20/08/2026
ADENTRO DEL TERREMOTO*
En 'Avalon' (1990), de ese misterioso –y generoso- director que es Barry Levinson, se nos dan las claves de eventos que, desde antes y hasta mucho después de la película, nos han demostrado el tinglado, no solo de la política, sino, en general, de lo público, y podríamos decir, de la sociedad. Tinglado real.
El incendio que unos niños provocan con su imprudente juego en la tienda de sus padres simboliza lo que el as*****to de Kennedy implicaría para la nación americana. Pero ese jugar con fuego está amparado por las aseguradoras. Y el que no esté en el juego desde el principio, puede ya olvidarse de triunfar.
El ardid se da a tono y según las coordenadas que plantea una televisión naciente, pero ya madura para hacer ese "juego de la guerra" que el mismo Levinson nos insinuará poco después como algo más que una "cortina de humo", en 'Wag the Dog' (1997). El engaño es la más pura tradición informativa.
Pero salirse de la infatuación que es toda coyuntura mediática, soportada hoy por un mundo manipulado en carne y hueso, como los escenarios que llevan de pueblo en pueblo los políticos de 'Muerte constante más allá del amor', de García Márquez, exige comprender hasta dónde ha llegado el poder humano.
Lugar inimaginable, permite hoy descreer de todo. Es decir, la fabricación de noticias pasa por algo más que la distorsión del dispositivo, pasa por lo que la biopolítica describe tan bien, el comercio de los cuerpos. Cosa que entendía muy bien el autor de ese otro cuento adelantado, 'Tema del traidor y del héroe'.
En tal sentido, no hay escapatoria de un mundo cuyas consecuencias, por fin, anteceden a las causas, caro Luzbel. Debo contar que yo sentí el golpe del terremoto igual a como sentí el golpe del carro bomba de la Plaza de Toros en Medellín, en 1991. Fue un golpe en los talones, previo al sacudón.
Eso, me atrevo a afirmarlo, fue una explosión, no un sismo común. Pero a la conclusión del terremoto como acto provocado me lleva no solo ese modo en que lo viví en mi piel y mis huesos, sino todo lo que lo rodea. Me atrevo a afirmar que estamos en un mundo controlado por dentro y por fuera, de arriba abajo.
Quizá como lo supone Carlos Santa, desde el propio Dante Alighieri, la manera de salir de "la selva oscura" solo puede ser espiritual, aunque ya no sería universal, sino reservada para quienes adviertan esa posibilidad única. En ese sentido, dan igual la apariencia del estar y aun la percepción del ser en vida.
Tragar saliva sigue siendo la más siniestra manifestación del afuera. Botar el aire sigue siendo la más límpida manifestación del adentro. El intercambio entre nos será, bien o mal, ingerido por un sistema, una humanidad, más que en trance, devastadora. Tanto que hoy es gobernada por su creación, la IA.
Al fin, ayudar a uno, a dos, siempre fue y será salvar al mundo.
Pd. Vuelvo a recomendar mi patético testamento:
https://youtu.be/IlKmSGiZxjE?si=cNorFkW95sUcwEYZ
* Por Santiago Andrés Gómez Sánchez