18/10/2023
Estar de vuelta en casa después de una semana tan intensa en la ciudad es sin dudas algo muy extraño. Por momentos parece que todo fue un sueño que tuve la noche anterior.
Tantas personas, tanto ruido y jolgorio, tanta "comodidad". Había olvidado lo que se sentía vivir en la ciudad; tener agua infinita, que las cosas que compras lleguen a la puerta de tu casa, ir caminando a un parque donde seguro habrá más niños jugando, tener negocios y supermercados a unos cuantos metros, y un largo etcétera.
Vivir en la ciudad es obviamente más cómodo que vivir en el campo, pero a medida que me acercaba nuevamente a mi hogar el verde se sentía cada vez más intenso y más dominante, el aire se tornaba más limpio y fácil de respirar, el silencio abrazaba mis oídos y mí corazón, y recordé nuevamente por qué la ciudad no es para mí.
Volver a casa me trajo la certeza de que la comodidad no puede seducirme más que la tranquilidad.
Y ahora que he despertado de este breve sueño, me quedo con todas esas sensaciones gratas que cada cierto rato hacen arder mi pecho y dibujan sonrisas en mis labios.