Ancianos y Mazmorras, Club de Rol Chiloé

Ancianos y Mazmorras, Club de Rol Chiloé Grupo de Rol De Castro, Chiloé, creado en 2007 y vigentes desde entonces.

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓNSESIÓN 6“DE GALLINAS Y MASCADAS”Diario de Killian Malkovich, Caballero de S...
23/08/2024

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓN

SESIÓN 6
“DE GALLINAS Y MASCADAS”

Diario de Killian Malkovich, Caballero de Solamnia, Orden de la Espada, el Muele Quijadas, el que Vuela y Golpea, el Enano de la Barba en Llamas, el Revela Sicarios, el Quiebra Goblins.

Esta mañana, bajo el manto gris del amanecer, nos presentamos ante la imponente figura de la Mariscal Nestra Vendri. Sus ojos, como acero templado, evaluaron nuestras capacidades y, con una voz grave que resonó como el eco en una caverna profunda, nos reclutó para una tarea que, según ella, requería de manos hábiles y corazones valientes. Seremos su escuadrón para las misiones que escapan a las fuerzas ordinarias, aquellas que, sin duda, pondrán a prueba tanto nuestras habilidades como nuestras convicciones.

La Mariscal nos ofreció la armería de la base de Kalaman para equiparnos, pero mi búsqueda fue en vano. Los aceros que colgaban de las paredes no me decían nada; buscaba algo más que esta vieja armadura que llevo encima, algo que realmente me protegiera en la batalla, pero todo lo que hallé fue decepción. Iriad, en cambio, encontró unas dagas viejas que parecieron convencerla. Iriad, la muchacha… te he hablado de ella antes. Su espíritu ardiente me preocupa; se aleja cada vez más del camino que su deidad ha marcado para nosotros. Hay un fuego en ella que no logro apagar, y temo que un día sus llamas la consuman por completo. Insiste en llamarme maestro, pero sus acciones dicen lo contrario; es como si el viento llevara mis palabras lejos de su alcance.

Hablamos también con el joven Darrett, un muchacho con el corazón aún en su lugar, a pesar de las pruebas que la vida le ha impuesto. Nos agradeció por haberle salvado la vida y por haber desenmascarado a Gelle… y a mí, personalmente, por haberle entregado la armadura que Becklin me había legado. No pude evitar sentir una punzada de incomodidad; aceptar agradecimientos nunca ha sido algo que me agrade, menos aún cuando todo lo que hice fue cumplir con una orden de mi difunta superior. ¿Qué más podía hacer? nunca sé qué responder a los agradecimientos y es una de las pocas cosas que no están definidas en el capítulo de Interacciones de la Medida. Es curioso ver a Darret en esta renovada actitud, caminar por la ciudad con su pecho en alto, llevando los emblemas de la Caballería de Solamnia con un orgullo que, aunque juvenil, me resulta reconfortante. El chico es talentoso y logró impresionar a la Mariscal, ganándose un puesto como instructor de los soldados de Kalaman. También le han confiado la misión de ser nuestro intermediario entre los representantes de las fuerzas de Vogler y el ejército local. Me pregunto si en nuestro pueblo hablamos con modismos que aquí no comprenden, o si acaso soy yo quien no logra comunicarse como debiera. Trato de seguir el Método, de hablar con claridad y elocuencia, pero a veces temo que mis palabras se pierdan como el eco en las montañas, resonando sin hallar jamás un oyente.

Pensando en los modismos pueblerinos, fue que caí nuevamente en viejos recuerdos. Rememoro aquellos días en los que, de la mano, recorríamos los puertos bañados por la luz del sol, con las gaviotas volando en círculos sobre nuestras cabezas, su canto mezclándose con el sonido de las olas. En esos momentos, sentía que el mundo entero se contenía en tu sonrisa, en esos instantes en que éramos solo nosotros y el mar, eterno y vasto, reflejando el azul del cielo como un espejo. Y aunque no puedo permitir que la nostalgia me consuma, es en esos paseos que hallo consuelo, un recordatorio de que alguna vez, incluso en medio del caos, hubo paz.


Algo en nuestro relato sobre la máquina dragón captó la atención de la Mariscal, quien, sin perder tiempo, nos envió a hablar con Tatina Rookledust, una gnoma inventora de la que me había hablado el viejo Than en alguna ocasión. Tal vez sea talentosa, pero como todos los de su especie, también un poco majareta. Nos preparamos para partir, y algunos insinuaron que no sería capaz de subir a una montura, pero bien sabes cuánto disfruto cabalgar en monturas altas. ¿Recuerdas aquel paseo por la colina? Sí, me caí, pero la culpa fue de aquella rama traicionera, no del noble corcel ni del jinete que lo guiaba.

El camino a la casa de Tatina nos llevó hacia el sur. A poco andar, nos encontramos con un grupo de 8 hombres. Bandidos, aparentemente. Iban camino a la ciudad, pero pasamos de ellos, porque nuestra misión es otra y no haríamos bien en detenernos por prejuicios infundados. Al poco rato, en la distancia vimos una casa en llamas. No pude resistir el impulso de correr hacia allí, buscando salvar a cualquier alma en peligro. Gracias a Kiri-Jolith, la casa estaba vacía, aunque el interior hablaba de una huida apresurada: una mesa puesta para una comida que nunca se completó, platos aún con restos de comida. Snarf, con su curiosidad característica, comenzó a buscar huellas alrededor de la casa. A los pocos minutos comenzó a gritar que había encontrado huellas de tabaxis… luego gritaba algo de que se estaban multiplicando. Pensé en lo absurdo que eso sonaba, pero entendí todo cuando se unió Magor a la búsqueda y comenzaron a visualizar también huellas de conejos en el ahora ejército de criaturas peludas. Sin poder reunir entre sus dos cerebros lo necesario para comprender la situación, resultó que llevaban dando ya casi 30 vueltas en círculo a la casa y seguían sus propias huellas. Entre las fúrricas pisadas de felinos y leporinos, logré distinguir unas huellas dracónidas que se alejaban hacia la espesura. No las seguimos, pues nuestra misión volvía a ser nuestra prioridad.

Andora, la elfa de piel grisácea, parece estar atrapada en otro mundo. Susurra que está en otro planeta y no puedo más que respetar sus creencias, por extrañas que parezcan. Aunque, en el fondo, me pregunto si no es simplemente su manera de lidiar con la realidad. Tal vez un día pueda preguntarle si sus ojos alzados al cielo buscan la guía de algún dios, tal vez compartamos una fe común, o al menos una devoción que nos una en la oración. No me preocupa que su fe sea distinta; como están las cosas, cualquier fe es un ancla en este mar de caos y, con el tiempo, puede terminar entendiendo que Kiri-Jolith es el Dios verdadero.

En medio de estas reflexiones, apareció un mediano montado en una cabra, un ser pintoresco que se presentó como Saltatrampas. Con voz acelerada, nos preguntó si habíamos visto un dragón, y al recibir una negativa, se fue tan rápido como llegó. Una aparición fugaz que, aunque sin sentido aparente, dejó una huella en mi memoria, quizás por lo surrealista de la situación.

Finalmente, dimos con la torre de Tatina, una estructura que resonaba con gritos, explosiones, cacareos, castañeteo de dientes y el caos de un ejército de goblins y hobgoblins intentando, sin éxito, tomarla. La inventora había desplegado sus defensas, aunque parecía que estas tenían más vida propia que control alguno por parte de su creadora. Entre los artilugios que se lanzaban contra los invasores, vi una gallina metálica que disparaba huevos podridos y una mandíbula mecánica que se abalanzaba sobre quien se atreviera a cruzar su camino. Nos unimos a la refriega y, para nuestra sorpresa, derrotamos a los enemigos sin mucho esfuerzo. Tal vez nos estamos fortaleciendo como equipo, o tal vez estos seres no eran rivales dignos. Quedó uno en pie y habló algo con el conejo. Supuse que habían llegado a algún acuerdo, porque lo dejó ir. Me pareció extraña tanta misericordia por parte del orejudo… me imagino que algo bueno sacó, aparte de la información. Magot nos comentó lo que le había dicho el goblin: buscaban un arma de la gnoma.

Después de la batalla, intentamos hablar con Tatina, pero ella, muy altanera, aseguró que nuestra ayuda era innecesaria. Apliqué lo aprendido en el capítulo de la Medida sobre el trato con criaturas excéntricas, adulando sus habilidades y dejando en claro que estábamos de su lado, con la esperanza de que nos permitiera entrar en la torre y descansar. La cabalgata había dejado mis riñones y espalda baja adoloridos, y necesitaba un lugar donde sentarme.

Dentro de la torre, Tatina confesó que la dracomotora era su invención, una creación única que ahora creyó estaba en manos de los enemigos. Pero la sacamos de su equivocación al contarle que la habíamos lanzado al mar. Nos mostró algunos de sus inventos, incluyendo un "charlalejos", un dispositivo que, según ella, permitía hablar con alguien a kilómetros de distancia. Sus palabras, aunque fascinantes, me dejaron escéptico; soy un hombre de fe, no de artefactos.

Nos contó, además, que quienes la habían contactado y pagado por la dracomotora eran hombres con armaduras negras y el símbolo de Takhisis, y aunque aseguraba no conocer sus planes, el arrepentimiento en sus ojos era evidente. Le ofrecimos llevarla a Kalaman para protegerla. Accedió y partimos de vuelta. A unos pocos metros de viaje, una enorme explosión nos sobresaltó. Me tapé los oídos y me fue difícil volver a enfocar. Al parecer, Tatina había hecho explotar su torre y todo lo que había dentro, para no dejar ningún rastro de sus invenciones.

Ya en Kalaman, escoltamos a Tatina a encontrarse con Vendri. Mientras ellas conversaban, me dirigí al gremio de herreros, donde conocí a un anciano que me enseñó una técnica decorativa con ceras repelentes y ácidos suaves. Me hizo una demostración y luego me facilitó sus anotaciones respecto a la técnica de grabado para poder transcribirla en mis diarios. Una vez termine de escribirte, las pasaré para ir a devolvérselas mañana a primera hora.
Pasé el resto de la tarde grabando diseños en mi armadura, una obra que, aunque meramente estética, sé que Kiri-Jolith se agrada en los detalles, en la devoción que se refleja hasta en las pequeñas cosas. Quienes servimos debemos hacerlo con esmero, y la belleza en nuestros emblemas es también un acto de reverencia. Al llegar al edificio, mostré orgulloso mi trabajo a mis compañeros, pero pareció no importarles. Quizás no lo notaron, o tal vez no entendieron el significado detrás de esos grabados.

Ahora, mientras escribo estas líneas, contemplo mi armadura, correctamente montada, reposando en su soporte, pulida hasta reflejar las llamas vacilantes de las velas. El grabado de nuestras manos entrelazadas brilla con un fulgor que me llena de una calma profunda. Recibió la bendición y la oración de las armas, como cada luna nueva. Al terminar, me he quedado orando, no solo por mí, sino por estos nuevos compañeros que la vida ha puesto en mi camino y por las misiones que nos aguardan.
El día llega a su fin, como siempre, con mis memorias plasmadas en estas páginas. La sombra de la noche se cierne sobre mí, y aunque el cansancio amenaza con cerrarme los ojos, sé que debo mantenerme fuerte, por ti, por mí y por todos aquellos que dependen de nuestras acciones.

D&D DRAGONLACE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓNSESIÓN 4“FUEGO Y DESESPERANZA”Diario de Killian Malkovich, Caballero de Sola...
06/08/2024

D&D DRAGONLACE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓN

SESIÓN 4
“FUEGO Y DESESPERANZA”

Diario de Killian Malkovich, Caballero de Solamnia, Orden de la Espada, el Muele Quijadas, el que Vuela y Golpea, el Enano de la Barba en Llamas.

Tus retratos. ¡Necesitaba recuperar tus retratos! Corrí a nuestro hogar, y en el camino, me detuvo Becklin. Quería que fuera a la torre oeste de la Puerta del Río a buscar una caja para Darret. “Urgente”, me dijo. Y era una orden, pero más urgente para mí era ir por tus retratos, mis herramientas y esos pañuelos que me bordaste y que aún huelen a ti. Eso pensaba mientras seguía recibiendo instrucciones de mi capitana: “Entregarle la caja a Darret al verlo partir.” ¡Anotado! Luego Becklin se despidió de mí. Se veía intranquila, su mirada, normalmente llena de valentía, estaba ahora nublada por una sombra de aceptación, una última batalla librada en su mente antes del amanecer.

Llegué a casa. Guardé todo en un gran baúl y reforcé sus correas. Una última ojeada a nuestro hogar, pues el fuego y los gritos afuera me dicen que no volveré. Pero te llevo conmigo, como el sol lleva el calor del día y la luna, la frescura de la noche. Tu esencia no está en estas paredes, sino en cada rincón de mi alma y en cada latido de mi corazón.

Me repuse y corrí a la torre. Ahí encontré el cajón descrito por Becklin. Era tan grande y pesado como el mío. Ahora arrastraba por las calles de Vogler dos cajas de madera. La gente corría eufórica a reunirse en el muelle. Al parecer, la alcaldesa y Magar estaban alentando al pueblo. No alcancé a escuchar nada, sólo los vi de lejos mientras seguía arrastrando las cajas.

Parada en el mismo muelle, Andora hacía cálculos. 400 aldeanos, embarcaciones para 200. No cuadraba. Luego llegó el resto. ¿Cómo cubrir los números? Propuse un sistema de anclaje entre embarcaciones y les dibujé un boceto. El gremio de artesanos podía ayudar con eso. Partimos a la torre, como si mis viejas piernas no hubiesen atravesado ya la ciudad. Y allá llevé el cajón de Darret, por si se cumplía la condición de Becklin. Hablaban de un hombre lagarto que se había aparecido y había asesinado a un soldado del regimiento acorazado y luego había sido ahuyentado por Magor, seguramente a insultos, su única arma útil.

Encontramos los ganchos para unir las embarcaciones. Al verlos, pensé que no eran exactamente como mi diseño, pero que podrían servir. Partimos de vuelta al muelle para preparar todo y ayudar a evacuar al pueblo de Vogler. Snarf traía consigo un pequeño cofre y lo abrió para descubrir un frasco en cuya etiqueta tenía dibujado un corazón. El líquido rojizo parecía palpitar dentro de la botella. “Muy apropiado”, me dije. Me preguntó si yo sabía qué podía ser. No sé nada de esas cosas, pero me preguntó con tanta ilusión que traté de parecer todo un conocedor. Abrí el frasco e hice lo que todo experto en líquidos y pociones haría… lo probé. Tenía un sabor dulce, pero no me decía nada. Magar lo reconoció como una poción revitalizadora. Ahí Snarf nos contó que los monjes la habían enviado para sanar a Ispin. Me vino a la mente la imagen de nuestro amigo, su risa contagiosa y su espíritu indomable.

En eso estábamos cuando veo a Darret tomar carrera por la calle que lleva al muelle. Recordé el encargo de Becklin, de entregarle el cajón a Darret al verlo partir. Lo llamé y regresó agitado. Le pasé el encargo. Darret lo abrió y su rostro se iluminó. Emocionado, me abrazó. Por Kiri-Jolith, ¡detesto que la gente me abrace o me toque sin pedir autorización ni avisar! Mi espacio personal es sagrado, una fortaleza invisible que pocos tienen el derecho de cruzar. Seguía molesto por eso, cuando veo que Darret intentaba torpemente ajustarse la armadura que contenía el cajón, la armadura de un Caballero de Solamnia. Un regalo de muy buen gusto, a mi parecer. Le dije que dejara de hacer estupideces y que se parara derecho para ayudarlo a ponerse su armadura como dicta el Método. Luego de unos minutos y de recitar las primeras tres estrofas de la Oración a la Piel de Hierro, Darret lucía impecablemente su armadura.

Impaciente, corrió nuevamente al muelle y lo vimos perderse en la esquina justo cuando cinco figuras con aspecto dracónico se asomaban por un callejón. Lagartijas enormes, aladas, vistiendo armaduras y empuñando sendos alfanjes. Se abalanzaron sobre nosotros y nos enfrascamos en una sangrienta batalla en la que, tras un feroz combate, salimos vencedores. Debo hablar con Iriad. La muchacha se ha mostrado muy violenta últimamente. Se aleja de lo que los dioses quieren de nosotros; su corazón necesita aprender la piedad que los dioses valoran.

Alcanzamos a Darret, quien también mostraba signos de haber lidiado con un par de draconianos. Corrimos juntos al muelle. De lejos, se escuchaban gritos de hombres, mujeres y niños, un coro desesperado que llenaba el aire de angustia. Llegamos en el instante que alguien gritó “¡un dragón!”, causando pánico en todos. La figura de un dragón negro que crepitaba fuego de sus fauces se recortaba en el muelle, contra la brisa marina. La visión era un cuadro de terror y majestad. Cuatro soldados draconianos lo acompañaban, como si se tratase de su escolta personal, en el improbable caso de que un dragón necesitara una. El dragón dirigió su ataque al almacén principal, el hogar de Upton, el dueño del muelle al que le comprabas gambas y te regalaba las cabezas de peces para tu gata. Fuego. El almacén explotó en llamas rojas y se escucharon otras explosiones menores dentro. Desconozco si Upton y su familia siguen adentro, pero mi honor me empujó a abalanzarme contra la bestia antes de que continuara su cobarde ataque. Si al menos podía dar algo de tiempo a la familia para escapar, mi actuar sería de ayuda.

Corrí hacia el dragón, aferrando mi ma****lo con ambas manos. Pensaba en cuál sería el punto débil de una bestia similar cuando la figura se volvió más nítida a menor distancia. Eso no era un dragón… era una máquina. Avisé a mis compañeros, que parecía que necesitaban una invitación para el espectáculo, porque no se habían movido de sus lugares. Iriad corrió tras de mí, por supuesto, y junto a ella, el valiente Snarf. Alcanzamos a golpear a un par de soldados, pero la valentía a veces nos juega malas pasadas. La valentía sin prudencia es un faro que guía a la imprudencia. Los soldados giraron la máquina hacia nosotros y la activaron. Iriad y Snarf cayeron, producto de las quemaduras. Yo me mantuve en pie, apenas, gracias a la protección del escudo de Ispin. Seguí luchando contra los soldados, con mi armadura y barba aún en llamas. Luego un segundo ataque del falso dragón, que no pude resistir…

Desperté de pronto, tomando aliento. Me puse de pie lentamente y escuché un estruendo, como si un muro de piedra se hubiese derrumbado. Estaba vivo. Iriad y Snarf también se habían repuesto y empuñaban sus armas con mirada asustada. No lograba ver al resto del grupo. Recogí mi ma****lo para continuar la batalla y me giré hacia el estruendo. Una figura de al menos tres metros de alto se elevaba en lo que antes fuera la pared del Cangrejo de Latón. Acababa de arrojar lejos un barril con peces del que había sacado un bocado con sus enormes manos. Era un ogro. O una ogresa, al parecer. Es difícil diferenciarles. Estaba acompañada de otros soldados draconianos. Luchamos ferozmente contra la gran bestia y sus secuaces y logramos derrotarla.
Quedaba uno de los soldados y Snarf le disparó. Curiosamente, absorbió el impacto y luego explotó, soltando algo así como las esporas que liberan los hongos a los pies de la montaña. Iriad y Andora quedaron convertidas en piedra.

Ya la mayor parte del pueblo había subido a los botes. Tomamos a nuestros ahora decorativas compañeras, esperando encontrar alguna cura luego, y nos dirigimos a embarcar. Estábamos en eso, cuando llegó el odioso de Jeyev gritando “¡no zarpéis!” Y otra vez esa mierdosa conjugación resonando en mi cabeza. En sus brazos llevaba un casco que reconocí enseguida: el casco de Becklin. Se lo entrega a Darret, por encargo de la capitana, supuestamente. Nos dijo que Becklin se había quedado atrás y que no debíamos esperar. Que debíamos partir, porque el Ejército de los Dragones estaba tomando el pueblo. Subió a la última embarcación con nosotros y nos alejamos del muelle.

Desde la embarcación, a varios metros de la orilla, la vista era sobrecogedora. El pueblo de Vogler estaba siendo consumido por un in****no de llamas. Las edificaciones, antes humildes y acogedoras, eran ahora siluetas negras recortadas contra un telón de fuego voraz que lamía los cielos con lenguas anaranjadas y rojas. El humo espeso se elevaba en columnas oscuras, formando una nube que ocultaba las estrellas y teñía el cielo nocturno de un tono ominoso.
Gritos desgarradores resonaban a través del crepitar de la madera y el estruendo de las estructuras colapsando. Eran los gritos de aquellos que se negaron a abandonar sus hogares, voces cargadas de pánico y desesperación. Entre estos gritos se alzaban las risas brutales de los saqueadores, que se deleitaban en el caos, aprovechando la destrucción para desvalijar lo que quedaba del pueblo.

Desde la distancia segura de la embarcación, el reflejo de esta devastación danzaba sobre las aguas del río. Las ondas y el oleaje fragmentaban y distorsionaban las imágenes, multiplicando las llamas en un espectáculo maligno de luz y sombra que parecía extenderse más allá de la orilla. Las aguas tranquilas del río, normalmente claras y serenas, se habían transformado en un espejo turbulento que duplicaba el in****no terrestre, haciendo que el río mismo pareciera arder.
La brisa marina traía consigo el olor acre del humo y la quemazón, recordando a los que escapaban que su hogar estaba siendo destruido. En el horizonte, la línea del fuego parecía interminable, y el resplandor de las llamas teñía todo de un carmesí siniestro, una advertencia de la brutalidad que habían dejado atrás.

Darret me entregó el casco de Becklin y me preguntó si podía reparar una gran abolladura que tenía a un costado. Snarf y yo observamos lo mismo… y creo que también pensamos lo mismo. Esa abolladura era el resultado de un golpe muy potente con un ma****lo. Al mismo tiempo, nos giramos hacia Jeyev a ver su cinto. Por supuesto, portaba un ma****lo. No confío en él, pero una embarcación pequeña, sobre aguas suficientemente profundas para ahogar a un caballo, no era el mejor lugar para levantar acusaciones.

Abandonar tu hogar forzosamente es como arrancar una parte de tu ser, dejando atrás todo lo que conoces, todo lo que amas. Pero en la compañía de aquellos que te importan, encuentras la fuerza para seguir adelante, para enfrentar lo desconocido y construir un nuevo hogar donde las raíces de la esperanza puedan crecer nuevamente.

Es momento de dormir. Oré a Kiri-Jolith por los caídos, por la ciudad, por nuestros amigos y por todos aquellos corazones que laten con miedo. Nos dirigimos a Kalaman, un refugio incierto.

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓNSESIÓN 3“LA INVASION COMIENZA”Diario del JaggerMaster, Observador de Univer...
06/08/2024

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓN
SESIÓN 3
“LA INVASION COMIENZA”

Diario del JaggerMaster, Observador de Universos.

Es impresionante lo descabellados que pueden ser unos planes para salvar la vida de tus seres queridos. Un Tabaxi llamado Snarf llegado desde el Templo del Árbol verde, Una Damphir que responde al nombre de Devora la cual el Mundo es su hogar, Andora Altocastillo, Shadar-Kai de nacimiento la cual vino desde el Shadowfell del Planeta Toril, un oriundo de este pueblo, Killian Malkovich Caballero de Solamnia y Magar el Bardo itinerante, son los 5 aventureros principales que quieren defender el pueblo de Vogler, junto a Ellos Tem Temble, se ha lanzado desde un cerro con una catapulta llamada Gnomolanzadera, hacia unos guardias que tenían vigilada la puerta del rio y no dejaban que nadie salga.
Tenían unos paracaídas llamados Notestampes, para que no se mataran en el intento, sorprendentemente el plan de estos Héroes improvisados salieron de lo mas bien, lograron sorprender a los soldados de ejercito de los dragones y darles muerte sin que se escapara nadie, solo escapo el caballo, lo que seria suficiente. En la batalla, Iriad la pupila de Killian hace su aparición para ayudar también al grupo.
Aprovechando la victoria momentánea Ridomir (Garrote) IronSmile junto a su ayudante Jeyev Veldrius emprender camino hacia el campamento del Regimiento Acorazado, o lo poco que queda de el, para tratar de hacer frente a la amenaza que se acerca. Todos volvieron a la Alcaldía, donde Raven y Becklin los estaban esperando, los planes son varios, hacerles frente, negociar con ellos, engañarlos de alguna manera, aunque después de una acalorada discusión la decisión fue evacuar al pueblo mientras Becklin y Ridomir hacen tiempo en la Puerta del Rio, para formar un cuello de Botella y detener al ejercito de los dragones mientras todos emprenden la huida hacia Kalaman.
Raven manda a los guardias a juntar a todos en la plaza, allí ella les informa de todo, lo que causa pánico en la población, Magor, el Bardo los calma, aunque no por mucho, Bakaris el Joven, siembra el pánico para variar y no hace mas que estorbar, por suerte Magor una vez mas hace Gala de una L***a impresionante, calmando una vez mas a la población, Devora y Andora por su parte contabilizan los barcos y se dan cuenta que hay cupo para 200 personas, pero todos suman un total de 400 personas. Se ponen en campaña para adecuar barcos y balsas para que se puedan ir todos. Snarf se puso a ayudar a Leedara para sorpresa de todos, aunque no pudo sacar mucha información, ayudaron a muchos de los caídos de la desastrosa batalla de Colina Alta. Killian por mientras fue a buscar sus cosas y a buscar una caja misterios al Fuerte Muroespinas, por petición de Becklin, debía entregárselo a Darret una vez evacuados.
Después el mismo Darret los junto a Todos y les pidió que los acompañaran a la puerta del Rio, a buscar ganchos para amarrar mas balsas, pero en ese momento vino una soldado del regimiento acorazado gritando que vienen enemigos, no alcanzó a terminar cuando un Draconiano Baaz lo sorprende por detrás y lo bota del caballo, se disponía a matarla cuando Magor hace huir al Baaz, luego de prestarle primeros auxilios, la Soldado les cuenta que el ejercito de los dragones se dividió en dos, unos enfrentaron y aplastaron al Regimiento Acorazado y la otra parte se dirige al pueblo a matarlos a todos, los barcos no están listos, la gente no esta reunida, no esta todo listo.
¿Como resolverán esto?,
Me gustaría averiguarlo

Luis, El Negro, JaggerMáster de Ancianos y Mazmorras, Club de Rol Chiloé

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓNSESIÓN 2 (PARTE 2)“MENSAJES AMENAZANTES”Diario de Killian Malkovich, Caball...
31/07/2024

D&D DRAGONLANCE, LA SOMBRA DE LA REINA DRAGÓN

SESIÓN 2 (PARTE 2)
“MENSAJES AMENAZANTES”

Diario de Killian Malkovich, Caballero de Solamnia, Orden de la Espada, el Muele Quijadas.
Me levanté esta mañana con las palabras de Kiri-Jolith resonando en mi mente: "No permitas que el cataclismo se repita." ¿Qué cataclismo? Recordaba vagamente haberlo estudiado en las clases para convertirme en caballero, pero nunca he sido bueno con los hechos históricos, y menos con las fechas. Necesitaba encontrar a Becklin, mi superiora directa. Ella es buena con eso, y respeto profundamente su sabiduría y experiencia.
Becklin estaría en la alcaldía. Lo mencionó ayer, cuando hablaban de interrogar al ogro. Mientras caminaba hacia allá, un escudero me detuvo. Me dijo que la alcaldesa nos esperaba y me preguntó por mis compañeros. "En la taberna" le respondí, asumiendo que se refería al grupo que conocí hace unas horas, todos amigos de Ispin. El escudero corrió en esa dirección y yo seguí mi camino.
El sol matutino iluminaba el edificio de la alcaldía con un resplandor dorado. La estructura, robusta y solemne, se erguía como un faro de autoridad en el corazón del pueblo. Sus paredes de piedra reflejaban la luz de la mañana, y las banderas ondeaban suavemente con la brisa. Dentro, la alcaldesa Raven, Garrote y Becklin conversaban acaloradamente. Quería hablar con mi capitana a solas, pero tú bien sabes que me resulta difícil interrumpir conversaciones que no muestran una clara intención de pausa.
Los amigos de Ispin llegaron juntos a la alcaldía, y una duda se aferró a mi mente: ¿Eran todos ellos amigos entre sí? Eso significaría que yo era el único extraño en el grupo, lo que me inquietó un poco. ¿Les resultaba incómoda mi presencia? "¡Han llegado, al fin!" Dijo la alcaldesa al entrar el grupo. Aunque llevaba más de diez minutos parado frente a ellos, no me ofendió su comentario. Seguro no me vio, por estar a contraluz. "Requiero de su ayuda para interrogar a Gragonis. Han demostrado ser el grupo de guerreros más capacitados," les dijo, mientras ellos se miraban unos a otros, con aire gracioso.
Entraron a la pequeña habitación que hacía de celda. Yo me quedé afuera con Becklin. Desde dentro, se escuchaban gritos y amenazas del ogro (gritos y amenazas que pudo proferir porque le arreglé la mandíbula. De nada). Al poco rato sacaron a Garrote, con el puño ensangrentado y el rostro encendido de cólera. Supuse que había golpeado al ogro, una acción mal vista en un interrogatorio civilizado y una indudable falta al Método. "La tortura no es solo una mancha en el honor de un caballero, sino una traición a la esencia misma de la justicia. La verdadera fuerza radica en la compasión y la nobleza de espíritu."
Recordé por qué me había quedado afuera. Me giré hacia mi capitana y le pedí que me contara todo lo que sabía respecto al cataclismo. Me miró con una expresión sombría y comenzó: "El Cataclismo marcó un antes y un después en nuestra historia. Antes, los dioses estaban en su apogeo. Todo en este mundo fluía como debía ser. Las distintas especies convivían en armonía, los héroes encomendados se preocupaban de la protección y el orden, todo bajo el alero de las deidades. Pero siempre gana la ambición. Un grupo de sacerdotes quiso ser ellos mismos dioses y conjuraron un ritual. Los dioses, en un acto de misericordia, advirtieron trece veces a los sacerdotes, pero éstos no hicieron caso. Como último recurso, advirtieron a Loren Soth, un alto Caballero de Solamnia, pero éste traicionó a su pueblo y las lealtades a sus dioses y falló su cometido. Es por esto que los Caballeros de Solamnia son mal mirados por quienes conocen la historia. Tras este último fracaso, los dioses cumplieron su advertencia, dejaron el mundo desolado y nos abandonaron a nuestra suerte."
"Regresarán, Becklin, lo sé... lo vi," le dije. Pero ella me miró incrédula... o más bien triste, diría yo. El grupo salió con estruendo de la sala y Becklin se repuso inmediatamente para adoptar su clásica actitud.
Desconozco cómo lo logró, pero Magar sacó la información necesaria de Gragonis. Engaños, seguramente. Esta criatura es muy capaz, me he dado cuenta; sin embargo, sus métodos son bastante peculiares, por no decir ilícitos. Resulta que Garrote es, efectivamente, inocente. Fue engañada y traicionada por Gragonis, quien quiso aprovechar la simulación de la batalla de Colina Alta para matarla y hacerse de su facción, para luego apoderarse de Vogler y entregárselo al Ejército de los Dragones (y no, no traen dragones, ya pregunté). Fue contratado por un enorme tipo encapuchado, a quien, al parecer, mis compañeros conocen, por la expresión de sus rostros al mencionarlo (puse la misma expresión, para hacer como que sabía también). Según lo que narró Magar, Gragonis se veía bastante confiado, pues asegura que mañana el Ejército de los Dragones estará sobre nosotros.
Magar terminó su relato y entró al vestíbulo un hombre a quien ya había visto muchas veces. Jeyev Veldreus, ahora segundo al mando de Garrote, según me susurró Becklin al verlo entrar. Es ese humano calvo de barba que hacía bromas de enanos cuando visitaba la herrería para el mantenimiento de su cimitarra. Alguna vez te lo mencioné. "¿Por qué los enanos no pueden jugar al escondite? Porque en cuanto se agachan, ¡ya nadie los puede ver!". Nunca lo entendí; incluso probé la premisa y me agaché muchas veces, pero siempre me veía. Esta vez no traía chistes, por suerte. Saludó a Garrote con un gesto marcial muy bien ejecutado y le dijo: "Hay una considerable fuerza militar al noroeste de la aldea. Se ven muy organizados. Alcancé a ver humanos, mayoritariamente, junto a unas criaturas encapuchadas que, al parecer, pueden volar." Magar le dijo a Becklin que ya habían visto a esas criaturas.
Salimos de la alcaldía rumbo a la taberna (les gusta la taberna a estos extranjeros). No me había dado cuenta, pero Snarf no estuvo con nosotros mientras interrogaban al ogro. Nos encontramos con él en el camino, y algo les mencionó a sus amigos de una tal Lidara, pero poco entendí. Las calles de Vogler se llenaban de actividad mientras avanzaba la tarde. El cielo se nublaba lentamente, presagiando una tormenta. Las sombras de las nubes se extendían como un manto oscuro sobre nosotros, como si algo nos hubiesen querido anticipar.
Al poco rato, llegó una emisaria al galope. Era una mujer, acompañada de otros cuatro jinetes con el símbolo de los dragones. Ella llevaba una cota de malla y su caballo estaba fuertemente acorazado, una visión imponente y majestuosa que aprecié, independientemente de que pudieran ser enemigos. Pidieron hablar con la persona a cargo. Todos miramos a Raven. Ella se acercó a la emisaria, quien le entregó un pergamino y, con un hábil movimiento de las riendas, se alejó del lugar con prisa. La alcaldesa leyó el mensaje y los colores desaparecieron de su rostro. Luego compartió para todos: "Por orden de Belephaion, la voz de Takhesis, esta noche acuartelareis a los soldados del invencible Ejército de los Dragones Rojos. Negaos y moriréis. Es la voluntad de la Reina de los Dragones." Todos estaban impactados. Yo me quedé pensando si aún, en estos tiempos modernos, correspondía usar “acuartelareis”, “negaos” y “moriréis”. ¿Qué les pasa? Soy un guardián de las normas antiguas, pero nada de eso se menciona en el Método y, aceptémoslo, ya nadie habla de esa forma.
Mientras reflexionaba sobre el lenguaje, el grupo ya tenía un mapa de Vogler desplegado sobre una mesa improvisada. Hablaron sobre lo absurdo que era obedecer la petición, ya que el solo hecho de recibirlos en el pueblo significaría problemas y muertes innecesarias inminentes. Otros hablaron de hacerles frente y defender la ciudad. Estuve más de acuerdo con eso. Si vamos a morir, que sea defendiendo lo nuestro, con honor. Luego alguien mencionó lo estratégico que sería aprovechar las Puertas del Río (que se siguen llamando así pese a que no hay puertas que cierren el paso desde hace mucho tiempo). El día avanzaba, y negras nubes con tintes rojizos vaticinaban sangre. Un informante nos avisó que se habían apostado al menos cuatro soldados de los Dragones sobre el risco, al este de las Puertas del Río. Comenzaron a discutir sobre cómo llegar allí. Era imposible sin ser vistos y el plan era poder hacerse con ese lugar para dejar el paso libre a Becklin y Garrote. Me acordé del viejo Than, que tiene su taller justo en la torre al oeste de las Puertas… "A menos que lleguemos por el aire," dije, pero nadie pareció escucharme. Siempre me decías que hablo muy bajo, pero finalmente entendías lo que yo quería. De un tiempo a esta parte he estado pensando que, simplemente, aprendiste a escucharme. "Gnomolanzaderas," grité esta vez. Tal vez me excedí, pero me escucharon. Les expliqué del invento de Than, aquella catapulta para lanzar personas que combina perfectamente con el Notestampes, una mochila que trae telas en su interior y que evitan una caída mortal desde grandes alturas. El plan pareció gustarles (o tal vez era el único que teníamos) porque a los pocos minutos estábamos apretando los amarres en la azotea de la torre, dispuestos a subirnos a una enorme plataforma que nos disparará al otro lado, por sobre los soldados enemigos.
Escribo esto antes de ser lanzados. Quién sabe cómo resultará esto. Confío en Than, pero los imponderables son precisamente eso, algo que no puede ser ponderado.
En medio del caos, me he dado cuenta de que incluso en los momentos más oscuros, la esperanza y la camaradería pueden surgir. Mientras nos preparamos para esta arriesgada maniobra, me reconforta saber que estoy rodeado de compañeros valientes y que, sin importar el resultado, enfrentaremos lo que venga con honor y determinación. Las acciones valerosas definen el curso de la historia, y hoy, más que nunca, estoy decidido a ser parte de esa noble tradición. Seremos lanzados por los aires sin más resguardo que una mochila con telas… qué puede salir mal?

Carlos Pérez Lorca

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