01/06/2026
Voy a hablar desde mi vida para quienes dicen que los pobres queremos todo regalado.
Tengo casi 40 años y voy a hacer memoria de todos esos “regalos” que supuestamente me ha dado el Estado.
Vengo de una familia humilde. Mi mamá nos sacó adelante sola. Tan dura era la situación económica que muchas veces no había cómo pagar una pensión escolar y me sacaban del colegio con un sello en la mano por mora. Estudié en colegio distrital. Vengo además de una familia trabajadora: una mamá, un abuelo y una abuela que trabajaron toda su vida y jamás lograron pensionarse.
Quise estudiar, como muchos jóvenes, pero estudiar cuando se nace sin privilegios no siempre depende del esfuerzo. Hace más de 20 años logré entrar a la universidad pública. Estudié en la Pedagógica. Mi semestre costaba alrededor de 600 mil pesos. Yo trabajaba en una panadería ganándome 2 mil pesos la hora. En ese tiempo la exigencia académica prácticamente no permitía un trabajo formal. Sabía a qué hora salía de mi casa, pero jamás a qué hora iba a volver a dormir. Trabajar y estudiar no es una frase inspiracional; es agotamiento, ansiedad, hambre, sueño y cuentas que no cuadran.
Intenté otras veces. Pensé en el ICETEX, pero me exigían un codeudor que nadie estaba dispuesto a asumir. Además, haciendo cuentas, sabía que luego ni un salario mínimo me alcanzaría para pagar esa deuda. Volví a intentarlo en otra universidad, trabajando y estudiando al mismo tiempo, incapacitando mi cuerpo a veces para alcanzar a estudiar parciales, porque perder una materia también costaba dinero. Tampoco pude terminar.
Entré al SENA. Hice pasantías gratis estando embarazada. Sí, gratis. Regalar trabajo mientras una intenta construir un futuro y al mismo tiempo construir una familia.
Después hice tres meses de prácticas en Avianca dentro de su programa Semillero. Solo escogían a los mejores. Para poder intentarlo tuve que dejar a mi hijo de seis meses en un jardín infantil. Era el bebé más pequeño del lugar. Lo hice porque quería salir adelante. Porque nos enseñaron que quien se esfuerza, progresa. Años después me llamaron para repetir el proceso si quería ingresar. Mi hijo ya tenía cinco años. Y decidí no seguir sacrificando la maternidad que ya le había negado siendo un bebé.
Pertenezco al SISBÉN desde 2014, al nivel más bajo. Y pese a eso, jamás he recibido un subsidio permanente, ni siquiera en pandemia. Si quieren hablar de trabajo, yo soy la típica colombiana que vende, emprende, arrienda, rebusca, se mueve aquí y allá para completar ingresos.
Compré un apartamento con un subsidio de vivienda de 11 millones de pesos. Sí, existió ese apoyo. ¿Y saben qué me regaló? No una vida resuelta. Me entregó un apartamento en obra gris, una cuota de 550 mil pesos y la angustia constante de no saber si iba a poder pagarla. Recibí notificaciones de embargo por que el dinero nunca me alcanzo y me toco venderlo financiado por que este subsidio no me permitia venderlo fácilmente .Nunca me alcanzó sin hijos. Mucho menos con hijos, incluso teniendo apoyo de mi esposo.
También soy paciente renal desde 2014. Desde ese año me ha tocado tutelar por mi salud. En 2022 tuvieron que intervenirme de urgencia porque tenía un riñón taponado. Así que no, mi experiencia no me permite creer que la crisis de salud apareció de un día para otro. Trabajé en SaludCoop alrededor del 2007. Vi desde adentro cómo pasábamos de asignar citas con especialistas normalmente a no tener agendas durante semanas. Vi la presión del sistema crecer. Vi a los dueños salir por la puerta de atrás cuando llegaba la policía.
Entonces pregunto algo sincero: ¿cuáles son exactamente las oportunidades reales para millones de personas en este país?
Porque cuando era joven, era demasiado joven para ejercer. Cuando no estudiaba, el problema era que no estudiaba. Cuando tuve hijos, el problema eran mis hijos y quién los cuidaba. Y cuando llegué a los 30, entonces ya era demasiado vieja.
He trabajado. He estudiado. He emprendido. He insistido. He madrugado. He hecho pasantías gratis. He dejado a un bebé para perseguir una oportunidad laboral. He peleado por mi salud mediante tutelas. He intentado construir patrimonio desde un apartamento en obra gris.
Y aun así, muchas veces no ha sido suficiente.
Por eso, cuando escucho que los pobres queremos todo regalado, me pregunto sinceramente: ¿exactamente qué parte de todo esto fue regalada?