16/07/2024
Las obras de Durango, o de Julices (como lo llamó Manuel Mejia Vallejo en su taller de escritores) son parte de sus paisajes interiores, de sus sueños y pesadillas, que él comparte con nosotros, espectadores del asombro, para decirnos que la vida es una explosión, una luz que agoniza, una lámpara vieja-de las que cantó el poeta- en la que es posible encontrar un genio intemporal. O la nada. El arte nos hace sentir menos mortales, penetra en nuestras galerías secretas, nos libera de la producción en serie. Nos humaniza. Y todo esto, me parece, es lo que nos propone la creación y creatividad de Julio César Muñoz Durango.
REINALDO SPITALETTA.