03/07/2025
solteros millonarios
libro1
capitulo 9
Amy se despertó en medio de la noche y se estiró. ¡ O u c h ! Estaba increíblemente dolorida. Le llevó un minuto despertar completamente, y cuando estaba más consciente, tardo solo unos segundos en incorporarse en la cama. ¿Qué había hecho? Había tenido relaciones sexuales con su jefe. ¿Había tenido relaciones sexuales con su jefe? ¿Qué estúpida podía llegar a ser? ¿Pensaría él ahora que estaría a su entera disposición en cualquier momento que tuviera ganas de satisfacer sus necesidades? Probablemente pensaba que podía aparecer de repente, tener relaciones sexuales con ella, y luego escabullirse en mitad de la noche. De ninguna manera iba a usarla para luego ignorarla. ¿Cómo lo iba a hacer a partir de ahora? Tenía dos opciones. Podría montar una gran escena, gritarle, y renunciar a su trabajo, aunque eso no sonaba muy atractivo. La otra opción era fingir que no había pasado nada. Le gustaba más esta opción. Solo tenía que asegurarse de no volver a ponerse en ninguna otra situación comprometedora. No le dejaría volver a estar en su casa a solas — nunca. Sabía que un simple roce la haría olvidar su cuidadoso plan y toda idea de resistirse. No podía permitirse estar en situaciones donde él la pudiese tocar. Se inventaría un novio. Eso haría que él dejase de pensar que podría aprovecharse de ella. Le diría que tiene una relación comprometida a largo plazo pero que tuvo un desliz. Sintió un poco de pena, sabiendo que jamás repetiría una experiencia tan satisfactoria. Para ser la primera vez que había hecho el amor, la experiencia había sido inolvidable. No tenía idea de que su cuerpo podía dar y recibir tanto placer en tantos lugares. No había duda de que estaba deliciosamente dolorida, pero había merecido tanto la pena. Ahora entendía por qué tanto alboroto. Había leído que el s**o por primera vez no solía ser una buena experiencia. Esas personas no debían haber hecho el amor con alguien como Lucas Anderson. Tuvo que sonreír ante la ironía. El hombre que parecía un dios griego, que tenía más dinero que lo que cualquiera pudiese necesitar, y que hacía el amor como la fantasía de cada niña hecha realidad. Nada de eso importaba, sin embargo. Fue un error, uno que no se repetiría jamás. Un error que no iba a cambiar sus planes de vida. Amy se fue al baño y se limpió. Estaba tendida hacia abajo cuando finalmente cayó en que no habían usado protección. Se sentó de golpe en la cama otra vez. Estaba consternada al pensar en la estupidez de tener relaciones
sexuales sin protección. No estaba preparada para ser madre todavía. Siempre había soñado con tener hijos, pero no hechos de esta manera. No daría al niño si se quedara embarazada, pero ¿cómo iba a ser capaz de manejar todo esto? Tendría que dormir y meditarlo posteriormente. No sabía nada todavía. Probablemente estaba exagerando. Se habían acostado solo una vez. Era poco probable que hubiesen hecho un bebé la primera y única vez que habían dormido juntos. Amy durmió a trompicones el resto de la noche. Soñó que acabar de dar a luz a la más preciosa niña. La estaba abrazando contra su pecho, sintiendo esa unión con su pequeña recién nacida. El bebé era perfecto en todos los sentidos. De repente, Lucas entró en la habitación con tres hombres, todos con trajes de diseño. Empezaron a hablar la jerga legal, y de pronto ella se miró hacia abajo y ya no tenía al bebé. Lucas lo tenía. Luego entró una alta y explosiva rubia, y él le entregó el bebé. "Aquí tienes, cariño. Te dije que tendría un bebé para ti. Todo lo que quieras es tuyo," dijo mientras salían juntos de la sala, dejando a Amy llorando por su bebé en la fría habitación. Amy se despertó mu**ta de miedo. El sueño había parecido tan real. Se sorprendió al ver lágrimas reales cayendo por sus mejillas. Se consideraba una mujer fuerte, pero había una cosa que podría hacerla caer sobre sus rodillas. Amy no podría sobrevivir si alguien le robase esa familia que deseaba tan desesperadamente. Se dio por vencida y se levantó de la cama para prepararse el desayuno. Trató de leer un rato, pero no podía concentrarse. Cada movimiento que hacía despertaba ese desconocido dolor que sentía y hacía que su cuerpo recordase su provocativo encuentro con Lucas. Decidió dar un paseo por los jardines y centrarse en respirar el hermoso y limpio aire de la mañana. Era exactamente lo que necesitaba para despejar la cabeza. Paseó durante un par de horas cuando Joseph apareció de repente, haciendo que su corazón diese un vuelco. "¿Cómo te va, señorita? Espero que hayas dormido bien." Amy se preguntaba cómo no pudo haber visto a un hombre tan enorme acercándose a ella. "He dormido muy bien," respondió ella automáticamente. Las ojeras delataban su mentira, pero él era demasiado caballero para contradecirla. "Pareces un poco nerviosa por algo. Si hay algo que yo pueda hacer, todo lo que tienes que hacer es pedírmelo." "Todo está bien, señor Anderson. Solo estoy pensando en la mudanza y el trabajo. Ha sido muy amable, y no me quiero aprovechar. Me siento un poco culpable incluso por haberme quedado anoche en su casa," respondió ella.
"Amy, no hieras mis sentimientos. Pensé que la cabaña sería confortable. Yo mismo he dormido allí un par de veces cuando mi esposa se ponía enferma con mi actitud," se rio entre dientes. "Oh no, señor Anderson, me encanta la casa de campo. Es simplemente muy difícil para mí aceptar limosnas. Aprecio que me ofreciese un lugar para quedarme, y tengo que decir que ya me he enamorado de la cabaña. Es perfecta en todos los sentidos," respondió ella rápidamente, sin querer ofenderle. "Katherine sigue durmiendo. Debe dejar que su belleza descanse," se rio entre dientes. "Por favor, acompáñame a la terraza y desayunemos. Me encanta comer con una hermosa joven. Hace que la comida sepa mucho mejor." Luego extendió el brazo para ella y ella lo tomó. Caminaron del brazo hasta la casa principal. Se estaban riendo mientras tomaban el desayuno cuando Lucas apareció por allí. Amy pudo ver que se puso inmediatamente en estado de alerta. "Buenos días, Papá," dijo mientras se sentaba. "Señorita Harper, espero que el alojamiento haya sido de su agrado," agregó formalmente. Amy le miró por un momento, tratando de averiguar lo que estaba tramando. Le llevó cerca de diez segundos. El hombre ya había conseguido lo que quería, y ahora estaba haciéndole saber que solo hablarían de trabajo y nada más. Ella ya sabía cuál era la actitud de Lucas, entonces ¿por qué le molestaba tanto? B u e n o , pensó, d o s p u e d e n j u g a r a l j u e g o d e " f r í o c o m o e l h i e l o " . "He dormido perfectamente, señor Anderson. Al principio de la noche tuve náuseas y un dolor de cabeza horrible, pero luego se fue, y el resto de la noche fue perfecta," dijo con una voz aún más fría que la de él. Lucas entrecerró sus ojos y si las miradas matasen, ella pensó ya sería una pila de cenizas. Decidió presionar su suerte un poco más y le sonrió antes de girarse e ignorarle por completo. Joseph vio el pequeño jueguecito entre ambos, ambos pensando que estaban siendo muy astutos. Se preguntó lo que habría sucedido la noche anterior. Pensó que a lo mejor los chicos podrían haberse acercado demasiado y ahora estaban tratando de huir. Bueno, no iba a permitir que se evitasen, no cuando parecía que las cosas finalmente habían empezado a calentarse. "Come, Lucas. Tienes un ajetreado día por delante. Tienes que llevar a Amy a que elija su coche y ayudarle a comprar cosas para su apartamento. Es mejor empezar pronto para que el sitio esté listo y que ella se pueda mudar lo antes posible." Luego miró a Amy." Creo que serás muy feliz allí." "Señor Anderson..." Empezó ella a decir, pero él la detuvo.
"Amy, eres una invitada en mi casa. ¿No crees que ya es hora de que empieces a llamarme Joseph?" "Um, de acuerdo, señor...digo, Joseph. Estaba pensando. Señor Anderson," ella asintió hacia Lucas, "él está muy ocupado, y no me importa encargarme de todo eso por mi cuenta. Si se trata de una firma, podría enviar los documentos por fax. Podría coger un taxi hasta el concesionario. De verdad, de verdad que no me importa," le suplicó. Joseph miró el humo que parecía salir de los oídos de su hijo ante la declaración de Amy. Parecía que Lucas podía repartir dosis de su déspota actitud, pero no le gustaba que hicieran lo mismo con él. El hombre mayor estaba disfrutando bastante viendo a su hijo sufrir. Joseph se había quedado impresionado con Amy desde el primer momento en que la conoció, pero siendo capaz de poner a su hijo en su lugar, le gustaba aún más. Era bueno para Lucas. Necesitaba una mujer que no se dejase pisotear. Le recordaba mucho a su Katherine. Joseph fue un tonto cuando conoció a su esposa, pero por suerte ella le perdonó. No podía imaginar que sería de él sino lo hubiese hecho. La amaba más cada día que pasaban juntos. No le importaba apretarle las tuercas a su hijo un poco, sobre todo si eso aceleraba el proceso. "Si Lucas está ocupado esta tarde, siempre podría llamar a Mark y preguntarle si no le importa llevarte. No creo que tenga ningún problema. Es el único de mis hijos que realmente disfruta yendo de compras," dijo Joseph mientras Lucas le miraba por el rabillo del ojo. Pensaba que el hombre volcaría la mesa al ver el brillante fuego que ardía en sus ojos. Genial. Necesitaba que alguien le empujase. Lucas no había querido pasar el día con ella, pero el hecho de que ella estuviera tratando de zafarse del plan le hizo sentir como si le hubieran dado una patada en el estómago. ¿Cómo se atrevía a no querer estar con él? Tenían cosas de las que hablar, y desde luego que iba a pasar el día con él. Además, de ninguna manera iba a quedarse sentado mientras que su hermano llevaba a Amy por toda la ciudad. Podía ver fácilmente a Mark enamorándose de ella. Su hermano pequeño tenía un corazón de oro. Siempre había negado con vehemencia la idea de casarse, pero Lucas veía el deseo en los ojos de Mark cuando veían una película cursi, o se quedaba mirando a una pareja cariñosa que estuviera cerca. Mark podía decir que no quería casarse, pero Lucas sabía que era todo palabrería. Lucas rápidamente se incorporó y se dirigió a su padre. "Por supuesto que no estoy demasiado ocupado para llevar a la señorita Harper," dijo, su voz llena de veneno. Finalmente la miró con una sonrisa en
su rostro. "¿Por qué no me adelanta y se prepara para que nos podamos ir de inmediato?" Dijo, mirándola de arriba a abajo. Él sabía que ella ya estaba vestida, pero solo quería sonar como un cretino. Sonrió al ver el fuego en los ojos de ella. Prácticamente podía oírla gritándole en el interior de su cabeza. Por mucho que no quisiera reaccionar a ella, se endureció al instante, todo lo que quería era levantarla por encima del hombro y llevarla a la cama más cercana. Había pensado que una noche sería suficiente para sacarla de su sistema. Había estado equivocado y tenía la sensación de que ni siquiera un mes consecutivo sería suficiente. ¡Le estaba echando un par de agallas mirándola como si no fuera merecedora de alguien como él! Amy estaba luchando para mantener sus emociones bajo control. No se la veía mal con la ropa que llevaba, y no estaba tratando de impresionarle de todos modos. Iría con él, solo para demostrarle que podía estar con él sin resultar afectada por ello. La única cosa que la detenía de decirle lo que realmente pensaba sobre él era el hecho de que estuviese sentada a la mesa con su padre, y ella respetaba a Joseph. En cuanto a Lucas, sería mejor que tuviese cuidado, porque su pie se podía resbalar del acelerador y atropellarle mientras testaba su coche nuevo. "Estoy lista, señor Anderson," dijo con una voz melosa mezclada con vinagre. "Es posible que usted quiera prepararse, sin embargo, y limpiar la mermelada de su cara," añadió con satisfacción. Los ojos de Lucas se estrecharon aún más antes de que se levantara de la mesa y entrara en la casa sin decir nada más. Ella se echó a reír en silencio, disfrutando de la victoria de ganar su pequeña batalla. Se sentía muy bien dándole un corte al todopoderoso de Lucas. "Bueno, vosotros muchachos parecéis llevaros bastante bien," dijo Joseph con total sinceridad. Ella no sabía si hablaba en serio o no. Parecía que sí. Tal vez no eran tan evidentes como ella pensó que serían. Pensó que se podría cortar la tensión entre los dos con un cuchillo, pero era bueno que Joseph no se hubiese dado cuenta. "Es un gran jefe," fue todo lo que ella dijo antes de mirar hacia abajo y recoger su desayuno. No puedo ver la sonrisa divertida en el rostro de Joseph. "Me hace muy feliz saber eso, ya que los dos vais a pasar mucho tiempo juntos. Me encantaban mis viajes de negocios. Esther era muy válida para mantener todo bajo control por mí cuando estábamos de viaje. No podría haber hecho mi trabajo tan bien sin ella. Katherine a menudo nos acompañaba, especialmente cuando íbamos a algún lugar tropical. Así es como las dos se hicieron tan amigas." Amy sintió un momento de puro pánico cuando Joseph le insinuó que estaría viajando con Lucas. ¿Cómo iba a mantener la compostura si se encerraban
juntos y solos en su avión o en una suite de hotel? Ni siquiera oyó el resto de lo que Joseph dijo. Algo sobre Katherine y Esther. No importaba — lo único que importaba era que pudiera acabar en una isla tropical con un jefe del que no era capaz de apartar las manos de encima. Trató de relajarse, pensando sobre su conversación anterior. No estaba interesado en tener s**o con ella, nunca más. Él ya había conseguido lo que quería. Ella podía hacer frente a su sarcasmo, incluso a su mala educación, pero no podría hacer frente a su roce — no al menos sin derretirse. Lucas volvió a salir y se quedó de pie, esperando con impaciencia, mientras que Amy tomaba deliberadamente unos cuantos bocados más de comida, masticando tan lentamente como le era posible. Lucas miró su reloj a propósito, tratando de que ella se diese por aludida y acelerase el ritmo. "Ahora, Lucas, deja de ser tan impaciente. Es de mala educación agobiar a una dama," le reprendió su padre. "Tenemos mucho que hacer hoy, Papá. Solo quiero ponerme en marcha cuanto antes porque tengo planes con Vienna esta noche," añadió, mintiendo sobre su inexistente cita. Se dio cuenta de que Amy se puso tensa en su asiento. B i e n , pensó él. No estaba tan inafectada como quería hacerle creer. Se sorprendió con lo bien que ese pensamiento le hizo sentir. No aceptaba el rechazo, incluso si venía de una mujer que él no desease. Sin embargo, este no era el caso en absoluto. Todavía la deseaba — ahora más que nunca. Amy se levantó y cogió el bolso de la parte posterior de su silla. "No me gustaría hacer que tu cita tenga que esperar por ti," dijo con una voz perfectamente tranquila. "Muchas gracias por el desayuno, Joseph. Todo estaba delicioso. Tu compañía ha sido la manera perfecta de empezar el día," dijo, y luego caminó tranquilamente por la puerta, dejando que Lucas la alcanzara. Lucas pensaba que había estado persiguiéndola demasiado desde su primer encuentro. Sonrió para sus adentros mientras observaba el balanceo de sus caderas, y los pantalones vaqueros ajustados que moldeaban su voluptuoso trasero. Tenía que admitir que no le importaba la vista desde atrás. Ser el que hiciera la persecución no estaba mal — no estaba mal en absoluto. "Que lo paséis bien, muchachos." Lucas escuchó a su padre decir, pero no se molestó en responder. Estaba demasiado ocupado vigilando a su increíblemente sexy y frustrante asistente. "Joseph Anderson, ¿qué estás haciendo?" "Buenos días, Preciosa. Estaba desayunando con una joven y bella mujer y tu hijo gruñón." Joseph levantó la vista cuando Katherine entró por la puerta. Incluso con una mueca en su cara, ella era absolutamente exquisita.
"Los dos sabemos que eso es mentira. Estabas actuando de casamentero, y tal como veo que esos dos se están comportando, lo estás haciendo muy bien," dijo con desaprobación en su voz. "Cuando el chico se da cuenta de lo que estás haciendo, dejará de hablarte. Solo recuerda que te lo advertí." "Para cuando quiera darse cuenta, estará muy enamorado de su mujer y agradeciéndomelo," dijo Joseph con la misma actitud arrogante que Lucas había heredado. Joseph esperaba que así fuera. Porque, de lo contrario, su esposa estaría en lo cierto, y su hijo no estaría nada contento con él. Era un riesgo que estaba dispuesto a correr. "Vayamos a dar una vuelta con el coche," dijo levantándose de la mesa y tirando de Katherine en sus brazos, inclinándose y dándole un beso de buenos días. Tenía la intención de que fuera corto, pero para cuando se apartó, estaba un poco sin aliento. Sonrió al ver a las mejillas de Katherine ruborizarse y sus ojos un poco vidriosos. ¿Era tan malo que sus hijos tuvieran un amor propio, al igual que lo que él tenía con su Katherine? No creía que hubiera nada malo en eso. Decidió hoy iba a ser un gran día. Había empezado maravillosamente con Lucas y Amy dirigiéndose a su apasionada relación. Acabaría aún mejor, con Katherine a su lado. "Joseph Anderson, estás tratando de sacar mi lado bueno distrayéndome," dijo un poco sin aliento. "¿Está funcionando?" El rostro de Katherine se suavizó mientras le miraba a los ojos. Nunca podía estar enfadada con él por mucho tiempo, lo cual era muy bueno, teniendo en cuenta que hacía un montón de cosas estúpidas. "No debería dejarte escapar con tu intriga, pero de repente ya no me importa. Demos ese paseo," dijo, con el rostro suavizándose aún más mientras le acariciaba la mejilla con su mano. "Nada me haría más feliz," dijo Joseph antes de inclinarse y besarla de nuevo. Sí, definitivamente no había nada de malo en que quisiera que sus hijos tuviesen lo mismo que él tenía. Llegarían a apreciar su intromisión cuando tuvieran una buena mujer a su lado.