23/09/2024
Cuando la Muerte se Sienta a la Mesa
Todo comenzó como un almuerzo de celebración familiar, uno de esos momentos donde la alegría y el amor fluyen. Estábamos en un restaurante, disfrutando una picada de carnes, yuca y papa, cuando de repente, sentí una incomodidad en la garganta. Al principio, no le di mucha importancia, pero en segundos, la sensación se volvió desesperante. Me estaba ahogando.
El pánico se apoderó de mí, y aunque podía escuchar los gritos y llantos de mi esposa, lo que más me golpeaba era el llanto desesperado de mi hija, María Ángel. Imaginaba lo peor, y en ese instante pensé que mi vida terminaba ahí, frente a los ojos de quienes más amo.
Pero en medio de esa burbuja de angustia, apareció un verdadero ángel. Era alguien capacitado para estas emergencias. Me dio tres golpes fuertes en la espalda y presionó mi pecho, hasta que logré expulsar ese trozo de yuca que casi me quita la vida.
Ese fue, sin duda, el susto más grande que he tenido. Vi reflejado en los ojos de mi hija el dolor que le habría causado perderme. Me di cuenta de que, aunque soy un sobreviviente de muchas situaciones, este fue el más impactante de todos. Tal vez aún me queda mucho por vivir, para seguir inspirando y enseñando a través de mi arte.
Hoy comprendo que, como payaso viajero, siempre he sabido que cada día puede ser el último. Pero también he aprendido que de la tragedia puede nacer la comedia, porque después del susto, cuando estábamos los tres juntos en casa, no pudimos hacer otra cosa más que reír a carcajadas. Celebro la vida y agradezco a Dios, al hombre que me salvó, y a mi familia, por recordarme lo frágil y preciosa que es la vida.