición en la Casa de la Ciencia del Parque de la Conservación, pero su verdadero hogar sigue siendo el cielo que compartimos todos los días.
Quizá conservar la naturaleza comienza con algo tan sencillo como volver a mirar hacia arriba.
¿Cuál de estas aves ha hecho parte de tu vida sin que supieras su nombre?