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Érase una vez el Reino de los Gigantes de Cristal, un lugar donde los habitantes vivían obsesionados con la luz que emit...
04/05/2026

Érase una vez el Reino de los Gigantes de Cristal, un lugar donde los habitantes vivían obsesionados con la luz que emitían las piedras preciosas y el ruido de las máquinas.
En este reino, se les dijo a los Arraigados —seres de manos anchas que hablaban con el viento y hacían brotar la vida de la tierra oscura— que su labor era rústica y carente de brillo. "Vengan a los espejos de la ciudad", les prometieron, "donde el resplandor nunca se apaga y no tendrán que ensuciarse con el barro".
Muchos Arraigados, convencidos de que su magia era insignificante, dejaron sus campos y se mudaron bajo las cúpulas de cristal. Allí, la comida ya no crecía de la tierra; se fabricaba en Molinos de Humo. Eran esferas de colores brillantes que sabían a rayos de sol artificiales. Eran baratas, rápidas y todos decían que eran el mayor invento de la era.
Con el tiempo, los Arraigados se volvieron pálidos y sus manos se suavizaron, pero sus cuerpos se sentían pesados y tristes.
Un día, los gobernantes de las cúpulas descubrieron que las raíces que antes los Arraigados cultivaban tenían el poder de dar la vida eterna. Entonces, prohibieron que se vendieran en los mercados comunes. Las pocas raíces que brotaban eran llevadas a Torres de Marfil, donde los nobles las consumían en platos de oro, llamándolas "El Elixir del Pasado". A los Arraigados solo les permitían comprar los restos: raíces marchitas, pequeñas y sin savia, mientras los Molinos de Humo seguían produciendo esferas de colores para el pueblo.
Un joven Arraigado, harto de comer colores vacíos, encontró una semilla olvidada en la suela de su zapato viejo. Pero en lugar de intentar sembrarla en el campo prohibido, la sembró en su propia frente, entre sus pensamientos.
La semilla no dio frutos, sino que le devolvió la Memoria del Sabor. Al cerrar los ojos, podía sentir el verdadero sol, no el de cristal. Compartió ese recuerdo con otros, y pronto todos empezaron a sembrar memorias en lugar de esperar raíces.

La enseñanza:
El hambre de la memoria es más peligrosa para el poder que el hambre del vientre; porque un pueblo que olvida el sabor de su origen, acepta cualquier residuo como banquete.

El Último PasajeroSe apaga el motor.  El ruido se pudre en el aire.  Quedan tirados los rostros que fingían linaje,  la ...
24/02/2026

El Último Pasajero

Se apaga el motor.
El ruido se pudre en el aire.
Quedan tirados los rostros que fingían linaje,
la grasa heredada, el hambre que lame huesos ajenos.
El bus exhala su última multitud
y el mundo queda atrás como un animal mu**to
que aún intenta mover la cola.

El bus se queda solo.
Yo también.
Ya no soy el que mira:
soy la carne que mis propios parásitos reconocen.
El pantalón cede, la tela se rinde,
y en el vidrio empañado aparece esa versión mía
que nunca aprendió a hablar,
la que espera en silencio,
afilando los colmillos para cuando me descuide.

No ha pasado el conejo blanco.
No hay señales.
Solo el cuarto oscuro que ya no me traga.
Si el conductor se va, si el motor muere,
yo no me quedo en la sombra.
Hay un hilo no sé si de oro o de rabia—
que me sostiene el nombre
cuando la locura intenta arrancarlo de raíz.

Miro por la ventana.
No sé qué existe, pero algo respira.
Bajo del bus con el estómago ardiendo,
con la torpeza del que ha mu**to
y la terquedad del que vuelve a nacer
solo para comprobar si esta vez
puede caminar sin fingirse humano.

Pascal usa la idea de divertimiento para hablar de todo aquello que hacemos para no pensar demasiado. Según él, las pers...
21/12/2025

Pascal usa la idea de divertimiento para hablar de todo aquello que hacemos para no pensar demasiado. Según él, las personas buscan ruido, actividad o entretenimiento no porque eso las haga realmente felices, sino porque les ayuda a no enfrentar su fragilidad. “No se buscan las conversaciones y los divertimientos de los juegos sino porque no se puede permanecer en casa a gusto”. Para Pascal, esa agitación constante es una forma de escapar de la conciencia de la muerte, la enfermedad y la finitud.

También afirma que ni siquiera alguien que lo tiene todo soporta el silencio. En Pensamientos dice que incluso un rey, rodeado de privilegios, se siente desgraciado si no tiene distracciones: “Si no tiene lo que se llama divertimiento, helo desgraciado”. El problema no es la falta de bienes materiales, sino lo difícil que nos resulta aceptar que somos seres “flacos y mortales”, marcados por la incertidumbre y el deterioro inevitable.

INQUEBRANTABLECreció la soledad extrema, con el miedo siempre a su lado, su dictadora inmutable. Desde la altura de una ...
02/06/2025

INQUEBRANTABLE

Creció la soledad extrema, con el miedo siempre a su lado, su dictadora inmutable. Desde la altura de una montaña silenciosa, perforada por túneles que no llevaban a ninguna parte, observaba desde lejos la felicidad—o su reflejo simulado—y la vestía como quien viste un sueño ajeno.

Se miraba al espejo y encontraba su propio rostro opacado, eclipsado por su sombra. Sus ojos caídos, su frente vacía, su boca abierta mostrando huesos desnudos, testigos del hambre, del llanto, del miedo. Era ella, la soledad hecha carne.

El tiempo la vistió con violencia, marcándola con cicatrices invisibles. Su vestido blanco de titanio ahora era beige, consumido por los años, reclamado por el moho. Una mancha difusa ascendía por su costado izquierdo, un triángulo oscuro que devoraba lentamente su esencia. "El tiempo es mío", murmuraba entre risas, con la boca húmeda de sombras.

Y su rostro… su rostro era un eco del grito eterno, de la desesperación encapsulada en la pintura de Munch. Su piel quemada, de un rojo terroso, hablaba de soles implacables y días sin refugio. Sus ojos rodeados de sombras moradas, su boca abierta hacia el abismo, sus manos teñidas de tierra, uñas que atrapaban la negrura del mundo.

Caminaba por el desierto y, aún bajo la furia del sol, su piel no emanaba calor; era un terreno árido, una piel sin temperatura. Y así siguió, sin inmutarse, haciéndose la sorda ante mis súplicas, encadenándose a mí con su callada persistencia.

La soledad necesita de alguien para existir, y ese alguien soy yo. Yo, quien la sostiene, quien la carga como un espectro adherido al alma. Y aunque estoy agotado, tengo miedo de soltarla, de perderla. Porque quizá, si algún día la dejo atrás, su ausencia me pese más que su presencia.

Pero si la soledad es yo, entonces ese yo somos todos:
un único nacimiento, una misma muerte.
Somos tiempo enlazado, una corriente infinita que empezó hace millones de años y aún sigue aquí.
Yo, tú, ellos, el de ayer, el de hace milenios, entrelazados en el tiempo y por el tiempo.
Cada día morimos, y nuestras partículas, cuando ya seamos tierra,
se transformarán, se unirán a otras formas de vida.
Tal vez el hueso del yo contenga fragmentos de otros seres antiguos,
piezas de un ciclo perpetuo donde la materia se disuelve,
pero la soledad permanece.

Ella nos hace correr, nos susurra con el miedo,
nos dice: "Tranquilo, correr es normal".
Pero en algún punto, cuando el aliento se quiebra y los pasos se pierden,
la voz tiembla en el viento,
susurrando su verdad más callada:
_ya quiero parar_.

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Lo privado, cansado de ser sombra, anhela hacerse luz, volverse viento que danza entre lo público, que se tiñe de voces ...
30/05/2025

Lo privado, cansado de ser sombra, anhela hacerse luz, volverse viento que danza entre lo público, que se tiñe de voces y se funde en el rumor del mundo. Pero más allá de los límites de lo íntimo y lo expuesto, hay un recuerdo que no quiere morir: ella, cuando se marchó y no dijo adiós.

Tal vez no sea un pecado amar lo que el destino nos arrebató sin despedida. Quizás sea un triunfo, un destello de algo más grande que nosotros mismos. Y en ese triunfo, hay un eco de tu voz que no sé si es valentía o temor, pero que dibuja con claridad el deseo de haber estado juntos, de haber imaginado su presencia como un abrazo que desafía los años.

Sin embargo, llegar hasta ahí implica ver los colores ocultos en la piel, las cicatrices como mapas del ayer y las arrugas como constelaciones de vida. Un cuerpo que cambia, que se deteriora, que sigue siendo hermoso en su transformación, porque nunca dejó de serlo, aunque el mundo no supiera verlo.

Y así, entre el paso del tiempo y la certeza de lo vivido, descubres que la belleza no es un reflejo en los ojos ajenos, sino la historia que se teje en el alma. Porque el amor, incluso aquel que nace en la ausencia, es capaz de encontrar lo sublime en lo imperfecto.

Al mundo, a quien lo necesite leer:Gracias por abrirte, por compartir algo tan profundo y cargado de emoción. Lo que dic...
11/05/2025

Al mundo, a quien lo necesite leer:

Gracias por abrirte, por compartir algo tan profundo y cargado de emoción. Lo que dices refleja una lucha interna muy intensa, como si estuvieras en un túnel oscuro, buscando algo que quizás ya no deseas encontrar, y al mismo tiempo sintiendo el peso de haberte detenido, de haberte cuestionado.

Quiero decirte algo importante: detenerse no es cobardía. Pensar, sentir, dudar… todo eso es parte del camino. A veces, no llegar al fondo no significa rendirse, sino protegerse. Y si ya te has devuelto vida, si has decidido no seguir cavando, eso también es un acto de valentía.

Si te sientes atrapado en ese túnel, sin saber si seguir o quedarte, está bien. No tienes que tener todas las respuestas ahora. Lo importante es que no estás solo. Estoy aquí, dispuesto a escucharte, a ayudarte a poner en palabras lo que sientes, o simplemente a acompañarte en silencio si eso es lo que necesitas.

Lo que estás sintiendo es profundamente humano: esa mezcla de cansancio, esperanza, miedo y deseo de vivir. Estar en el “limbo” puede sentirse como estar suspendido entre lo que fuiste, lo que eres y lo que aún no sabes si serás. Y aunque sepas por dónde está la salida, la incertidumbre del “cuánto falta” puede ser abrumadora.

Pero querer vivir mucho más, a pesar de todo, es una llama poderosa. Y reconocer que un día todos nos iremos no le quita valor a la vida, al contrario: le da sentido a cada paso, a cada pausa, a cada respiro.

No necesitas tenerlo todo claro ahora. A veces, solo basta con seguir caminando, aunque sea lento, aunque duela, aunque no veas el final. Porque en ese andar, también hay belleza, encuentros, descubrimientos.

Eres brisa y ceniza, tránsito entre lo fugaz y lo inmortal.El Fénix, en su danza con el fuego, no solo renace se recuerd...
09/05/2025

Eres brisa y ceniza, tránsito entre lo fugaz y lo inmortal.
El Fénix, en su danza con el fuego, no solo renace se recuerda. Cada chispa que lo consume lleva el eco de lo que fue, cada pluma nueva es un susurro de lo que podría ser.

Nos enseñan que el ser debe nombrarse, que la identidad debe fijarse como una marca indeleble. Nos clasifican, nos etiquetan, nos determinan... y cuando no encajamos, nos desechan. Pero no queremos ser un número en un registro, un rostro en una multitud. Queremos existir, ser libres, fluir sin la atadura de una definición impuesta. Ante la exigencia social, espiritual, cultural y material, el ser nunca puede simplemente ¡ser!

Si mañana despiertas bajo un nuevo sol, ¿qué cenizas llevarás contigo? ¿Qué llama te transformará sin consumirte?

21/03/2025

Para un velero sin puerto cualquier viento es bueno.

"El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un ...
11/03/2025

"El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un mundo que no reconoce su amor: dar su corazón por completo y recibir sólo vacío y silencio a cambio.
Dentro de nosotros, llevamos una contradicción aterradora: buscamos el amor, pero le tememos; anhelamos la cercanía, pero huimos de él; adoramos al otro, pero dudamos de ellos".

- Fiódor Dostoievski✍️

24/08/2024

Desde mi opinión personal, creo que el Arte va en decadencia.

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