13/04/2025
El viacrucis infantil del colegio IETAGRU del corregimiento de Conejo, trae a mi esta reflexión:
La historia de Jesús, el llamado Cristo, ha sido narrada por siglos como el sacrificio redentor de un hombre justo, asesinado por un imperio indiferente y un pueblo temeroso de perder el control. Pero, cuando se quita el ropaje de la Iglesia —esa estructura que convirtió el martirio en rito y el mensaje en institución— queda un relato brutalmente humano: el de un joven nacido en tierra ocupada, predicando contra el poder, la hipocresía religiosa y la injusticia estructural. Su crimen fue hablar con claridad. Su condena, un castigo ejemplar para quien sueñe con cambiar el mundo.
Jesús fue víctima de una disputa geopolítica entre Roma y un pueblo que no solo estaba bajo ocupación, sino también dividido entre colaboracionistas, rebeldes, religiosos, comerciantes y campesinos. No murió por nuestros pecados: murió porque habló de justicia en voz alta. Fue traicionado por los suyos, por miedo, por conveniencia, por cálculo político. Y aquí la ironía atraviesa los siglos.
Hoy, ese mismo pueblo —Israel—, erigido en nación poderosa, reproduce el rol del opresor en Gaza y Cisjordania. Bombardea, ocupa, desplaza. Lo que alguna vez fue la cruz impuesta sobre ellos, ahora es el muro que levantan contra Palestina. En nombre de su historia de sufrimiento, imponen sufrimiento. Y mientras tanto, Occidente guarda silencio o aplaude.
Más irónico aún es cómo en Latinoamérica, donde somos también territorios ocupados por el capital, la deuda, el extractivismo y el olvido, seguimos recreando la Pasión de Cristo cada Semana Santa. El Viacrucis Infantil es quizás la escena más desgarradora: niños con coronas de espinas de papel, arrastrando cruces de madera, aprendiendo que el dolor redime, que ser bueno es callar, y que el mundo es una condena.
¿De verdad debemos seguir enseñándoles que nacer pobre es llevar una cruz, que morir en silencio es virtud? ¿O es hora de mostrarles que el verdadero mensaje de Jesús no fue la sumisión, sino la rebelión amorosa contra toda forma de injusticia?
Cristo no necesita templos. Su historia —la real, la que duele— sigue viva en cada niño palestino bajo escombros, en cada campesino latinoamericano que muere defendiendo su tierra, en cada voz que se alza y es silenciada. Y también en nosotros, si decidimos contarla sin miedo.
Igual, Los niños se ven hermosos♥
Ietagru Cornejo