09/08/2026
Este viernes pasado empezamos la jornada con Crónica de un niño solo (1965), película que, a través de la historia de Polín, nos introduce sutilmente en el universo autobiográfico de Leonardo Favio y en algunas de las experiencias que marcaron su infancia.
Desde el inicio del largometraje, el espectador es expuesto a una puesta en escena de gran precisión, marcada principalmente por la dirección de arte y la fotografía. Esta última fue la que sacó más elogios en las conversaciones posteriores, y es que la película cuenta con un manejo de cámara que aprovecha cada espacio y unas tomas que, incluso en los momentos más sencillos, construyen imágenes complejas y finamente logradas. El dominio de la cámara y la composición de imágenes destacan especialmente en una película en la cual cada espacio parece tener algo que decir.
Por otro lado, el uso del silencio resulta especialmente importante. En una película donde los adultos son los encargados de hablar y decidir constantemente sobre el destino de los niños, Favio muchas veces prefiere dejarlos observar, caminar o simplemente permanecer en silencio. Es a través de estas pausas y de sus gestos que podemos acercarnos a Polín y a su anhelo de escapar del orfanato. El silencio también ayuda a construir momentos de tensión, como aquel en el río, donde un bello instante de libertad rápidamente toma un giro violento e inesperado.
Quizás por eso una de las imágenes más simbólicas sea la del caballo blanco y el reflejo de Polín, que puede entenderse como una representación de aquello que el niño busca durante toda la película: la libertad. Una libertad que parece siempre estar al alcance de la vista, pero que nunca termina por pertenecerle. Finalmente, el policía encargado de encontrarlo, lo devuelve al reformatorio, cerrando la película sobre sí misma y dejando la sensación de que el ciclo está destinado a repetirse.
Con Crónica de un niño solo, Favio construye una historia sobre la infancia y el abandono, pero también demuestra desde su primera película una mirada cinematográfica extraordinariamente sensible, capaz de encontrar belleza incluso en los espacios más duros.
(Continúa en la próxima foto)
Nazareno Cruz y el l