13/08/2026
El día que los pinos pagaron por los pecadores
Hay anécdotas de mi pueblo que ni el tiempo ni la memoria borrarán jamás, y esta es, sin duda, una de las más célebres.
Resulta que Don José Ramírez, el fiel parquero que tenía el Parque Cineras como una tacita de plata, vivía con una mortificación constante. El pobre Don José no hallaba qué hacer con las "maldades" y los actos inmorales que se armaban apenas caía el sol. Y es que los pinos del parque, ofrecían una penumbra deliciosa que se prestaba para todo tipo de travesuras nocturnas y vejamenes que harían ruborizar a cualquiera.
Don José, aburrido de ser el único espectador de semejantes espectáculos, fue a llevarle la queja directamente al señor alcalde, Don Misael Camargo Ramírez, Pero Don Misael, un hombre bueno, de una honestidad a toda prueba y con un carácter firme como buen conservador, no era de los que se comían los cuentos enteros. Así que dijo: A esto hay que meterle la lupa.
Cuando el reloj marcaba exactamente las 9 de la noche, Don Misael decidió "darse una vueltica" de inspección por el parque. Y ¡válgame Dios! Lo que vio no eran chismes de pasillo ni exageraciones de Don José: ¡aquello era una realidad al natural! La penumbra de los pinos era un hervidero de pasión y travesuras desbordadas.
Pero si algo caracterizó a Don Misael durante sus cuatro años de gobierno (de 1982 a 1986), fue que no le temblaba la mano para tomar decisiones... por más polémicas que fueran. Él no se puso con rodeos, ni con letreritos de advertencia, ni a mandar patrullas a dar ronda. No, señor. Don Misael fue directo al grano y aplicó la de "mu**ta la perra, se acaba la rabia".
¡Decidió tumbar los pinos del parque!
Aún me acuerdo como si fuera hoy. Esa mañana, mientras íbamos caminando hacia el colegio, nos encontramos con semejante cuadro. Ahí estaban los venerables arbolitos en el piso, caídos en combate. Con los ojos abiertos como naranjas y el asombro a flor de piel, le dije a mi compañero:
¡Joche, mira, tumbaron los pinos del parque!
Aquello fue el "chisme del año". La decisión levantó opiniones: para algunos fue una barbaridad y les dio una rabia tremenda (seguramente a los que se quedaron sin su "nido de amor" nocturno); pero para la mayoría fue lo mejor que pudo pasar. De la noche a la mañana, el ParqueCinera se veía gigantesco, iluminado, fresco y, sobre todo, totalmente despejado. Ya no había rincón oscuro donde esconder las mañas, y la supervisión se hizo tan fácil que hasta desde la esquina se veía todo.
Fue, sin duda, una solución drástica, de esas que hoy harían temblar a más de uno... ¡pero hay que reconocer que solucionó el problema de raíz! Se acabaron los pinos, se acabó la penumbra y, muy a su pesar, a los enamorados de la noche les tocó buscar otro parque.
Creo que no fue cuento eso pasó.. jjjj