21/05/2026
Nano-reflexiones: Desde niño me llamaba la atención el momento en que llegaban los circos a las ciudades donde me encontraba de vacaciones junto a mis padres o tíos. Sin duda, su organización se parecía mucho al trabajo de las hormigas. Primero llegaban los autos y las casas rodantes para demarcar, de alguna forma, el espacio. Luego salía un auto con un alto parlante que invitaba a todos los pobladores a la primera función del circo, señalando las atracciones que tendría ese gran estreno.
Mientras, mañanas y tardes, se escuchaba esa hermosa melodía circense (acá me estoy riendo). En el lugar, todos los trabajadores levantaban una especie de mástil gigante, que me imagino era el que sostenía los tirantes de la gran carpa. Ya se podía oler circo en esa ciudad.
Desde varias partes se podía ver la carpa, escuchar el parlante y también algunas melodías de música circense, que me imagino eran los ensayos de las estrellas del circo, cada una dándolo todo para el gran estreno.
Hoy me pongo a pensar qué hubiera pasado si, después de tremendo esfuerzo de todos los trabajadores del circo, llega el día del estreno, todo preparado, las cabritas calentitas, las narices de payaso listas para la venta… y no llega lo más importante del circo: el público, especialmente los niños y niñas.
Imagino al jefe del circo —que en la mayoría de los casos son familias completas trabajando juntas— diciéndole a todos sus trabajadores la triste noticia:
“HOY NO HAY FUNCIÓN”.
No llegaron niños ni niñas.
Ahora, reflexionando sobre mi trabajo y con más de 15 años de experiencia, puedo señalar que más allá de inscribirme en el último webinar, sacar un diplomado más, utilizar palabras rebuscadas para verme intelectual entre amigos docentes o equipos directivos, o actualizar mi LinkedIn a cada momento, debo usar mis fuerzas, pasión, intelecto y vocación para que nunca me pase lo que le pasó a ese circo.
Que nunca llegue ese nefasto y terrible día en que tenga que poner afuera de una escuela o colegio un cartel que diga:
“HOY NO HAY CLASES”.
Y todo por preocuparme muchas veces de cuestiones individuales, con bastante cuota de ego, y no de cosas realmente importantes, como la asistencia a clases de mis niños, niñas y jóvenes.