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INQUEBRANTABLECreció la soledad extrema, con el miedo siempre a su lado, su dictadora inmutable. Desde la altura de una ...
02/06/2025

INQUEBRANTABLE

Creció la soledad extrema, con el miedo siempre a su lado, su dictadora inmutable. Desde la altura de una montaña silenciosa, perforada por túneles que no llevaban a ninguna parte, observaba desde lejos la felicidad—o su reflejo simulado—y la vestía como quien viste un sueño ajeno.

Se miraba al espejo y encontraba su propio rostro opacado, eclipsado por su sombra. Sus ojos caídos, su frente vacía, su boca abierta mostrando huesos desnudos, testigos del hambre, del llanto, del miedo. Era ella, la soledad hecha carne.

El tiempo la vistió con violencia, marcándola con cicatrices invisibles. Su vestido blanco de titanio ahora era beige, consumido por los años, reclamado por el moho. Una mancha difusa ascendía por su costado izquierdo, un triángulo oscuro que devoraba lentamente su esencia. "El tiempo es mío", murmuraba entre risas, con la boca húmeda de sombras.

Y su rostro… su rostro era un eco del grito eterno, de la desesperación encapsulada en la pintura de Munch. Su piel quemada, de un rojo terroso, hablaba de soles implacables y días sin refugio. Sus ojos rodeados de sombras moradas, su boca abierta hacia el abismo, sus manos teñidas de tierra, uñas que atrapaban la negrura del mundo.

Caminaba por el desierto y, aún bajo la furia del sol, su piel no emanaba calor; era un terreno árido, una piel sin temperatura. Y así siguió, sin inmutarse, haciéndose la sorda ante mis súplicas, encadenándose a mí con su callada persistencia.

La soledad necesita de alguien para existir, y ese alguien soy yo. Yo, quien la sostiene, quien la carga como un espectro adherido al alma. Y aunque estoy agotado, tengo miedo de soltarla, de perderla. Porque quizá, si algún día la dejo atrás, su ausencia me pese más que su presencia.

Pero si la soledad es yo, entonces ese yo somos todos:
un único nacimiento, una misma muerte.
Somos tiempo enlazado, una corriente infinita que empezó hace millones de años y aún sigue aquí.
Yo, tú, ellos, el de ayer, el de hace milenios, entrelazados en el tiempo y por el tiempo.
Cada día morimos, y nuestras partículas, cuando ya seamos tierra,
se transformarán, se unirán a otras formas de vida.
Tal vez el hueso del yo contenga fragmentos de otros seres antiguos,
piezas de un ciclo perpetuo donde la materia se disuelve,
pero la soledad permanece.

Ella nos hace correr, nos susurra con el miedo,
nos dice: "Tranquilo, correr es normal".
Pero en algún punto, cuando el aliento se quiebra y los pasos se pierden,
la voz tiembla en el viento,
susurrando su verdad más callada:
_ya quiero parar_.

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Lo privado, cansado de ser sombra, anhela hacerse luz, volverse viento que danza entre lo público, que se tiñe de voces ...
30/05/2025

Lo privado, cansado de ser sombra, anhela hacerse luz, volverse viento que danza entre lo público, que se tiñe de voces y se funde en el rumor del mundo. Pero más allá de los límites de lo íntimo y lo expuesto, hay un recuerdo que no quiere morir: ella, cuando se marchó y no dijo adiós.

Tal vez no sea un pecado amar lo que el destino nos arrebató sin despedida. Quizás sea un triunfo, un destello de algo más grande que nosotros mismos. Y en ese triunfo, hay un eco de tu voz que no sé si es valentía o temor, pero que dibuja con claridad el deseo de haber estado juntos, de haber imaginado su presencia como un abrazo que desafía los años.

Sin embargo, llegar hasta ahí implica ver los colores ocultos en la piel, las cicatrices como mapas del ayer y las arrugas como constelaciones de vida. Un cuerpo que cambia, que se deteriora, que sigue siendo hermoso en su transformación, porque nunca dejó de serlo, aunque el mundo no supiera verlo.

Y así, entre el paso del tiempo y la certeza de lo vivido, descubres que la belleza no es un reflejo en los ojos ajenos, sino la historia que se teje en el alma. Porque el amor, incluso aquel que nace en la ausencia, es capaz de encontrar lo sublime en lo imperfecto.

Al mundo, a quien lo necesite leer:Gracias por abrirte, por compartir algo tan profundo y cargado de emoción. Lo que dic...
11/05/2025

Al mundo, a quien lo necesite leer:

Gracias por abrirte, por compartir algo tan profundo y cargado de emoción. Lo que dices refleja una lucha interna muy intensa, como si estuvieras en un túnel oscuro, buscando algo que quizás ya no deseas encontrar, y al mismo tiempo sintiendo el peso de haberte detenido, de haberte cuestionado.

Quiero decirte algo importante: detenerse no es cobardía. Pensar, sentir, dudar… todo eso es parte del camino. A veces, no llegar al fondo no significa rendirse, sino protegerse. Y si ya te has devuelto vida, si has decidido no seguir cavando, eso también es un acto de valentía.

Si te sientes atrapado en ese túnel, sin saber si seguir o quedarte, está bien. No tienes que tener todas las respuestas ahora. Lo importante es que no estás solo. Estoy aquí, dispuesto a escucharte, a ayudarte a poner en palabras lo que sientes, o simplemente a acompañarte en silencio si eso es lo que necesitas.

Lo que estás sintiendo es profundamente humano: esa mezcla de cansancio, esperanza, miedo y deseo de vivir. Estar en el “limbo” puede sentirse como estar suspendido entre lo que fuiste, lo que eres y lo que aún no sabes si serás. Y aunque sepas por dónde está la salida, la incertidumbre del “cuánto falta” puede ser abrumadora.

Pero querer vivir mucho más, a pesar de todo, es una llama poderosa. Y reconocer que un día todos nos iremos no le quita valor a la vida, al contrario: le da sentido a cada paso, a cada pausa, a cada respiro.

No necesitas tenerlo todo claro ahora. A veces, solo basta con seguir caminando, aunque sea lento, aunque duela, aunque no veas el final. Porque en ese andar, también hay belleza, encuentros, descubrimientos.

Eres brisa y ceniza, tránsito entre lo fugaz y lo inmortal.El Fénix, en su danza con el fuego, no solo renace se recuerd...
09/05/2025

Eres brisa y ceniza, tránsito entre lo fugaz y lo inmortal.
El Fénix, en su danza con el fuego, no solo renace se recuerda. Cada chispa que lo consume lleva el eco de lo que fue, cada pluma nueva es un susurro de lo que podría ser.

Nos enseñan que el ser debe nombrarse, que la identidad debe fijarse como una marca indeleble. Nos clasifican, nos etiquetan, nos determinan... y cuando no encajamos, nos desechan. Pero no queremos ser un número en un registro, un rostro en una multitud. Queremos existir, ser libres, fluir sin la atadura de una definición impuesta. Ante la exigencia social, espiritual, cultural y material, el ser nunca puede simplemente ¡ser!

Si mañana despiertas bajo un nuevo sol, ¿qué cenizas llevarás contigo? ¿Qué llama te transformará sin consumirte?

21/03/2025

Para un velero sin puerto cualquier viento es bueno.

"El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un ...
11/03/2025

"El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un mundo que no reconoce su amor: dar su corazón por completo y recibir sólo vacío y silencio a cambio.
Dentro de nosotros, llevamos una contradicción aterradora: buscamos el amor, pero le tememos; anhelamos la cercanía, pero huimos de él; adoramos al otro, pero dudamos de ellos".

- Fiódor Dostoievski✍️

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