11/06/2026
RECUERDOS DE NAVIDAD
- ¿Cuándo será diciembre para recibir los regalos del niño Jesús? ¿porque se demorará tanto?, ¿qué me traerá este año?
Típicas preguntas de cada niño en aquella época en que la fantasía era el motor de la felicidad; las expectativas crecían y la sorpresa siempre era gratificante, así el regalo fuera muy poco, el solo hecho de destaparlo provocaba ansiedad y acelere en las pulsaciones del corazón.
Previo a la navidad, la preparación era todo un programa de familia; salir a las montañas, cortar el chamizo para el árbol, escarbar y tomar el musgo de aquellos sitios húmedos, las ramas de pino para el follaje del pesebre, las piñuelas que formaban pinos silvestres. Llegar a la casa y ver al papá armar el pesebre con esa alegría contagiosa escuchando los villancicos en la voz de las Américas animadas por José Nicol Vallejo, así la creatividad fuera repetitiva: el camino para el paso de María y José en arena, los prados donde las ovejas y los pastores tambaleaban con frecuencia por aquel espeso pasto que formaba el musgo. Los pueblitos con casas de cartón y la iglesia que no podía faltar; hasta carros y aviones de plástico recorrían los caminos y el follaje entre motas de algodón y pajaritos de papel. La choza con palitos y el techo con paja de escoba de iraca; este pesebre se hacía en el ángulo que formaba la esquina de la sala. No podían faltar las luces, esas instalaciones fijas con escasos 5 colores y 10 bombillos barrigones que se recalentaban tanto al punto de prender el papel encerado. Las imágenes de los santos en caucho y un olor a nuevo con facciones poco definidas y de gran colorido. Dia a día de la novena, pelearse por correr a María y José para que avanzaran por el camino hacia el portal de belén.
Cantar los villancicos utilizando los cascabeles elaborados con las tapas metálicas de gaseosa; se machacaban con una piedra para que quedaran planchitas, se le hacia un orificio en el centro y se ensartaban varias en un alambre rígido; era una dulce y ronca melodía; de las más hermosas fantasías al compás del canto ven a nuestras almas, ven no tardes tanto, después de las aspiraciones del niño Jesús.
De otro lado la mamá con las hermanas mayores, decoraban el chamizo con pintura, algodón y/o copo de nieve de icopor, bolas rojas y un papa Noel con barbas en algodón, figuras de papel brillante y varios colores que formaban un tornillo que con el viento daba la sensación de subir y bajar; el árbol sembrado en un tarro cubierto igualmente con pintura o algodón; las luces con las mismas instalaciones del pesebre y las tarjetas navideñas que iban llegando con los aguinaldos, formando una bonita colección.
El 23 era el día destinado para la noche buena; en casa se preparaba natilla hecha de maíz molido y remolido con un sabor insípido y consistencia muy dura, pero así se la comían y unos ricos buñuelos hechos con fécula de maíz y queso costeño; todo un programa alrededor de la paila de cobre encima de un triángulo hecho con adobes y la leña ardiendo, atrás en el patio de la casa; todos reunidos al compás de la música bailable en el radio sintonizando la emisora de moda: Ondas de la montaña. Con canciones de Guillermo Buitrago, Los Corraleros de Majagual, Rodolfo Aicardi con los Hispanos y El Loco Gustavo Quintero entre otros. Momentos únicos e inolvidables, donde el compartir era de todos con todos; con mucho amor, que aun, sin nombrarlo, se sentía.
El 24 era todo un ambiente de fiesta, se compartía con todas las familias de la cuadra, natilla y buñuelos iban y venían, la música tropical y parrandera motivaba a bailar, inclusive en todas las casas sintonizaban el radio en la misma emisora; se convertía en una sola celebración; así mismo la algarabía al elevar aquellos globos coloridos con candileja en alambre y mecha con trapos viejos y empapada de petróleo para que soltara bastante humo. Antes de las 12 de la noche, los padres hacían acostar a los chicos para que les pudiera traer el niño Jesús, muy juiciosos se acostaban y se profundizaban hasta el día siguiente.
Y el 25 el ambiente se tornaba como de piñata, en las aceras y antejardines, los niños jugando con sus carritos, pelotas, baldes y palas que de alguna forma presagiaban su vida laboral y con su ropa nueva; las niñas con sus muñecas rígidas y de moña, los juegos de cocina como antesala a sus labores en el hogar; ropa colorida y zapatos plásticos. La felicidad se reflejaba en estos rostros inocentes que disfrutaban intensamente de cada momento, nadie reparaba en el regalo del amiguito, todos jugaban con todos.
¡Qué navidades, que diciembres, que disfrute, que amor alrededor de la espera del nacimiento del niño Dios! ¡El verdadero sentido de estas fiestas!
Joaquín Emilio