15/04/2024
Nuestro último Café
" Tienes una belleza natural y al mismo tiempo causas tanto dolor con tu caminar "
Fue la frase que Manuel en su imaginación, antes de ponerse de pie en aquella cafetería y marcharse para siempre mientras llovía con furia; le dijo a su amor que se llamaba Marta, un amor doloroso e inolvidable.
Avanzaba con prisa la primavera y Manuel iba como siempre los jueves a dictar su clase de filosofía a un grupo taller de una Universidad estatal en la que siempre fue activo y corajudo por defender, ya que fue la Universidad en donde recibió con honores su cartón de Licenciado en Filosofía después de arduos años de estudio y trabajo paralelo como barista en una cafetería que fue la que lo acogió como si fuese su segundo hogar y por qué no decirlo, el hogar que le dió la paz que necesitó para seguir aferrado a la idea colorida de un futuro mejor.
Manuel iba subiendo el segundo piso de tres en una lúgubre escalera cuando de frente se topó con unos ojos escandalosamente azules que traían un mar de inmadurez y al mismo tiempo de tierna - ira... era Marta, la joven de rizos dorados y de avasalladora altura.
Ella al toparse de golpe con Manuel rompió en llanto y le dió un abrazo desesperado por atención entonces el la sostuvo muy fuerte y se perdieron entre esas miradas tristes y al mismo tiempo afortunadas de tenerse el uno al otro.
Desde ese momento no se separaron más. Iban después de clases a caminar infinitas cuadras al rededor de los Museos que rodeaban el barrio y bebían café en todas las esquinas. Los besos eran eternos y Manuel desbordado de amor cuidaba de Marta como un gran tesoro mientras en su familia todo comenzaba a desmoronarse. Su madre cayó en una enfermedad que iba directo a la muerte pero el sentía un amor desbordante y un inmenso deseo por cuidar de esta desbocada joven. Manuel se sentía maravillosamente poderoso por la necesidad diaria de Marta para con él.
La Primavera pasó ligera y el verano trajo más café y andares entre Manuel y Marta... el calor y rayos de sol los acompañó infinitas tardes mientras conversaban, se abrazaban y perpetuos se convertían en un mundo ajeno y paralelo... en una vida que no querían compartir con nadie más.
Con el pasar de las tantas apacibles tardes y noches Marta ya había emprendido un vuelo de fuerza frente a la vida y sus miedos ya se habían ido lejos; creo que para entonces ya se sentía invencible y maravillosamente amada. Pero así como corren los buenos augurios en la vida, las malas noticias también.
La madre de Manuel falleció luego de muchos días agonizantes y aunque no hubo un momento en el que Manuel faltara a su visita y abrazo con ella, su amorosa madre pasó a ese implacable paso de la vida a la muerte - descanso eterno.
Culminado el caluroso verano luego de regresar Marta y Manuel de una escapada a la Costa; Manuel se percató de la lejanía y desinterés en temas siempre conversados de parte de Marta. En ese momento el sintió un frío dolor que era tan real como lo fue el calor de sus corazones cuando estaban compenetrados el uno con el otro, al principio.
Haciendo caso omiso a su corazonada, Manuel siguió abrazando con sus siempre tiernas palabras a Marta pero ya nada era lo mismo. Una tarde en la que el calor infernal del verano al fin emprendía su huída, Manuel se dio un baño muy largo y se perfumó para ir en busca de Marta a la casa donde ella vivía con sus tíos... quiso darle una sorpresa.
Al llegar se percató de las persianas cerradas y candado trabado, en su calma que lo caracterizaba, pensó que podrían haber salido de la ciudad y por esto, regresó a su casa pero en el camino se detuvo por un café de esquina en donde siempre lo recibían con gran cariño los que lo vieron crecer... esos vecinos testigos desde que nació. Una vez sentado y contemplando la gente pasar sintió un gran dolor en el pecho acompañado de un sudor inexplicable y un palpitar asustado que lo llevó al desmayo.
Pasaron con gran letargo muchos días y Manuel despertó algo inerte pero al mismo tiempo atento y tenía un gran ventanal en frente en donde se podían ver unos alegres Aromos que bailaban con suavidad. Al girar la mirada se encontró con su hermano que estaba sentado en sencilla silla y le preguntó por lo sucedido.
No había explicación y su hermano tampoco demostraba mayor interés en explicarle pero Manuel sentía una profunda paz y un cosquilleo risueño en las manos. Las cortinas blancas se movían frescas con el viento y un aroma a café impregnaba maravillosamente esa habitación en donde parecía que no transcurría el tiempo y las paredes tenían brillantes de destellos de risas suaves, risas desconocidas.
La carta que dejó escrita Manuel antes de partir tuvo una frase que todos sus seres queridos recordaron y alabaron: "Tienes una belleza natural y al mismo tiempo causas tanto dolor con tu caminar"
" Las experiencias vividas son un tesoro que te llevas como herencia propia cuando partes"
M.J.F.G Marzo 2024
Memorias del Corazón II
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