11/10/2021
Carta a
Compañera Denisse,
Es difícil despertar en este mundo sin ti, porque personas como tú a este mundo le hacen inmensa falta.
Te conocimos a través de tus acciones, que al final, hablan más fuerte y más claro que cualquier declaración de principios. Tú, sin discursos, estabas ahí, parada en la esquina, no solo de Alameda con Portugal en Santiago, pero en la esquina de la vida donde no hay términos medios, porque cuando se desafía a la autoridad, cuando se defienden los derechos humanos, cuando se enfrenta a los asesinos y torturadores sin medios se camina bajo los propios términos y hasta el final, final que puede ser antes o después y para el cual puede que nunca se encuentre justicia en un país de reparaciones, juicios y castigos pendientes.
Tu lo sabias, sabias que en Chile los asesinos y los torturadores salen a la calle en cada manifestación, en cada marcha, en cada barrio, en cada comunidad y que pueden, si quieren disparar perdigones, balas y bombas y que estas pueden ser lanzadas directamente a los ojos y enceguecer, o a la cara, o al pecho, porque al final, amparados en la violencia de estado nadie tendrá que pagar, al menos nada caro, quizás una prisión preventiva en casa o una cárcel más parecida a un hotel y no cualquier hotel. Tú, sabías que los viernes el chorro de agua del guanaco (carro lanza aguas) quebraba los huesos de los manifestantes con su fuerza, tu sabias que los hacía caer y sufrir contusiones o que por lo menos les quemaba la piel de grado 2 o peor. Tu sabias que el gas pimienta del zorrillo ( carro lanza gas) quemaba las retinas, ahogaba, incluso a niñes. Por eso estabas allí, como observadora de derechos humanos, como ojo que se transforma en boca, como testigo que se transforma en voz.
De tanto saber, estabas ahí un domingo en la mañana, día y hora en la que todes prefeririamos dormir o darnos vueltas en la cama. Estabas en la marcha de los pueblos originarios cuya sangre como ríos no deja de llegar al mar, el mismo mar donde desapareció quien sabe quien. Su sangre corre desde Temuco a Chiloé, así como ahora la tuya, viaja por las alcantarillas de esta ciudad que no deja de llorar mu***os. Tu sangre se hizo charco, se hizo espejo de este país en el que aún mueren quienes demandan justicia, nada más y nada menos. En ese charco nos reflejamos con las ojeras del cansancio de 30, de 48 años, de siglos, en que esperamos que la historia elija por fin nuestro lado.
Tú sabías que las lacrimógenas mataban, sabías que la policía entorpecia la atención médica, que inventaban versiones falsas sobre las lesiones, tú, tú lo sabías y justamente por eso estabas de pie entre ellos, hasta caer herida frente a su indiferencia.
Por todo eso es tan difícil, tan difícil despertarse en este mundo sin ti, porque a este mundo, tú, compañera Denisse Cortez, le haces inmensa falta.
Ximena Soza