27/09/2025
En un pueblo olvidado, rodeado de bosques espesos, existe una casa que nadie se atreve a mirar demasiado tiempo. Las ventanas parecen ojos hundidos que observan a cualquiera que pase. La historia dice que allí vivía una familia que desapareció en una sola noche, dejando la mesa servida, las velas encendidas y un silencio imposible. Nadie encontró sus cuerpos, pero los vecinos juraban escuchar pasos en el desván y risas infantiles en la madrugada.
Hace unos años, un grupo de jóvenes entró con cámaras, querían demostrar que todo era un mito. Nunca regresaron. Solo apareció la cámara de uno de ellos en la carretera, grabando una última imagen: una figura altísima, con brazos demasiado largos y un rostro sin boca, parado detrás de la escalera de madera, como esperando que subieran.
El detalle más perturbador es que en la grabación, al fondo, se escucha claramente una voz susurrando el nombre de cada uno, uno por uno, como si ya supiera quiénes iban a morir. Desde entonces, cuando alguien osa acercarse a esa casa, siempre escucha su propio nombre pronunciado entre el viento.
Y los que lo escuchan, tarde o temprano… desaparecen también.