12/02/2019
No hay nada que nos robe más nuestra identidad que una malsana y constante comparación personal o profesional, este hábito constante puede atormentar a muchos desde la infancia hasta la adultez, sobretodo a todos aquellos que han sido impulsados a querer ser parte de un “canon” de éxito que establece cada cultura de la cual hemos sido influenciados.
Esa misma comparación mal medida nos puede llevar a perder el gozo, la dicha de crecer y aprender de nuestras propias experiencias a tal punto que preferimos ver a los demás en un mejor papel y a nosotros mismos en un papel inferior, sin bastar eso, nos ponemos en ocasiones el papel más bajo y tendemos indirectamente a vernos como descalificados, sobretodo en la industria profesional creativa y más aún con el fuerte impacto de las redes sociales en nuestro habitual andar, por ejemplo: ¿Quién es mejor en alguna técnica?¿Quién tiene mejores herramientas?¿Quién tiene los clientes más grandes?, ¿ Quién tiene la mejor oficina?, etc.
La comparación desmedida puede matar tu espíritu profesional, está bien que valores y admires el trabajo de los demás pero cuando vuelvas la mirada hacia el tuyo, no te resientas y lo mires como si fuera nada, más bien medita en tus avances personales, revisa los que has avanzado desde hace 2 años atrás hasta el presente y si te enfrentas con que crees que no has crecido, estás errado, tal vez estas desestimando cada experiencia y no tomando el aprendizaje que ha dejado cada una de ellas, sean negativos o positivos tales sucesos proyéctate siempre a un aprendizaje constante de ti mismo y no compitas con más nadie, hazlo contigo mismo porque solo tu podrás llevar tu carga y el éxito de los demás le pertenece a los demás, concéntrate en encontrar tu propio éxito profesional viéndote no como un profesional más, sino como alguien que tiene un criterio y estilo propio, como dice algún dicho: compite solo contra el que ves en el espejo.
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