01/06/2026
Hay ciudades que te deslumbran con sol y playas, y luego está Praga, que te conquista con su sombra, su frío y su silencio.
Gótica, oscura, de un magnetismo casi reverencial. Mientras el mundo suele huir del invierno, yo me sentí extrañamente en casa. Caminar por Praga es como leer una novela antigua cuyas páginas han resistido al tiempo: su arquitectura se mantiene intacta, fiel a su propia historia, ajena a las modas pasajeras.
Me dediqué al arte de perderme. A contemplar cada esquina, cada gárgola, cada puente que parecía flotar en la niebla. Su arte y su misticismo me cautivaron de una forma que no se puede explicar con colores brillantes; Praga exige una mirada más profunda. Una mirada que sabe que la verdadera belleza no necesita luces artificiales para brillar.
Praga no se visita: te sumerges en ella y dejas que te transforme el ritmo.