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Relato: Encuentro en el Putumayo (1985)En lo profundo de la selva amazónica, en el corazón de la manigua y a semanas de ...
02/02/2026

Relato: Encuentro en el Putumayo (1985)

En lo profundo de la selva amazónica, en el corazón de la manigua y a semanas de cualquier poblado, viví una experiencia aterradora. Una noche, pude sentir un desplazamiento bípedo cerca de mí. Era evidente que no se trataba de un jaguar ni de ningún animal cuadrúpedo; era definitivamente algo de gran tamaño que caminaba en dos patas.
Podía percibir una respiración fortísima y un olor espantosamente horrible. Sentí cómo esa presencia realizaba un movimiento circular a mi alrededor, aproximándose cada vez más. El hedor era insoportable y la cercanía inminente. Como portaba un arma, empecé a disparar para alertar a quienes dormían en el campamento. De inmediato, se encendieron las linternas y los demás compañeros también accionaron sus armas hacia el follaje por puro instinto.
A la mañana siguiente, salí a explorar el lugar junto a un guía experto de la región. Entre la selva tupida, encontramos una especie de "cúpula" o catedral natural formada entre los árboles y las lianas. A unos 5 o 6 metros de altura, las lianas habían sido reventadas (no cortadas), dejando un espacio de unos 4 metros de frente por 6 de fondo.
En el suelo, encontramos una capa gruesa de una mancha oscura que parecía ser sangre acumulada. Busqué rastros o huellas en el entorno húmedo, pero no logré encontrar ninguna marca clara. Mientras tanto, esa sustancia seguía escurriendo desde la cúpula de hojas y desde un árbol de más de cuatro metros de ancho. Era como si algo hubiera rasgado esa estructura selvática para crear ese espacio.
Jamás olvidaré esa respiración y aquel hedor espantoso. Fue una experiencia muy miedosa. Conozco bien la diferencia entre los pasos de un animal y los de un humano o algo bípedo; he tenido contacto cercano con jaguares y ciervos de gran tamaño. De hecho, en una ocasión anterior, mientras bebía agua en un arroyo, un ciervo se me aproximó y, por el susto, disparé accidentalmente. Sé distinguir los animales de la zona, y les aseguro que lo que estaba allí esa noche no era un ciervo ni un jaguar.
Esto ocurrió en lo profundo de la selva amazónica, hacia el interior del Putumayo, en 1985.



#1985

"Comparto una experiencia de mis tiempos de servicio militar entre 1985 y 1990. Durante mi recorrido por zonas selvática...
27/01/2026

"Comparto una experiencia de mis tiempos de servicio militar entre 1985 y 1990. Durante mi recorrido por zonas selváticas en Ecuador, Perú y la Amazonía de Brasil, mi escuadrón y yo fuimos testigos de situaciones inexplicables que coinciden con lo que relata este video.
​Escuchamos sonidos que definitivamente no pertenecían a la fauna local. Existen relatos sobre seres con características humanoides en lo más profundo de la selva —similares a los que a veces vemos en la cultura popular como 'Blanka'—. Según lo que pudimos observar, se desplazan en grupos por las zonas más remotas y vírgenes. Son misterios que la selva aún guarda."

Soy de Puebla capital y quiero compartirles algo que me pasó hace años, cuando iba en la preparatoria.Salí de casa de mi...
12/01/2026

Soy de Puebla capital y quiero compartirles algo que me pasó hace años, cuando iba en la preparatoria.
Salí de casa de mi novia y caminé hacia la parada de autobús que me llevaba a mi casa, específicamente junto a donde ahora es la Policía Turística, por San Francisco. Eran aproximadamente las 10:00 p.m. y en esa parada no había mucha luz.
De pronto, todo se puso muy raro: dejaron de pasar autos y camiones. Un silencio total. En ese momento, vi a una persona cruzando la calle que venía directo hacia mí. A lo lejos, noté que cargaba algo de tamaño considerable en su mano izquierda (unos 45 cm de alto).
Sinceramente, no recuerdo su cara; ni siquiera le puse atención a sus rasgos. Al acercarse, me extendió la mano derecha para saludar y me dijo:
—"Hola, buenas noches, ¿conoces a L-bel?" (o el "Ángel Caído").
Cometí el error de corresponder el saludo y estrechar su mano. Enseguida sentí un nerviosismo horrible porque, cuando un poco de luz le dio a la figura que cargaba, noté que era como un ser oscuro, con alas enormes.
Me puse muy mal y le dije: "No, carnal, no me interesa". Pero la persona no se iba, se quedó ahí frente a mí, observándome. Afortunadamente, pasó mi transporte, me subí corriendo y me fui.
Al día siguiente amanecí con un dolor de cabeza insoportable. Estuve así todo el día hasta que le pedí a mi mamá (que en paz descanse) que me hiciera una "limpia". Cuando le conté lo que pasó, me regañó muchísimo; me dijo que me había dado "un aire" de una energía muy pesada. Se acabó un kilo de huevo limpiándome para poder quitarme ese malestar.

"Recuerdo que entre 1975 y 1978, mi papá tenía un negocio por el cual viajaba cada quince días hacia ese rumbo. Siempre ...
10/01/2026

"Recuerdo que entre 1975 y 1978, mi papá tenía un negocio por el cual viajaba cada quince días hacia ese rumbo. Siempre llegaba sorprendido por las cosas que veía. Él platicaba que, conforme avanzaban por la carretera, unas bolas de luz los seguían desde el monte; calculaba que estaban a unos 100 o 150 metros de distancia. Los acompañaban durante un buen rato y, de repente, desaparecían para aparecer sobre ellos, iluminando toda la carretera.
En alguna ocasión, le tocó ver a esos 'seres blancos' a la orilla del camino. El evento que más lo marcó fue un choque: él conducía una combi cerrada y sintió un fuerte impacto, como si le hubiera pegado a una vaca. Cuando bajaron a ver lo sucedido, no había absolutamente nada; solo estaban ellos con la camioneta y el golpe en el frente.
Ese día decidió no volver más, pero durante cinco años siempre regresaba de sus viajes con historias diferentes. Decía que esas bolas de luz a veces cambiaban de color e iluminaban el suelo, pero siempre iban flotando a la misma velocidad de la camioneta

08/01/2026
¡Les comparto una historia que me pasó hace años y nunca olvido!​Una vez, cuando tenía unos 14 o 15 años, viajaba de la ...
06/01/2026

¡Les comparto una historia que me pasó hace años y nunca olvido!
​Una vez, cuando tenía unos 14 o 15 años, viajaba de la Ciudad de México hacia Irapuato. Siempre he sido una persona de carácter fuerte, de los que no se quedan callados ante una injusticia o algo que no parece estar bien.
​Tomé el autobús en la Central del Norte. Todo iba normal hasta que, de repente, el autobús empezó a alcanzar una velocidad inquietante. Se balanceaba de un lado a otro y todos los pasajeros iban en un silencio absoluto, casi sepulcral.
​No me aguanté, me levanté de mi asiento y fui directo con el chofer para reclamarle. "¿Por qué va tan rápido?", le dije. La velocidad permitida era de 90 o 100 km/h, ¡y él iba volando! Al principio no me respondió nada, solo mantenía la vista fija en la carretera, como si estuviera en trance.
​Le toqué el hombro, ya molesto, y le exigí que le bajara a la velocidad. En ese momento me miró y me dijo: "Mira hacia tu lado derecho, ve hacia los cerros".
​Lo que vi me heló la sangre: unas luces rojas, de esas que llaman "danzantes", brincaban de un lado a otro en la oscuridad del cerro. Le pregunté qué estaba pasando y me soltó una respuesta que no esperaba:
​"Lo que te voy a decir no me lo vas a creer, pero son brujas. Si nos alcanzan, me van a dormir y vamos a tener un accidente. Tengo que meterle velocidad para salir de esta zona lo antes posible".
​Yo siempre he creído en estos temas, así que me quedé ahí parado junto a él. El señor ya iba a más de 140 km/h, tratando de escapar de esas luces...

Hace unos 10 años atrás, me encontraba laborando de noche, como a las 2:00 a. m., en el departamento de Trujillo, Perú. ...
06/01/2026

Hace unos 10 años atrás, me encontraba laborando de noche, como a las 2:00 a. m., en el departamento de Trujillo, Perú. Estaba cubriendo mi ronda de vigilancia cuando, de pronto, sobre mí y a una altura de unos 200 metros, se encontraba una esfera con muchas luces. Tenía un radio aproximado de 500 metros de longitud y no hacía ningún tipo de ruido.
Cuando saqué el teléfono para grabar, se me agotó de inmediato la carga del celular. Me comencé a asustar y me quedé inmóvil por un espacio de tiempo. Quise pegar un grito, pero me quedé mudo; no podía ni hablar. Solo en mi mente dije: "Qué estoy mirando, esto es impresionante". Luego, la nave, en menos de un segundo, apareció a kilómetros de distancia sobre unas montañas.

De Querétaro "Mi abuelita (que en paz descanse) nos contaba muchísimas historias que sucedieron en Querétaro. Una de las...
05/01/2026

De Querétaro

"Mi abuelita (que en paz descanse) nos contaba muchísimas historias que sucedieron en Querétaro. Una de las más fuertes fue sobre una de sus hermanitas recién nacida. Cuenta que una 'entidad' hizo que su mamá cayera en un sueño muy profundo. Cuando el esposo llegó y logró despertarla, se dieron cuenta de que la pequeña ya no tenía vida. Al llevarla con el médico, él se quedó impresionado porque la bebé estaba totalmente pálida, como si le hubieran quitado toda su vitalidad, y lo más extraño es que tenía marcas inexplicables en las plantas de sus pies."

De coahuila, México "Les comparto una historia de Coahuila sobre los 'hombres alados'. En 2006, viajaba de Piedras Negra...
05/01/2026

De coahuila, México

"Les comparto una historia de Coahuila sobre los 'hombres alados'. En 2006, viajaba de Piedras Negras a la Ciudad de México y me tocó hacer escala en Monclova a medianoche. Mientras esperaba en los andenes, llegó un camión de Saltillo con la defensa de acero muy doblada.
El chofer y los pasajeros bajaron de inmediato a revisar el golpe. Escuché al conductor decir que, en la carretera de la Sierra de la Muralla, vio un cuerpo tirado; al acercarse, el ser se levantó y se lanzó contra el autobús. El chofer afirmó, con asombro, que la criatura tenía grandes alas. A pesar de la maniobra para esquivarlo, el impacto fue inevitable y todos los pasajeros sintieron la colisión. Fue algo impresionante."

Mi abuela materna nació un 20 de noviembre de 1909, apenas un año antes del estallido de la Revolución. Por otro lado, m...
04/01/2026

Mi abuela materna nació un 20 de noviembre de 1909, apenas un año antes del estallido de la Revolución. Por otro lado, mi abuelo paterno (nacido en 1892) vivió el conflicto en carne propia. Peleó en las filas federales, con Villa, Carranza y Madero, e incluso bajo el mando del "Granito de Oro".
Lo curioso era su perspectiva: para él, los caudillos no eran héroes. Tenía sus preferencias claras; le gustaba pelear junto a Villa y contra los Cristeros, pero no simpatizaba con Zapata. Decía que le faltaba arrojo y que no salía de Morelos. ¡Cosas de la época!
Un galés en la "bola":
Mi abuelo paterno tenía una historia particular. Al ser hijo de padres británicos (galés e inglesa) nacido en Hidalgo, era muy blanco. Para no llamar la atención ni ser blanco fácil en "la bola", ¡tenía que ponerse ceniza en la cara para oscurecer su piel!
Llevaba la guerra en la sangre: su padre (mi bisabuelo) peleó en las Guerras Boer para la Reina Victoria y el Rey Eduardo VII. Esos trucos de guerra británicos se los heredó a mi abuelo y luego a mi papá.
Recuerdos de Tacubaya:
Mi otra abuela nació en 1904, cuando Tacubaya aún era un pueblo y no la colonia que es hoy en la CDMX. Ella creció entre balas y campamentos; su padre era soldado de la Revolución y su madre una valiente soldadera. Ella los acompañaba a todos lados, recolectando las historias que después me contaría mi mamá.

Hace unos 15 años viví algo con mi familia que, al día de hoy, me sigue quitando el sueño.Íbamos cruzando Saltillo rumbo...
04/01/2026

Hace unos 15 años viví algo con mi familia que, al día de hoy, me sigue quitando el sueño.
Íbamos cruzando Saltillo rumbo a Zacatecas en una camioneta de 7 pasajeros. Yo venía en la última fila, acostada en las piernas de mi mamá. De pronto, ella se despertó de un salto, asustada. Dicen que la conexión madre e hijo es real, porque yo sentí su miedo y desperté al mismo tiempo.
Mi mamá estaba pálida, mirando hacia el vidrio de atrás. Le preguntó a mi papá con la voz temblorosa si él también lo veía: era un "niño", iba como flotando, recargado totalmente en el parabrisas trasero.
Yo también lo vi. No era un reflejo, era algo que iba ahí, pegado a nosotros mientras avanzábamos a toda velocidad.

Rezamos todo el camino hasta llegar a un restaurante que ya conocíamos. Pero esa noche todo era diferente. La luz estaba tenue, el ambiente se sentía pesado y nadie hablaba. Cenamos rápido y seguimos la ruta, pero el miedo ya no nos dejó.

Para que mi tío no se durmiera al volante, me quedé platicando con él mientras los demás dormían. De la nada, un bulto blanco, como un bebé envuelto en sábanas, se atravesó en medio de la carretera.
Mi tío dio un volantazo horrible. Casi nos volcamos. El frenón despertó a todos los que faltaban. Mi abuelita venía delicada de salud (iba canalizada), así que el susto fue doble. Tuvimos que llamar al 911 a mitad de la nada para que revisaran que ella estuviera estable por los nervios.
Al final llegamos bien al rancho, pero la decisión fue unánime: jamás volveríamos a viajar de noche.
¿Qué era ese niño que flotaba atrás de la camioneta? ¿Qué era ese bulto que nos quiso sacar del camino? Nunca lo sabremos, pero el recuerdo sigue intacto.

Quiero compartir una experiencia real que viví en el Hospital Nacional San Juan de Dios de San Miguel, El Salvador. Lo c...
03/01/2026

Quiero compartir una experiencia real que viví en el Hospital Nacional San Juan de Dios de San Miguel, El Salvador. Lo cuento porque yo misma lo vi y lo sentí.

Eran pasadas las doce de la noche y me tocaba amamantar a mi hijo. Una enfermera me advirtió: "No se vaya a salir del área de pediatría con el niño". Sin embargo, como no había sillas cómodas adentro, no hice caso y me salí a sentar afuera para estar más tranquila.

De pronto, el ambiente cambió. Se escuchó un grito aterrador que me heló la sangre. Vi una sombra extraña en las gradas y, en ese momento, salió una enfermera corriendo y me dijo asustada: "¡Entre con el niño, muchacha! ¡Esto que está pasando no es normal!".

El misterio del piso de pediatría
Ya resguardadas, me explicó la historia: hace tiempo, una mujer se lanzó de ese piso tras recibir la noticia de que su bebé había mu**to en la incubadora. Dicen que todas las noches, a la misma hora, se repite la misma escena trágica.

Además, me comentó que justo debajo del área de incubadoras se encuentra la morgue, lo que hace que la energía del lugar sea muy pesada. Antes de escuchar el grito, sentí una brisa tan fría que me quedé helada, y mi bebé no paraba de llorar como si estuviera viendo algo que yo no podía ver.
Confirmo que en el Hospital de San Miguel asustan. Fue una experiencia que jamás olvidaré.

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