31/10/2019
Es muy difícil volver a trabajar mientras aún se respira la injusticia y la impotencia en el aire de nuestro país. No habrá normalidad mientras no haya dignidad. Han sido numerosos días de muertes, torturas, violaciones y maltratos, para obtener como respuesta un miserable cambio de mando, un descarado llamado al diálogo luego de haber respaldado sistemáticamente la violación de los derechos humanos. Como pueblo, como ciudadanos, estamos abandonados en manos de un gobierno tirano que debido a su enajenación, sólo puede ver y atender sus necesidades y ambiciones particulares, donde cada cambio o adecuación que se realice será en beneficio de la clase política, la cual es la única que no se ve afectada por una crisis, lo que es evidente, ya que hemos normalizado vivir y producir en función de un sistema que no nos beneficia, sino que más bien, nos hace creer que estamos bien, nos enajena para que podamos servirlos y hacernos creer que el sentido de la vida radica en el crecimiento laboral-económico. Hemos olvidado nuestras funciones mínimas, la tecnología destruyó la técnica, el liberalismo arrasó con la tierra, olvidamos respirar aire puro y vivir pausadamente. Lo que grafica este horror es ver cómo el gobierno y las autoridades están trabajando en estos momentos ardua y fraudulentamente para encontrar a los responsables de los saqueos y los incendios, ¿y los responsables de las muertes y los asesinos, dónde están? El descriterio se transforma en enfermedad, en locura, en peligro. Pero ante una realidad tal, no podemos entregarnos al dolor o al cansancio. La normalidad de la cual se habla en estos días, tiene que ver justamente con retomar esas labores que nos conectan con el sistema, por eso mismo produce tanto pavor pensar en volver a ella y bueno, es que no debería haber un retorno, están todas las condiciones dadas para generar un cambio de conciencia y si bien, los cambios de conciencia son gatillados por grandes movimientos o en masa, es necesario para hacerlos ser como tal, generar un cambio mínimo desde lo que somos en nuestras casas, Rousseau decía que “somos lo que hacemos cuando estamos solos”, y sin duda es así, de lo mínimo a los máximos, para que ese máximo no sea capaz de debilitarse, para que tenga fondo y consistencia. Sin miedo y con espíritu de atleta no perdamos la fuerza, el único mundo posible que se podría acabar, es el sistema capitalista, y como decía nuestro amigo Hermann Hesse “EL PÁJARO ROMPE EL CASCARÓN, EL CASCARÓN ES EL MUNDO, QUIEN QUIERA NACER, TIENE QUE DESTRUIR UN MUNDO”.
Opalina Cartonera sigue y resiste, nuestra trinchera es nuestro taller, nuestra armas son nuestro trabajo y nuestros libros.
Un abrazo con mucho cariño para todas y todos 🌈🌳