13/06/2023
Cosas que se pueden decir porque a nadie le importa:
Comparto que el arte no es una herramienta que tenga que salvar al mundo por lo que el teatro no tiene por qué ser un instrumento de concienciación o pedagogía social, sin embargo, y es mi punto de vista: Nada como un quehacer escénico que busque en la construcción de su metáfora teatral, transformar desde la reflexión crítica y con criterio al público espectador.
Hay un teatro que vos ves y que, en algún sentido, significado o provocación, te marca un antes y un después en tu vida, luego de haber visto, presenciado, dialogado y experienciado la puesta en escena a la que no te imaginabas de bruces hacia – con – contra la realidad.
Una inyección directa al lóbulo frontal de adrenalina y dopamina. Perforando entre los dos hemisferios un raciocinio que antes tenías por un axioma o no tenías o te era indiferente.
Cosas que se dicen porque se espera que a alguien llame la atención:
Vi dos veces Aquí te espero Pinocho del teatro La Parla bajo la dirección de Mateo Rendón. Dos veces. Una propuesta que de Pinocho, ese personaje creado por allá en 1882 por un periodista italiano conocido como Carlo Collodi, tiene poco, es decir, en lo único que son consonantes es que ninguna de las dos propuestas, ni la novela ni la puesta en escena, es para niños y niñas, sin embargo Collodi lo publicó por un año en un periódico italiano. Asimismo, La Parla hace de esta marioneta de madera literaria una metáfora teatral con la que relata lo que nunca debió ni debería pasar a absolutamente a nadie: el reclutamiento forzado de Santiago. Ni el feminicidio de Isabela.
El Pinocho bribón y diablillo, descrito así por Collodi, es un feminicida en la propuesta de La Parla.
Y es que la historia de Pinocho es cruel, cruda, violenta, sin ningún sitio donde poner las náuseas o pasar la página en Collodi, o salirte de la obra con La Parla.
El Pinocho de Collodi es una sátira explícita a la corrupción y la inequidad social del momento en Italia. El Pinocho de La Parla es una historia sobre el arrepentimiento de quien fue víctima de esta guerra cruenta y sin sentido, suplicando por el perdón tras un feminicidio. Sin sátira, totalmente cierta.
En la propuesta de La Parla, Geppetto, el carpintero, padre adoptivo y un tirano con los niños, según Collodi, está detrás del cristal de un televisor en imagen a blanco y negro, por momentos distorsionado, inasible e impronunciable. Ocupado de soñar su sueño y de hacerlo realidad llevándolo a la escena. Pepe Grillo, la voz de la conciencia en la novela de Collodi, La Parla lo sumerge en la misma penumbra en la que se cree a salvo el público espectador, sin conciencia a veces, inconsciente otras… y el Hada de cabello turquesa, ese personaje lúgubre con el que Collodi en su novela de 36 capítulos tortura a Pinocho rescatándolo de sus mentiras y su propia muerte, este último capítulo siendo el capítulo en el que Pinocho deja de ser marioneta para convertirse en un niño, en la propuesta de La Parla es la personificación simbólica y poética de Isabela, víctima del feminicidio cometido por Santiago, víctima de reclutamiento forzado, y a quien espero que nunca le crezca la nariz porque quiero que cada vez que pida perdón sea sincero. Que los aplausos, más que merecidos ( en igual sentido a todo el equipo de La Parla), no lo vayan a encandilar.
Pero a Isabela, el Geppetto de La Parla la pronuncia como “hadita, noviecita, trabadita” y se me arruga el corazón porque no la vuelven a pronunciar.
En lugar de decir, de gritar: ¡Isabela! ¡Isabela, perdón!, llanamente le dicen “hadita, noviecita, trabadita”, dejando una estela de sabor a bombombún rojo acompañada de una risa aparatosa, sin sentido, ¿esta sí es Isabela? Lo es. Es Isabela y no debería dejarse de pronunciar su nombre como nunca deja de pronunciarse a Pinocho ni sale nunca de la escena. Como nunca deja de estar y acompañar el Hada de cabello turquesa al Pinocho de Collodi, arrebatándoselo, incluso, de las garras de la muerte.
En la obra dicen que todos somos Pinocho y puede ser, pero yo quiero ser Isabela, no simplemente una "hadita, noviecita, trabadita".
No dejen de ver esta propuesta de La Parla.
Ya ven cómo puede una puesta en escena hacer que reflexiones con crítica y criterio sobre cosas que se pueden decir porque a nadie le importa.