Historias De Textos

Historias De Textos Novelas llamativas encontradas en algún lugar de las redes; Que Te Encantaran

03/07/2025

solteros millonarios
libro1
capitulo 9
Amy se despertó en medio de la noche y se estiró. ¡ O u c h ! Estaba increíblemente dolorida. Le llevó un minuto despertar completamente, y cuando estaba más consciente, tardo solo unos segundos en incorporarse en la cama. ¿Qué había hecho? Había tenido relaciones sexuales con su jefe. ¿Había tenido relaciones sexuales con su jefe? ¿Qué estúpida podía llegar a ser? ¿Pensaría él ahora que estaría a su entera disposición en cualquier momento que tuviera ganas de satisfacer sus necesidades? Probablemente pensaba que podía aparecer de repente, tener relaciones sexuales con ella, y luego escabullirse en mitad de la noche. De ninguna manera iba a usarla para luego ignorarla. ¿Cómo lo iba a hacer a partir de ahora? Tenía dos opciones. Podría montar una gran escena, gritarle, y renunciar a su trabajo, aunque eso no sonaba muy atractivo. La otra opción era fingir que no había pasado nada. Le gustaba más esta opción. Solo tenía que asegurarse de no volver a ponerse en ninguna otra situación comprometedora. No le dejaría volver a estar en su casa a solas — nunca. Sabía que un simple roce la haría olvidar su cuidadoso plan y toda idea de resistirse. No podía permitirse estar en situaciones donde él la pudiese tocar. Se inventaría un novio. Eso haría que él dejase de pensar que podría aprovecharse de ella. Le diría que tiene una relación comprometida a largo plazo pero que tuvo un desliz. Sintió un poco de pena, sabiendo que jamás repetiría una experiencia tan satisfactoria. Para ser la primera vez que había hecho el amor, la experiencia había sido inolvidable. No tenía idea de que su cuerpo podía dar y recibir tanto placer en tantos lugares. No había duda de que estaba deliciosamente dolorida, pero había merecido tanto la pena. Ahora entendía por qué tanto alboroto. Había leído que el s**o por primera vez no solía ser una buena experiencia. Esas personas no debían haber hecho el amor con alguien como Lucas Anderson. Tuvo que sonreír ante la ironía. El hombre que parecía un dios griego, que tenía más dinero que lo que cualquiera pudiese necesitar, y que hacía el amor como la fantasía de cada niña hecha realidad. Nada de eso importaba, sin embargo. Fue un error, uno que no se repetiría jamás. Un error que no iba a cambiar sus planes de vida. Amy se fue al baño y se limpió. Estaba tendida hacia abajo cuando finalmente cayó en que no habían usado protección. Se sentó de golpe en la cama otra vez. Estaba consternada al pensar en la estupidez de tener relaciones
sexuales sin protección. No estaba preparada para ser madre todavía. Siempre había soñado con tener hijos, pero no hechos de esta manera. No daría al niño si se quedara embarazada, pero ¿cómo iba a ser capaz de manejar todo esto? Tendría que dormir y meditarlo posteriormente. No sabía nada todavía. Probablemente estaba exagerando. Se habían acostado solo una vez. Era poco probable que hubiesen hecho un bebé la primera y única vez que habían dormido juntos. Amy durmió a trompicones el resto de la noche. Soñó que acabar de dar a luz a la más preciosa niña. La estaba abrazando contra su pecho, sintiendo esa unión con su pequeña recién nacida. El bebé era perfecto en todos los sentidos. De repente, Lucas entró en la habitación con tres hombres, todos con trajes de diseño. Empezaron a hablar la jerga legal, y de pronto ella se miró hacia abajo y ya no tenía al bebé. Lucas lo tenía. Luego entró una alta y explosiva rubia, y él le entregó el bebé. "Aquí tienes, cariño. Te dije que tendría un bebé para ti. Todo lo que quieras es tuyo," dijo mientras salían juntos de la sala, dejando a Amy llorando por su bebé en la fría habitación. Amy se despertó mu**ta de miedo. El sueño había parecido tan real. Se sorprendió al ver lágrimas reales cayendo por sus mejillas. Se consideraba una mujer fuerte, pero había una cosa que podría hacerla caer sobre sus rodillas. Amy no podría sobrevivir si alguien le robase esa familia que deseaba tan desesperadamente. Se dio por vencida y se levantó de la cama para prepararse el desayuno. Trató de leer un rato, pero no podía concentrarse. Cada movimiento que hacía despertaba ese desconocido dolor que sentía y hacía que su cuerpo recordase su provocativo encuentro con Lucas. Decidió dar un paseo por los jardines y centrarse en respirar el hermoso y limpio aire de la mañana. Era exactamente lo que necesitaba para despejar la cabeza. Paseó durante un par de horas cuando Joseph apareció de repente, haciendo que su corazón diese un vuelco. "¿Cómo te va, señorita? Espero que hayas dormido bien." Amy se preguntaba cómo no pudo haber visto a un hombre tan enorme acercándose a ella. "He dormido muy bien," respondió ella automáticamente. Las ojeras delataban su mentira, pero él era demasiado caballero para contradecirla. "Pareces un poco nerviosa por algo. Si hay algo que yo pueda hacer, todo lo que tienes que hacer es pedírmelo." "Todo está bien, señor Anderson. Solo estoy pensando en la mudanza y el trabajo. Ha sido muy amable, y no me quiero aprovechar. Me siento un poco culpable incluso por haberme quedado anoche en su casa," respondió ella.
"Amy, no hieras mis sentimientos. Pensé que la cabaña sería confortable. Yo mismo he dormido allí un par de veces cuando mi esposa se ponía enferma con mi actitud," se rio entre dientes. "Oh no, señor Anderson, me encanta la casa de campo. Es simplemente muy difícil para mí aceptar limosnas. Aprecio que me ofreciese un lugar para quedarme, y tengo que decir que ya me he enamorado de la cabaña. Es perfecta en todos los sentidos," respondió ella rápidamente, sin querer ofenderle. "Katherine sigue durmiendo. Debe dejar que su belleza descanse," se rio entre dientes. "Por favor, acompáñame a la terraza y desayunemos. Me encanta comer con una hermosa joven. Hace que la comida sepa mucho mejor." Luego extendió el brazo para ella y ella lo tomó. Caminaron del brazo hasta la casa principal. Se estaban riendo mientras tomaban el desayuno cuando Lucas apareció por allí. Amy pudo ver que se puso inmediatamente en estado de alerta. "Buenos días, Papá," dijo mientras se sentaba. "Señorita Harper, espero que el alojamiento haya sido de su agrado," agregó formalmente. Amy le miró por un momento, tratando de averiguar lo que estaba tramando. Le llevó cerca de diez segundos. El hombre ya había conseguido lo que quería, y ahora estaba haciéndole saber que solo hablarían de trabajo y nada más. Ella ya sabía cuál era la actitud de Lucas, entonces ¿por qué le molestaba tanto? B u e n o , pensó, d o s p u e d e n j u g a r a l j u e g o d e " f r í o c o m o e l h i e l o " . "He dormido perfectamente, señor Anderson. Al principio de la noche tuve náuseas y un dolor de cabeza horrible, pero luego se fue, y el resto de la noche fue perfecta," dijo con una voz aún más fría que la de él. Lucas entrecerró sus ojos y si las miradas matasen, ella pensó ya sería una pila de cenizas. Decidió presionar su suerte un poco más y le sonrió antes de girarse e ignorarle por completo. Joseph vio el pequeño jueguecito entre ambos, ambos pensando que estaban siendo muy astutos. Se preguntó lo que habría sucedido la noche anterior. Pensó que a lo mejor los chicos podrían haberse acercado demasiado y ahora estaban tratando de huir. Bueno, no iba a permitir que se evitasen, no cuando parecía que las cosas finalmente habían empezado a calentarse. "Come, Lucas. Tienes un ajetreado día por delante. Tienes que llevar a Amy a que elija su coche y ayudarle a comprar cosas para su apartamento. Es mejor empezar pronto para que el sitio esté listo y que ella se pueda mudar lo antes posible." Luego miró a Amy." Creo que serás muy feliz allí." "Señor Anderson..." Empezó ella a decir, pero él la detuvo.
"Amy, eres una invitada en mi casa. ¿No crees que ya es hora de que empieces a llamarme Joseph?" "Um, de acuerdo, señor...digo, Joseph. Estaba pensando. Señor Anderson," ella asintió hacia Lucas, "él está muy ocupado, y no me importa encargarme de todo eso por mi cuenta. Si se trata de una firma, podría enviar los documentos por fax. Podría coger un taxi hasta el concesionario. De verdad, de verdad que no me importa," le suplicó. Joseph miró el humo que parecía salir de los oídos de su hijo ante la declaración de Amy. Parecía que Lucas podía repartir dosis de su déspota actitud, pero no le gustaba que hicieran lo mismo con él. El hombre mayor estaba disfrutando bastante viendo a su hijo sufrir. Joseph se había quedado impresionado con Amy desde el primer momento en que la conoció, pero siendo capaz de poner a su hijo en su lugar, le gustaba aún más. Era bueno para Lucas. Necesitaba una mujer que no se dejase pisotear. Le recordaba mucho a su Katherine. Joseph fue un tonto cuando conoció a su esposa, pero por suerte ella le perdonó. No podía imaginar que sería de él sino lo hubiese hecho. La amaba más cada día que pasaban juntos. No le importaba apretarle las tuercas a su hijo un poco, sobre todo si eso aceleraba el proceso. "Si Lucas está ocupado esta tarde, siempre podría llamar a Mark y preguntarle si no le importa llevarte. No creo que tenga ningún problema. Es el único de mis hijos que realmente disfruta yendo de compras," dijo Joseph mientras Lucas le miraba por el rabillo del ojo. Pensaba que el hombre volcaría la mesa al ver el brillante fuego que ardía en sus ojos. Genial. Necesitaba que alguien le empujase. Lucas no había querido pasar el día con ella, pero el hecho de que ella estuviera tratando de zafarse del plan le hizo sentir como si le hubieran dado una patada en el estómago. ¿Cómo se atrevía a no querer estar con él? Tenían cosas de las que hablar, y desde luego que iba a pasar el día con él. Además, de ninguna manera iba a quedarse sentado mientras que su hermano llevaba a Amy por toda la ciudad. Podía ver fácilmente a Mark enamorándose de ella. Su hermano pequeño tenía un corazón de oro. Siempre había negado con vehemencia la idea de casarse, pero Lucas veía el deseo en los ojos de Mark cuando veían una película cursi, o se quedaba mirando a una pareja cariñosa que estuviera cerca. Mark podía decir que no quería casarse, pero Lucas sabía que era todo palabrería. Lucas rápidamente se incorporó y se dirigió a su padre. "Por supuesto que no estoy demasiado ocupado para llevar a la señorita Harper," dijo, su voz llena de veneno. Finalmente la miró con una sonrisa en
su rostro. "¿Por qué no me adelanta y se prepara para que nos podamos ir de inmediato?" Dijo, mirándola de arriba a abajo. Él sabía que ella ya estaba vestida, pero solo quería sonar como un cretino. Sonrió al ver el fuego en los ojos de ella. Prácticamente podía oírla gritándole en el interior de su cabeza. Por mucho que no quisiera reaccionar a ella, se endureció al instante, todo lo que quería era levantarla por encima del hombro y llevarla a la cama más cercana. Había pensado que una noche sería suficiente para sacarla de su sistema. Había estado equivocado y tenía la sensación de que ni siquiera un mes consecutivo sería suficiente. ¡Le estaba echando un par de agallas mirándola como si no fuera merecedora de alguien como él! Amy estaba luchando para mantener sus emociones bajo control. No se la veía mal con la ropa que llevaba, y no estaba tratando de impresionarle de todos modos. Iría con él, solo para demostrarle que podía estar con él sin resultar afectada por ello. La única cosa que la detenía de decirle lo que realmente pensaba sobre él era el hecho de que estuviese sentada a la mesa con su padre, y ella respetaba a Joseph. En cuanto a Lucas, sería mejor que tuviese cuidado, porque su pie se podía resbalar del acelerador y atropellarle mientras testaba su coche nuevo. "Estoy lista, señor Anderson," dijo con una voz melosa mezclada con vinagre. "Es posible que usted quiera prepararse, sin embargo, y limpiar la mermelada de su cara," añadió con satisfacción. Los ojos de Lucas se estrecharon aún más antes de que se levantara de la mesa y entrara en la casa sin decir nada más. Ella se echó a reír en silencio, disfrutando de la victoria de ganar su pequeña batalla. Se sentía muy bien dándole un corte al todopoderoso de Lucas. "Bueno, vosotros muchachos parecéis llevaros bastante bien," dijo Joseph con total sinceridad. Ella no sabía si hablaba en serio o no. Parecía que sí. Tal vez no eran tan evidentes como ella pensó que serían. Pensó que se podría cortar la tensión entre los dos con un cuchillo, pero era bueno que Joseph no se hubiese dado cuenta. "Es un gran jefe," fue todo lo que ella dijo antes de mirar hacia abajo y recoger su desayuno. No puedo ver la sonrisa divertida en el rostro de Joseph. "Me hace muy feliz saber eso, ya que los dos vais a pasar mucho tiempo juntos. Me encantaban mis viajes de negocios. Esther era muy válida para mantener todo bajo control por mí cuando estábamos de viaje. No podría haber hecho mi trabajo tan bien sin ella. Katherine a menudo nos acompañaba, especialmente cuando íbamos a algún lugar tropical. Así es como las dos se hicieron tan amigas." Amy sintió un momento de puro pánico cuando Joseph le insinuó que estaría viajando con Lucas. ¿Cómo iba a mantener la compostura si se encerraban
juntos y solos en su avión o en una suite de hotel? Ni siquiera oyó el resto de lo que Joseph dijo. Algo sobre Katherine y Esther. No importaba — lo único que importaba era que pudiera acabar en una isla tropical con un jefe del que no era capaz de apartar las manos de encima. Trató de relajarse, pensando sobre su conversación anterior. No estaba interesado en tener s**o con ella, nunca más. Él ya había conseguido lo que quería. Ella podía hacer frente a su sarcasmo, incluso a su mala educación, pero no podría hacer frente a su roce — no al menos sin derretirse. Lucas volvió a salir y se quedó de pie, esperando con impaciencia, mientras que Amy tomaba deliberadamente unos cuantos bocados más de comida, masticando tan lentamente como le era posible. Lucas miró su reloj a propósito, tratando de que ella se diese por aludida y acelerase el ritmo. "Ahora, Lucas, deja de ser tan impaciente. Es de mala educación agobiar a una dama," le reprendió su padre. "Tenemos mucho que hacer hoy, Papá. Solo quiero ponerme en marcha cuanto antes porque tengo planes con Vienna esta noche," añadió, mintiendo sobre su inexistente cita. Se dio cuenta de que Amy se puso tensa en su asiento. B i e n , pensó él. No estaba tan inafectada como quería hacerle creer. Se sorprendió con lo bien que ese pensamiento le hizo sentir. No aceptaba el rechazo, incluso si venía de una mujer que él no desease. Sin embargo, este no era el caso en absoluto. Todavía la deseaba — ahora más que nunca. Amy se levantó y cogió el bolso de la parte posterior de su silla. "No me gustaría hacer que tu cita tenga que esperar por ti," dijo con una voz perfectamente tranquila. "Muchas gracias por el desayuno, Joseph. Todo estaba delicioso. Tu compañía ha sido la manera perfecta de empezar el día," dijo, y luego caminó tranquilamente por la puerta, dejando que Lucas la alcanzara. Lucas pensaba que había estado persiguiéndola demasiado desde su primer encuentro. Sonrió para sus adentros mientras observaba el balanceo de sus caderas, y los pantalones vaqueros ajustados que moldeaban su voluptuoso trasero. Tenía que admitir que no le importaba la vista desde atrás. Ser el que hiciera la persecución no estaba mal — no estaba mal en absoluto. "Que lo paséis bien, muchachos." Lucas escuchó a su padre decir, pero no se molestó en responder. Estaba demasiado ocupado vigilando a su increíblemente sexy y frustrante asistente. "Joseph Anderson, ¿qué estás haciendo?" "Buenos días, Preciosa. Estaba desayunando con una joven y bella mujer y tu hijo gruñón." Joseph levantó la vista cuando Katherine entró por la puerta. Incluso con una mueca en su cara, ella era absolutamente exquisita.
"Los dos sabemos que eso es mentira. Estabas actuando de casamentero, y tal como veo que esos dos se están comportando, lo estás haciendo muy bien," dijo con desaprobación en su voz. "Cuando el chico se da cuenta de lo que estás haciendo, dejará de hablarte. Solo recuerda que te lo advertí." "Para cuando quiera darse cuenta, estará muy enamorado de su mujer y agradeciéndomelo," dijo Joseph con la misma actitud arrogante que Lucas había heredado. Joseph esperaba que así fuera. Porque, de lo contrario, su esposa estaría en lo cierto, y su hijo no estaría nada contento con él. Era un riesgo que estaba dispuesto a correr. "Vayamos a dar una vuelta con el coche," dijo levantándose de la mesa y tirando de Katherine en sus brazos, inclinándose y dándole un beso de buenos días. Tenía la intención de que fuera corto, pero para cuando se apartó, estaba un poco sin aliento. Sonrió al ver a las mejillas de Katherine ruborizarse y sus ojos un poco vidriosos. ¿Era tan malo que sus hijos tuvieran un amor propio, al igual que lo que él tenía con su Katherine? No creía que hubiera nada malo en eso. Decidió hoy iba a ser un gran día. Había empezado maravillosamente con Lucas y Amy dirigiéndose a su apasionada relación. Acabaría aún mejor, con Katherine a su lado. "Joseph Anderson, estás tratando de sacar mi lado bueno distrayéndome," dijo un poco sin aliento. "¿Está funcionando?" El rostro de Katherine se suavizó mientras le miraba a los ojos. Nunca podía estar enfadada con él por mucho tiempo, lo cual era muy bueno, teniendo en cuenta que hacía un montón de cosas estúpidas. "No debería dejarte escapar con tu intriga, pero de repente ya no me importa. Demos ese paseo," dijo, con el rostro suavizándose aún más mientras le acariciaba la mejilla con su mano. "Nada me haría más feliz," dijo Joseph antes de inclinarse y besarla de nuevo. Sí, definitivamente no había nada de malo en que quisiera que sus hijos tuviesen lo mismo que él tenía. Llegarían a apreciar su intromisión cuando tuvieran una buena mujer a su lado.

03/07/2025

solteros millonarios
libro1
capitulo 8
Lucas vio todo el intercambio entre Amy y su padre. Había esperado ver la misma mirada de codicia que veía en todas las mujeres por lo general, cuando entraban a formar parte de su familia. Sorprendentemente, lo que vio en su rostro era solo incredulidad, mezclada con gratitud. ¿Realmente no le importaría todo el dinero que tenían? Lo averiguaría. Lucas sabía que era cínico cuando se trataba de las mujeres, pero todavía ninguna le había quitado la razón. Es por eso que no salía con ellas, y desde luego no profundizaba en las relaciones. Salía con mujeres únicamente para satisfacer sus necesidades, y como las trataba bien, no se sentía culpable por ello. Conseguían todo lo que querían de él — joyas caras, un viaje ocasional, y la asistencia a las funciones más publicitadas de toda la ciudad. Él satisfacía sus necesidades y ella conseguían cinco minutos de fama y regalos caros. Funcionaba para él — o al menos le había funcionado antes de conocer a su asistente. Ella parecía inocente, pero sabía que si se acostaban juntos, cambiaría, como todas las demás habían hecho. No podía entender su fascinación por ella. Lo entendía al principio. Era nueva, aparentemente intocable, lo cual era como un capote rojo para un toro. Quería conquistarla y mostrar que le pertenecía. Esos sentimientos deberían haber menguado por ahora, no haberse hecho más fuertes. Se puso serio ante la idea de que Amy pudiese ser la única mujer capaz de hacer que se arrodillarse. Dejando a un lado ese ridículo viaje que su mente había emprendido, se obligó a concentrarse. Cuanto antes la ayudara a instalarse, antes podría alejarse antes de hacer algo estúpido, como besarla de nuevo. "Ven conmigo, Amy. Te mostraré dónde estarás durmiendo durante las próximas noches," dijo mientras la tomaba del brazo. Cuando salieron de la oficina y comenzaron a caminar por el largo pasillo hasta la parte trasera de la casa, Lucas sintió como si le quemaran los dedos. Solo su obstinada determinación de controlar su deseo le mantenía agarrándola del brazo. No dejaría que la lujuria le controlase. Cuando salieron al exterior y se vieron afectados por el frío de la noche, Lucas respiró profundamente, esperando que el frío viento le ayudara a enfriarse. Para su gran decepción, no funcionó. Para cuando llegaron a la casa de invitados, él se sintió agradecido de que ella no pudiera leerle la mente, porque la estaba desnudando lentamente con
ella, poco a poco, soltándole el pelo de la coleta que llevaba ahora mismo, y extendiéndolo sobre la almohada, agarrando los mechones de seda entre sus dedos, tirando de su cabeza más cerca... "Oh, esto es precioso," Amy se quedó sin aliento, sacudiéndole de sus pensamientos. Lucas miró a la pequeña casa de campo rodeada de árboles y flores. Un camino de piedra conducía a un pequeño porche cubierto que tenía un par de mecedoras dispuestas cerca de la pared. Recordó las horas que pasó entrando y saliendo de la casa con sus hermanos mientras jugaban. Una semana eran Robin Hood y sus caballeros, y la siguiente, G.I Joe, luchando para salvar a América. La cabaña era o territorio enemigo o su refugio, dependiendo del juego. Se metieron en problemas más de una vez por asustar a los clientes saliendo de detrás de los arbustos para tenderles una emboscada. Lucas casi sonrió ante el recuerdo. Él y sus hermanos no querían realmente atacar a los invitados, solo fingían que iban a capturarlos. Algunas personas no encontraron la gracia en tener a unos niños con máscaras persiguiéndoles. Amy suspiró, trayéndole de vuelta de su visita al pasado. Él la miró con curiosidad, pero ella se negó a mirarle a los ojos. "Vamos, Amy. Te mostraré dónde está todo. Mis padres han equipado la cocina por lo que tendrás mucha comida. Hay sábanas en la cama y las toallas limpias en el baño. Es un lugar pequeño, así que no creo que te pierdas. Por favor, siéntete como es casa. Es para los invitados, después de todo," dijo, aunque no creía que ella le estuviese escuchando. Estaba demasiado ocupada dando vueltas alrededor. Él trató de verlo todo través de sus ojos, notando las flores frescas cortadas sobre la mesa pequeña de la cocina, la variedad de jabones y lociones alineadas en el mostrador del baño y la bañera de jardín de gran tamaño en la que podría imaginársela zambulléndose. Con ese último pensamiento, Lucas sabía que era hora de irse. No necesitaba imaginársela cubierta de burbujas. "Saldré de tu camino para que puedas relajarte," dijo antes de hacer una rápida escapada por la puerta principal. Se detuvo en el porche delantero y respiró hondo. Si no hubiera salido en ese segundo, hubiera cedido y la habría lanzado sobre la cama, haciendo el amor con ella hasta que ambos fueran incapaces de caminar. Mientras permanecía en el tranquilo porche, decidió que tal vez era mejor si se acostara con ella. Podría hacer que funcionase, razonó. Simplemente le diría que era evidente que estaban muy atraídos el uno por el otro, y que era la cosa más inteligente que hacer. Ella parecía razonable, seguro que lo entendería.
Era la única manera en la que podía pensar para sacarla de su sistema. Una vez que tuvieron relaciones sexuales, su cordura volvería a la normalidad. Si ella no siguiera dándole esas miradas ardientes, podría mantener un poco más de control. El rostro de la chica era un libro abierto, complicando aún más el asunto. Saber lo mucho que ella le deseaba solo alimentaba su deseo. Poco a poco comenzó a andar hacia la gran mansión para hablar con su padre. Se tomó su tiempo antes de entrar, no quería que su padre le viese hasta que su cuerpo estuviese bajo control. Le llevó mucho más tiempo de lo que era aceptable hasta que se enfrió. Finalmente, entró, encontrándose a su padre sentado en la sala con un vaso de whisky en la mano. Eso parecía una excelente idea. "¿Amy se ha instalado?" Joseph preguntó. "Sí, Papá. Le encanta el lugar," respondió Lucas mientras caminaba hacia el mueble bar. Se sirvió un tiro triple de bourbon y se lo bebió de un trago. Sintió que sus nervios empezaban a calmarse mientras el fuego ardía en su garganta y sus ojos se humedecían. El dolor que le causó la bebida merecía la pena si con ello podría sosegar sus nervios de punta. Inclinó la botella de nuevo, y se vertió una cantidad más pequeña en su copa antes de darse vuelta y caminar a la sala de estar. Después de sentarse, se obligó a beber poco a poco, en lugar de acabarse la copa de golpe. No necesitaba más excitación de la que ya tenía. Lucas no vio la sonrisa de complicidad en el rostro de Joseph. Tal vez si lo hubiera hecho, estaría más preparado para la conversación que se avecinaba. No tenía ni idea de hasta donde sería capaz de llegar su padre con tal de tener nietos y asegurar que sus muchachos no estuvieran solos el resto de sus vidas. "¿Dónde encontraste a la señorita Harper, Papá?" "Celebramos una feria de empleo en su universidad hace unos meses, entonces ella me dio su currículum. Hice algunas investigaciones y supe que era perfecta para el trabajo. Ya sabes que se necesita a alguien especial para trabajar para el presidente de nuestra compañía," respondió Joseph. "Sí, ella está funcionando mucho mejor de lo que esperaba. Es un poco bocazas, pero estoy seguro de que se calmará cuando pase algún tiempo con nosotros." "¿Un poco bocazas? ¿Dices eso con franqueza?" Preguntó Joseph, sorprendiendo a Lucas. El joven miró a su padre con una expresión de perplejidad. Poco a poco, se dio cuenta de lo que había dicho. Sus labios se curvaron en una sonrisa. Bueno, solo estaba diciendo las cosas tal como las veía. "Alguna vez he oído hablar a mamá de algunas de las cosas que tú mismo has
dicho, viejo padre," dijo Lucas, disfrutando de sus palabras. "Yo crecí, muchacho, y tú también deberías. No vas a ser más joven, ya lo sabes." "Solo tengo treinta años. No es como si tuviera un pie en la tumba," dijo Lucas con exasperación. "Cuando yo tenía treinta años ya tenía dos hijos, y otro a la vuelta de la esquina," respondió Joseph. "¿Me estás tomando el pelo? ¿Crees que debería casarme? "Lucas pronunciaba m a t r i m o n i o como si fuera una palabra repugnante. "Tú eres el mayor, Lucas, el que debería estar dando ejemplo a sus hermanos. Sabes que tu madre y yo tampoco vamos a ser más jóvenes. Solo nos quedan unos años..." Joseph se fue apagando, cayendo un poco en su asiento. "Oh, por favor, Papá. Eres uno de los hombres más fuertes que conozco. Ni siquiera pienses que fingir que estás mayor hará que me siente culpable por no estar tratando de embarazar a una mujer para que tú puedas tener nietos. Además, tú tampoco tienes un pie en la tumba. Mamá y tú seguís yendo a hacer paracaidismo," dijo Lucas mientras levantaba las manos en señal de frustración. "Uno nunca sabe qué pasará mañana. Sé de una chica estupenda que creo que deberías conocer. Es la hija de un buen amigo mío y creo que te caería bien." "Te voy a parar ahí, Papá. No necesito que me organices ninguna cita. Al contrario de lo que puedas pensar, no tengo ningún problema para encontrar mis propias mujeres. Si realmente quieres hacer de casamentero, deberías centrarte en Mark. De los tres, es quien más probablemente asentaría la cabeza y te daría una prole de nietos," dijo Lucas mientras miraba a su padre. Su padre comenzó a quejarse de que no tenía nietos hacía un par de años, pero Lucas nunca se había preocupado. Si Joseph iba a empezar a prepararle citas a ciegas, entraría en pánico. No tenía ganas de caminar hacia el altar — nunca. "Lo dejaré por ahora, pero deberías empezar a pensar en tu futuro," dijo Joseph, como si estuviera haciéndole un favor a Lucas. Lucas decidió que era mejor que él también lo dejase estar. Los dos charlaron un rato más sobre el negocio y Lucas comenzó a relajarse. Su día había sido largo y estaba listo para meterse en la cama, a pesar de que odiaba tener que interrumpir el poco tiempo que pasaba con su padre. "Tengo que irme a casa, Papá. Te veré mañana, ¿de acuerdo?" "Está bien, yo también estoy un poco cansado," dijo Joseph mientras se
giraba. "Espera, Lucas, Amy se ha olvidado sus papeles. ¿Podrías ir un momento a llevárselos antes de que te marches?" El estómago de Lucas se contrajo ante la idea de volver a verla esa noche, pero no tenía una excusa convincente que darle a su padre para no hacerlo. Tal vez la suerte estaría de su parte y ella estaría ya dormida por lo que solo tendría que dejar el papeleo al lado de la puerta principal. "Por supuesto, Papá. Dile a Mamá que la quiero, y que la veré mañana." Le dio un abrazo a su padre antes de salir de la habitación. Rápidamente se dirigió a la casa de campo, viendo solo una tenue luz brillando a través de la ventana frontal. Llamó a la puerta, pero no hubo respuesta, así que comprobó el pomo. Todavía estaba abierta. Tendría que hablar con ella sobre eso. Entró y estaba a punto de gritar su nombre cuando ella dio la vuelta a la esquina y apareció delante de él. Lucas se quedó congelado mientras que sus ojos la consumían. Estaba de pie frente a él con nada más que una pequeña toalla que apenas cubría su cuerpo. Podía ver todo el camino desde sus pies hasta la parte superior de sus muslos blancos y cremosos. La parte superior de la toalla se sumergía tan abajo que Lucas podía oír las olas de sus grandes senos llamándole. Como si el cuerpo a medio cubrir de Amy no fuera suficiente para hacerle perder el control, su piel aún seguía brillando del baño. Su dulce fragancia flotó hacia él, llenando su nariz con algún tipo de especias, como canela. Fuera lo que fuese, le dieron ganas de morderla. Un movimiento milimétrico en cualquier dirección y sería capaz de ver todos sus secretos. Lucas se dijo a sí mismo que debía darse la vuelta y salir por la puerta principal. Lógicamente, sabía que era lo que tenía que hacer, pero no había manera de que sus pies le obedecieran. Comenzó a moverse en dirección a ella, y de pronto estaba frente a ella con los brazos alrededor de su cintura. Tiró de su húmedo cuerpo, casi desnudo, contra el suyo, y entonces devoró sus labios. La sintió tensarse por menos de un segundo, antes de que ella le agarrase a él con la misma avidez. Nunca había deseado tanto a una mujer, sentía que moriría si no la tomaba. Durante medio segundo su cerebro trató de recuperar el control, pero cuando oyó un suave gemido escapar de sus labios, su contención se rompió completamente. Si ella le hubiera apartado, o le hubiese dicho que no, se las habría arreglado de algún modo para soltarla, pero en vez de eso, se arrimaba cada vez más a él, gimiendo mientras él enredaba su lengua con la suya. Amy se retorció en sus brazos, ninguno de los dos parecía estar conformarse con la proximidad del otro. Con un rápido movimiento, Lucas le arrancó la toalla, dejando que sus manos recorriesen su cuerpo libremente de arriba a abajo. Acarició sus curvas, saboreando la suavidad de su piel mientras su mano vagaba sobre la curva de sus caderas, subiendo luego hacia un lado de su pecho. Sin romper el beso, la levantó y caminó la corta distancia hasta el dormitorio. Depositándola
cuidadosamente sobre la cama, Lucas se arrancó su propia ropa, sintiendo un vacío durante los pocos segundos que estuvo apartado de ella. Su mirada fue atraída por la belleza de su cuerpo, haciendo que su erección se endureciese aún más, la sangre corriendo a través de él, centrándose en un área, instándole a poseerla. Lucas vio emoción y asombro en los ojos de Amy mientras que la joven miraba su cuerpo desnudo. De repente Lucas sintió miedo de que cambiase de opinión si le daba mucho tiempo para pensar en lo que estaban haciendo. Estaba seguro de que implosionaría. A pesar de que quitarse la ropa no le llevó más de medio minuto, ya anhelaba volver a tocarla. Se unió a ella en la cama, su cuerpo cubriendo el de ella. Ella se inclinó hacia él, con la boca buscando la suya. Él cedió de buena gana, mordiéndole el labio inferior antes de chuparlo y meterlo en su boca, motivado por los gemidos de deseo provenientes de la garganta de ella. Finalmente, se separó para bajar sus labios. Suavemente y, muy lentamente, lamió un camino por su cuello, mordisqueando su sensible piel, haciendo que otro gemido escapase desde lo más profundo de su garganta. Mientras exploraba su delicioso cuerpo, se olvidó de todas las dudas que tenía y se perdió en el intenso placer de tocarla. Ella comenzó a moverse debajo de él, abriendo las piernas a modo de invitación para que él se enterrara profundamente en su interior. Lucas podía sentir el cuerpo que el cuerpo de Amy le estaba pidiendo que la completase, pero se negó a hacerla suya hasta que estuviera seguro de que ella estaba lista. Sabía que no duraría mucho más, sobre todo con su roce contra él, pero lo lamentaría si terminara demasiado rápido. A pesar de que estaba haciendo esto para sacarla de su sistema de una vez por todas, necesitaba que ella sintiera el mismo placer y la misma satisfacción que él — para que la noche fuera completa. Cuando sus manos se deslizaron sobre sus redondos pechos, con los pulgares tirando y alargando los pezones, ella arqueó la espalda contra la cama, su cuerpo temblando. Amy envolvió sus manos alrededor de su cuello, tirando de él hacia ella, sus ojos desenfocados como el deseo la consumía. Lucas tomó un puñado de su pelo de la base de su cabeza y aplastó sus labios a los de ella, hundiendo su lengua profundamente dentro de su boca. No se cansaba de ella — de su sabor — de su esencia — de los ruiditos que hacía. Todo en ella le excitaba como nada había hecho antes. Cuanto más su lengua acariciaba el contorno de su boca, más ella se retorcía de deseo. Terminó el beso para explorar el resto de su cuerpo, lo que la hizo gruñir de frustración. Su cuerpo le estaba pidiendo que pusiese fin a la tortura a la que ambos estaban siendo sometidos. Él iba a hundirse profundamente dentro de ella y hacerla suya. Saboreó la piel suave y sedosa de su estómago, sintiendo cómo ella temblaba bajo su boca. Mientras él bajaba la cabeza y pasaba la lengua por el interior de su muslo, todo el cuerpo de Amy respondió, temblando. Él nunca había
estado con una mujer tan sensible antes, y le resultaba imposible mantener siquiera un control aparente. Su boca siguió el muslo hasta su lugar más secreto finalmente, saboreándola, haciendo que sus caderas se arquearan mientras que ella gritaba de placer. Los gemidos de ella le daban fuerza para seguir adelante. Probó su dulzura, sintiéndola temblar debajo de él. De repente se puso tensa, y luego todo su cuerpo se sacudió y ella gritó como una potente liberación se apoderó de ella. Estaba temblando bajo su boca hábil mientras él movía su lengua contra su calor húmedo por última vez antes de regresar lentamente al resto de su cuerpo. Ella se relajó un poco en sus brazos mientras él comenzaba a plantar un camino de besos hasta su estómago. Sentía que podría adorar su cuerpo durante toda la noche. Arrastró su lengua hasta su hinchado pecho, suavemente tomando una de sus duras protuberancias en su boca. Amy empezó a temblar otra vez mientras su cuerpo se agitaba de nuevo a la vida. Lucas se tomó su tiempo pasando de un sensible p***n al otro hasta que ella gritó de nuevo para él. El profundo gemido de placer rompió el último resquicio de control que le quedaba. Rápidamente trasladó su cuerpo sobre el de ella, presionando la punta de su firme erección contra su apertura. Su boca tomó la de ella mientras su mano se deslizaba hacia abajo para asegurarse de que estaba lista. Fácilmente deslizando sus dedos por su hinchada feminidad, los introdujo dentro. Todo su cuerpo se arqueó fuera de la cama, presionándose contra él mientras ella gemía de placer. "¡Por favor!" Exclamó. Estaba más que lista. "Abre los ojos. Quiero ver tu mirada mientras te hago mía," susurró él. Lentamente, como si tuviera un peso en los párpados, los entreabrió lentamente. En un único impulso, Lucas se enterró profundamente en su interior. Estuvo a punto de estallar con el primer contacto de su apretado calor agarrándolo. Sintió que el cuerpo de ella se ponía rígido, y que un sonido de dolor escapaba de sus labios mientras que se ajustaba a él. Los ojos de Amy se abrieron de par en par, mientras que su boca formaba una expresión de asombro. Todo el cuerpo de Lucas se puso rígido cuando se dio cuenta de que era virgen. ¿Cómo una mujer — especialmente una tan bella y sexualmente atractiva como ella — había llegado a los veinticuatro años siendo virgen? Su asombro hizo que recuperase algo del control que había perdido. Tenía que detenerse. No se acostaba con mujeres que no se supieran la partitura. Él no era un hombre del tipo f e li c e s p a r a s i e m p r e , lo que significaba que las vírgenes estaban estrictamente fuera de la cuestión. Empezó a salir de ella cuando su cara se relajó y suspiró en éxtasis mientras
su cuerpo se ajustaba a él. Sabía que tenía que hacer lo correcto y detenerse, pero cuando las caderas de ella se movieron hacia arriba, agarrándole aún más fuertemente, Lucas hizo caso omiso de su mejor juicio. Moviéndose a un ritmo constante, la respiración de ella se hizo más pesada, y él sintió su cuerpo temblar a su alrededor, no podía aguantar más y comenzó a embestirla rápidamente. Las caderas de ella empujaron a su encuentro, y se tensó de placer. Como ella gritó y su cuerpo empezó a convulsionar en torno a él, él perdió el control totalmente, derramándose dentro de ella, temblando con la fuerza de su liberación. Se tumbó encima de ella, sin moverse durante varios minutos mientras su respiración volvía a la normalidad. Al darse cuenta de que probablemente la estaría aplastando, se giró, llevándola consigo. No sabía qué decir, así que se quedó en silencio. Simplemente se quedó quieto acariciándole la espalda hasta que oyó su respiración constante, lo cual le indicó que se había quedado dormida. Lucas permaneció donde estaba durante una hora, viéndola dormir plácidamente en sus brazos. En el sueño, Amy no podía acercarse lo suficiente a él. Su pierna estaba envuelve alrededor de la parte inferior del cuerpo de él, y su cabeza descansaba sobre su pecho. Era la mujer más impresionante que Lucas jamás había visto, y ahora era suya. De repente, la cabeza de Lucas salió de su ensoñación. Había estado a punto de quedarse dormido cuando la constatación de que no habían usado protección le golpeó. ¿En qué estaba pensando? Nunca había tenido relaciones sexuales con una mujer sin usar condón. No era tan estúpido como para quedar atrapado en la trampa de un bebé. Sus pensamientos tiraron por un millón de direcciones diferentes a toda velocidad. Sabía que ella no podía haber planeado tener s**o sin protección de ninguna manera. ¿Cómo iba a saber que regresaría a la casa esa misma noche? Tampoco había manera posible de que pudiese haber fingido su intensa reacción hacia él. Él había estado con mujeres que habían fingido estar interesadas en tener s**o. Lucas lo detectaba muy rápido y huía de ello. Él quería que una mujer fuera pasional y entregada cuando estuviese en su cama, y que no actuase como si estuviera realizando una tarea doméstica. Estaba enfadado consigo mismo, pero la ira se volvió hacia ella. De ninguna manera quería verse obligado a casarse, pero si su noche de pasión derivaba en un niño, él jamás le daría la espalda. La familia lo era todo para él, y un hijo no era un error — nunca. Miró a Amy, sintiéndose atrapado de repente. Estaba decidido a echarla de su sistema, pero eso podía terminar costándole todo. Amy sería la primera mujer que hubiese logrado atraparle desprevenido. Cuando se deslizó de la cama y se vistió, sus ojos se volvieron hacia ella, tanta
inocencia en su cara mientras dormía, con una pequeña sonrisa en sus labios. Ella se movió, su brazo buscándole mientras su cuerpo se desplazaba hacia el centro de la cama. La manta se deslizó, dejando al descubierto un hermoso pecho, y el cuerpo de Lucas reaccionó al instante. Con ilícita frustración en sí mismo por aún desearla, rápidamente y en silencio salió de la casa, corriendo por las escaleras de entrada. Lo que quería hacer era volver a entrar y meterse en la cama junto a ella. Tenía que salir de allí y refrescarse, averiguar lo que iba a hacer a continuación. Se sentía completamente perdido por primera vez en su vida.

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