11/07/2022
El núcleo de nuestro Concierto es evidentemente el Musikalische Exequien, que ejemplifica la manera magistral de composición vocal y la gran inventiva armónica de Schütz a través de los contrastes de sus tres movimientos. La profundidad de la ocasión, exequias fúnebres del príncipe Heinrich II Posthumus Reuss de Gera, coincidía con los años finales de la Guerra de los 30 años, que sembraron de trascendencia la idea musical de la vida y la muerte.
El primer y más extenso movimiento consiste en un concierto sacro en forma de una misa de réquiem alemana, que está dividido en dos partes equivalentes a las dos primeras de la misa latina, precedidas de un canto llano. El movimiento desarrolla en alternancia partes de solista, o grupos de solistas, y coro, a 6 voces. Los primeros desarrollan textos bíblicos en la forma de un concierto sacro, mientras los segundos cantan los corales luteranos a la manera de motetes. Schütz juega con el contraste, la fragmentación y las diferentes texturas cambiantes. Dejó prescrita solamente la parte del bajo continuo en el aspecto instrumental.
El segundo movimiento es un motete a dos coros para ocho voces, a la manera espacial de Gabrieli, esto es, separados físicamente y donde las voces se llaman y responden unas a otras. En el tercer movimiento, escalofriante, un coro a cinco partes canta el texto de despedida, o bienvenida al cielo, “Nunc dimittis”: Herr, nun lässest du deinen Diener in Frieden fahren, mientras un trío o coro a tres partes, que representan al alma en tránsito y a dos ángeles que le acompañan para confortarla, simbolizan el ascenso de aquella al cielo cantando el texto Selig sind die Toten, die in dem Herren sterben, en imitación sobre el anterior, de manera que los dos textos se entrelazan intermitentemente de manera emocionante, algo que retomará J.S. Bach magistralmente en su cantata Actus Tragicus, BWV106.