02/02/2026
Relato: Encuentro en el Putumayo (1985)
En lo profundo de la selva amazónica, en el corazón de la manigua y a semanas de cualquier poblado, viví una experiencia aterradora. Una noche, pude sentir un desplazamiento bípedo cerca de mí. Era evidente que no se trataba de un jaguar ni de ningún animal cuadrúpedo; era definitivamente algo de gran tamaño que caminaba en dos patas.
Podía percibir una respiración fortísima y un olor espantosamente horrible. Sentí cómo esa presencia realizaba un movimiento circular a mi alrededor, aproximándose cada vez más. El hedor era insoportable y la cercanía inminente. Como portaba un arma, empecé a disparar para alertar a quienes dormían en el campamento. De inmediato, se encendieron las linternas y los demás compañeros también accionaron sus armas hacia el follaje por puro instinto.
A la mañana siguiente, salí a explorar el lugar junto a un guía experto de la región. Entre la selva tupida, encontramos una especie de "cúpula" o catedral natural formada entre los árboles y las lianas. A unos 5 o 6 metros de altura, las lianas habían sido reventadas (no cortadas), dejando un espacio de unos 4 metros de frente por 6 de fondo.
En el suelo, encontramos una capa gruesa de una mancha oscura que parecía ser sangre acumulada. Busqué rastros o huellas en el entorno húmedo, pero no logré encontrar ninguna marca clara. Mientras tanto, esa sustancia seguía escurriendo desde la cúpula de hojas y desde un árbol de más de cuatro metros de ancho. Era como si algo hubiera rasgado esa estructura selvática para crear ese espacio.
Jamás olvidaré esa respiración y aquel hedor espantoso. Fue una experiencia muy miedosa. Conozco bien la diferencia entre los pasos de un animal y los de un humano o algo bípedo; he tenido contacto cercano con jaguares y ciervos de gran tamaño. De hecho, en una ocasión anterior, mientras bebía agua en un arroyo, un ciervo se me aproximó y, por el susto, disparé accidentalmente. Sé distinguir los animales de la zona, y les aseguro que lo que estaba allí esa noche no era un ciervo ni un jaguar.
Esto ocurrió en lo profundo de la selva amazónica, hacia el interior del Putumayo, en 1985.
#1985