21/04/2026
Cierro los ojos y te recuerdo.
También recuerdo como tus ojos sonríen al verme.
Recuerdo la sensación de alegría cuando me acerco a ti.
En ese día de encuentros torpes nuevamente en el puerto gris.
Donde nada está claro, donde todo es vaguada,
Solo dos personas queriendo encontrarse, con sus manos tocándose y los cuerpos agitándose .
Con la barrera invisible, de aquello que no es posible, solo imaginario.
Tomas mi mano de manera presurosa y torpe.
Y me pregunto ¿hace cuanto empezó a sentirse esto así?
Quizás no desde que te conocí, sino cuando verdaderamente pude verte, a ti.
Con tu historia, tu herida, tu ego, tus lágrimas.
Cuando tuve tu abrazo o tu cuerpo jadeando sobre mí.
Después de los encuentros en la tierra del sol y la sal.
Donde las ciudades se pierden entre desiertos. Donde los kilómetros de distancia nos invitan a pensar que puede ser, lo imaginario por un momento, por 7 días, previo a que todo se lo lleve el viento.
Quisiera no saber que ya te he perdido antes.
En otras vidas, en otros tiempos, como soldado, y también en formas distintas, incluso siendo un hijo amado.
El recuerdo no borra lo que siente el corazón.
El recuerdo solo permite un entendimiento que a veces no alcanza ni es suficiente.
¿Hasta cuando repetir el ciclo, de encontrarnos para perdernos nuevamente?
Y te recuerdo una tarde de diciembre, recostado sobre una cama, en una tibia tarde de diciembre, sintiendo una leve brisa pasar. Haciendo planes para salir a caminar, o quedarnos la tarde entera haciendo el amor, escuchando las gaviotas, riendo y hablando sin parar, durmiendo la siesta con los cuerpos pegados, que se contorsionan al roce, para volverse a acomodar.
Solos tu y yo, escuchando los buques de fondo. Y sin embargo ese recuerdo es solo la imaginación, de un futuro vago, que se escapa entre mis dedos, como el agua del grifo que dejo correr, mientras derramo las lágrimas, mientras te escribo mentalmente todas estas palabras que probablemente no vayas a ver.
Y me miro en el espejo, tratando de entender, lo que la vida quiere que aprenda, en el regalo de tu ausencia, libre de la ansiedad que me provoca sentirte cerca, por lo incierto, en los patrones repetidos que ya no elijo me siento inquieta. Mis lágrimas brotan otra vez y tocan la puerta.
¿Y es que acaso sea tan torpe el destino, de hacernos sentir así, y es que acaso quiere que conozca la desesperanza, al de nuevo tener que dejarte partir? Mientras te añoro, te abrazo, tan solo un abrazo. ¿Como es que no puedes aparecer en mi puerta y abrazarme, y consolarme porque ya no estás? ¿Como es que se ve tan fácil y claro cuando lo imagino, pero el tiempo pasa y nunca por esa puerta te veo entrar?
Nuevamente me miras y me abrazas fuerte, apretado, sin entender porque se siente así y yo quisiera que ese abrazo sea eterno, ese momento sea largo, que no se esfume tan pronto en el tiempo.
Sin embargo los encuentros han sido cortos, entre días ajetreados y compromisos sin sentido, y es que si me detengo y al tiempo ahí conmigo... al verte no seré capáz, no podré sentir alivio.
Quisiera nacer un día nuevo, sólo contigo, y caminar hasta el atardecer, hablar, tomar tu mano sin miedo, en este mundo donde los días duran 50 horas, donde hay silencio, el piso es de nube y el cielo de muchos colores, lleno de lunas, lleno de pueblos vacíos, llenos de olvido, sin gentes, sin apuro, sin nuestras mentes.
Sin la presión de saber que no puedo tenerte.
Y ese día sería perfecto, porque solo yo podría quererte, el día entero, sin prisas, y podría olerte, enredar las yemas de mis dedos en tu pelo, recostarte en mi regazo y mirarte mientras duermes.
Podría pasar mi dedo lentamente contemplando tu perfil, primero tu frente, luego tu nariz y la comisura de tu boca, luego tus labios, que beso tan solo tocándolos y se sienten suaves... mientras inhhalas y exhalas lento.
Me acerco despacio y siento tu respiración primero en mi mejilla, luego en mi mentón, y sonries coqueto y me miras. Y sigues bajando y descendiendo por mi cuello y te miro, sonrió en silencio.
Luego alcanzas mi piel con un beso profundo, que me quita una parte de mi aliento, dejándome sin respiración, que se detiene, ese beso se siente perfecto y te sonrío y acercó más tu cabeza y tu cuerpo hacia mí, con mis dedos que siguen entrelazados a tu pelo y me vuelvo a reír pero ahora río fuerte, y me vuelvo a reír,
porque en este planeta no tenemos mente, aquí no hay dolor, aquí no hay muerte, aquí solo hay presente, aquí sólo hay ir y venir.
En este día de 50 horas cumplo la fantasía que nubla mi mente, aquella que me despierta en noches, aquella que me hace quererte. En este planeta ficticio no debo fingir, yo puedo libre sentir, en este planeta ficticio no debo dejarte partir.