22/06/2026
Este comentario lo hice el 12 de octubre del año 2'025. Aunque todavía no se conocen los resultados de los escrutinios para oficializar quién será el próximo presidente de La República de Colombia. Aunque toda la vida nos han robado con fraude las elecciones, con juego sucio y con trampas. Aunque sé que Cepeda ganó en primera y segunda vuelta sin comprar un solo voto. Aunque el oponente ya está celebrando como si diera todo por hecho y uno entiende que eso hace parte de su estrategia para crear ese ambiente y esa sensación porque juega con la sugestión y el sensacionalismo, uno entiende ese comportamiento humano. Por eso me molesta cuando algunos se rinden, o lloran, o dudan, o se llenan de miedo y terror, es una guerra psicológica barata, y eso quiero que los compañeros comprendan, porque de lo contrario su debilidad alimenta el embuste del maligno y lo materializa, no se dejen penetrar la psiquis con esas imágenes porque esa es la realidad que ellos quieren dibujar. Quiero recordar este vídeo cuando apoyé a Carolina Corcho en la Consulta como precandidata presidencial. Ya que consideré en ese momento que con ella sería más fácil el proceso de persuasión y convicción y menos estigmatización que no se prestaría para campaña alguna de desprestigio ni difamación como ocurrió con nuestro ilustre candidato Iván Cepeda-Castro. Pensé en Carolina como estrategia, más no porque Iván Cepeda no fuera de mi línea, al contrario, me siento representado e identificado con él, a quien le he aprendido observando sus debates desde que era Representante a la Cámara a discutir con decencia, objetividad y respeto. Sabía que con él la campaña sería más difícil y compleja, aunque un Presidente de lujo extraordinario, todo esto uno lo había avizorado con el ojo de Águila con que Dios (YHWH) a uno lo ha dotado. Por eso esto no me sorprende, tampoco me entristece porque mis glándulas son fuertes y entrenadas, porque estamos luchando contra el maligno, y este siempre jugará sucio, siempre mentirá, siempre hará fraude. Así opera el mal, y ante él es claro que debemos seguir resistiendo y luchando hasta eliminarlo del pensamiento de esos aparentes 13 millones de personas y en su mayoría pobres que votaron por De La Espriella. A ellos no los culpo, están hipnotizados e idiotizados, y nuestra tarea es ilustrarlos para que no sigan cometiendo esos garrafales errores que no les servirán a los intereses de todo un pueblo, sino que a los intereses de una élite traqueta, mafiosa y narcotraficante que vive en condominios y mansiones y además, fuera del país. Destacar que nuestros 13 millones de votos también son poderosos, aún más porque son 13 millones de opiniones relevantes y argumentativas, sin fanatismo político.
En el hipotético caso que Abelardo gane en los escrutinios, tengo claro porque ya lo he analizado profundamente, que él no tiene los cojones para realizar todo lo que dijo, en especial porque no tiene el conocimiento para eso, tampoco debe abusar del poder, porque cuando uno comprende el poder no solamente nacional sino que internacional, uno comprende que si Abelardo abusa de ese poder le dan golpe de Estado u ocurren estallidos sociales y se desequilibra la Nación y Abelardo no tiene la fuerza mental para eso porque es más débil que Duque y porque no tiene un argumento de peso para hacer lo que dice que va a hacer, es mera charlatanería, peor que Noboa de Ecuador, no obstante, en su ínfula de demostrar coraje puede cometer arbitrariedades que serían riesgosas y en su profunda cobardía le tocaría huir como bien huyeron muchos reyes y príncipes en los tiempos de Napoleón. Entiendan y comprendan que existe el equilibrio de poderes, y que el máximo poder lo tenemos nosotros el pueblo, porque somos más grandes que un ejército, somos un ejército, que bien dirigido y organizado podríamos derrocar a cualquier dictadorzuelo. Un panorama así mi cerebro ya lo tiene avizorado, por eso por Abelardo De La Espriella no siento miedo, porque en mí el miedo murió, está mu**to, y lo que siento por Abelardo más bien es lástima y compasión.
Atentamente, José Antonio Támara-León.
El Escribidor de La Loma del Diamante.