15/08/2026
Rafael Antonio Pérez Chamorro, personaje de la cultura sabanera
El hombre que convirtió la memoria de Corozal en palabras
En Corozal hay historias que no están escritas en los libros de historia. Permanecen en las conversaciones de los mayores, en las leyendas que pasan de una generación a otra, en los recuerdos de los carnavales, en las anécdotas de las calles y en aquellas narraciones que sobreviven porque alguien se tomó el tiempo de escucharlas, recordarlas y contarlas.
Entre quienes han dedicado su vida a conservar ese patrimonio intangible está el profesor Rafael Antonio Pérez Chamorro, un hombre para quien la palabra no ha sido solamente una herramienta de enseñanza, sino también una manera de mantener viva la memoria de su pueblo.
Docente, escritor, historiador, dramaturgo y poeta, Pérez Chamorro es uno de esos personajes que parecen llevar consigo una biblioteca de recuerdos. Su prodigiosa memoria, su amor por la lectura y la escritura y su profundo conocimiento de las tradiciones sabaneras lo han convertido en un referente de la cultura de Corozal y de la región Caribe.
Nació en Corozal, Sucre, tierra en la que ha vivido y desarrollado buena parte de su existencia. Desde niño comenzaron a descubrirse sus habilidades literarias y aquella inclinación especial hacia el arte y la cultura que, con el paso de los años, terminaría convirtiéndose en una forma de vida.
Su historia comenzó en un hogar de raíces humildes y campesinas. Su madre, Isabelita Chamorro, fue una mujer de extracción humilde; su padre, Ezequiel Pérez Escobar, estuvo dedicado al campo y perteneció a una familia ganadera.
La infancia de Rafael transcurrió entre el pueblo y las fincas de su padre. De vez en cuando llegaba hasta aquellos escenarios rurales donde realizaba las labores propias del campo. Allí, entre animales, caminos, conversaciones y paisajes sabaneros, fue recogiendo experiencias que, muchos años después, aparecerían transformadas en relatos, personajes y recuerdos.
Quizás por eso, cuando habla, parece que las historias nunca se le acaban.
Conversar, leer y escribir han sido algunas de sus grandes pasiones. Desde muy joven descubrió el encanto de los libros y el poder de la palabra escrita. Pero también aprendió a escuchar. Y en esa capacidad para escuchar encontró otra fuente de conocimiento: la tradición oral.
Porque para Pérez Chamorro la historia no solamente está en los documentos. También está en la voz de los abuelos, en las leyendas, en las historias de aparecidos, en las costumbres, en las celebraciones populares y en las anécdotas que se cuentan alrededor de una conversación.
Su producción literaria refleja precisamente ese universo.
Entre sus obras se encuentran Cuentos de Tío Conejo, Cuentos de Tío Sapo, Cuentos de Tía Zorra y El caballo del otro mundo. A ellas se suman narraciones de carácter fantasmal como María Pérez y La bruja del Arroyo de Tusa, relatos donde la imaginación se encuentra con las creencias y tradiciones populares de la región.
Pero antes de convertirse en escritor, Pérez Chamorro fue maestro. Y la enseñanza ocupó un lugar fundamental en su vida.
En sus primeros años como docente, abrió las puertas de su propia residencia para recibir a niños y a personas que trabajaban en el Hospital de Corozal. Allí les enseñaba a leer y escribir. Era una época en la que enseñar significaba, muchas veces, disponer de voluntad, paciencia y compromiso mucho más allá de las aulas.
Posteriormente fundó su propio plantel educativo y trabajó en diferentes instituciones de Corozal y de la región.
Entre los lugares donde dejó huella está la Institución Educativa Liceo Carmelo Percy Vergara, donde es recordado especialmente por su labor como profesor de español y literatura.
Pero el aula no fue el único escenario donde ejerció su vocación.
El teatro también encontró en él a un apasionado. Fue director teatral y participó en numerosos festivales de la época. Desde las tablas contribuyó a representar historias y costumbres, utilizando el arte dramático como otra forma de contar lo que sucedía en su entorno.
Y así, entre libros, aulas, escenarios y conversaciones, fue construyendo una obra que trasciende lo estrictamente literario.
Pérez Chamorro es también un conocedor del carnaval de su tierra natal. Ha realizado importantes aportes culturales a esta celebración y a diferentes manifestaciones folclóricas de la región. Su relación con estas expresiones nace de un vínculo profundo con los sentimientos, las costumbres y las tradiciones del pueblo.
Quienes han tenido la oportunidad de escucharlo saben que su memoria parece no tener límites. Recuerda nombres, acontecimientos, personajes y relatos. En su conversación aparecen episodios de otros tiempos, historias que parecían condenadas al olvido y fragmentos de una Corozal que ya no existe físicamente, pero que permanece viva en la memoria.
Esa es, quizás, una de sus mayores riquezas.
En una época en la que muchas tradiciones corren el riesgo de desaparecer, hombres como Rafael Antonio Pérez Chamorro cumplen una tarea silenciosa pero fundamental: guardar la memoria para que otros puedan conocerla.
Su legado no se limita a los libros que ha escrito ni a las aulas donde enseñó. Está también en las historias que ha contado, en las personas a quienes enseñó a leer y escribir, en los escenarios teatrales que recorrió y en las tradiciones que ayudó a preservar.
Por eso, hablar de Rafael Antonio Pérez Chamorro es hablar de Corozal.
Es hablar de su historia, de sus personajes, de sus leyendas, de sus carnavales y de esa cultura sabanera que se ha construido con el paso de generaciones.
Su trayectoria merece ser exaltada y reconocida como la de un verdadero gestor cultural, un hombre culto y poseedor de un conocimiento histórico excepcional sobre Corozal, considerada la segunda ciudad del departamento de Sucre.
A sus años, continúa siendo una especie de archivo viviente de la cultura local. Un hombre que aprendió a mirar su pueblo, a escucharlo y, sobre todo, a contarlo.
Y mientras Rafael Antonio Pérez Chamorro siga conversando, recordando y escribiendo, muchas de esas historias seguirán teniendo voz.
Porque los pueblos no desaparecen cuando cambian sus calles ni cuando pasan las generaciones.
Desaparecen cuando dejan de recordar quiénes fueron.
Y en Corozal todavía hay hombres como Rafael Antonio Pérez Chamorro, empeñados en que la memoria no se pierda.