Papa León XIV

Papa León XIV Contact information, map and directions, contact form, opening hours, services, ratings, photos, videos and announcements from Papa León XIV, Montreal, QC.

𝑆𝑎́𝑏𝑎𝑑𝑜 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑜¿Qué es lo que hoy sucede?  Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad.  Un g...
04/04/2026

𝑆𝑎́𝑏𝑎𝑑𝑜 𝑆𝑎𝑛𝑡𝑜

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha mu**to en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

📖De una Homilía antigua sobre el grande y Santo Sábado

Judas…me siento aquí, a tu lado, aunque ya todo haya pasado, aunque la cuerda haya hecho su trabajo y el silencio pese m...
04/04/2026

Judas…
me siento aquí, a tu lado, aunque ya todo haya pasado, aunque la cuerda haya hecho su trabajo y el silencio pese más que cualquier palabra, me siento como si todavía hubiera tiempo, como si todavía se pudiera decir algo, aunque sé —y lo sé con esa certeza incómoda que no consuela— que tú ya tomaste una decisión que no admite regreso en este mundo, pero aun así me siento, porque no puedo dejar de preguntarte, porque hay algo en ti que no me deja en paz.

Dime… ¿cuándo empezó todo esto?
No el beso, no las monedas, no la noche —eso es demasiado visible—, sino antes, mucho antes, cuando todavía caminabas con Él y todo parecía posible, cuando aún creías, o al menos querías creer, y sin embargo algo se fue desplazando lentamente dentro de ti, algo casi imperceptible, una pequeña grieta, una ligera incomodidad, una expectativa no cumplida, una impaciencia que no supiste nombrar… dime, ¿lo notaste?, ¿o simplemente un día ya no estabas del todo ahí?

Porque yo me reconozco en eso, Judas, más de lo que quisiera admitir, en esa manera de estar sin estar, de escuchar sin oír, de caminar junto a alguien y al mismo tiempo ir tomando distancia por dentro, como si el corazón se adelantara en la huida mientras el cuerpo todavía permanece, cumpliendo, aparentando, sosteniendo una cercanía que ya no es verdadera.

Y luego… las monedas.
Pero no son las monedas, ¿verdad?, nunca son las monedas, eso lo sabemos tú y yo, eso es apenas la superficie, el símbolo pobre de algo más hondo, algo que ya estaba decidido antes de que la plata tocara tu mano, algo que se había ido cocinando en silencio, en la penumbra de tus pensamientos, en esa conversación interminable contigo mismo donde quizá empezaste a justificar lo injustificable, a explicar lo inexplicable, a endurecerte poco a poco.

Pero aun así, Judas… aun así… algo en ti no murió del todo.

Porque regresaste. Porque devolviste el dinero. Porque dijiste —aunque fuera tarde, aunque fuera torpemente—: “he pecado”.

Y aquí es donde ya no te entiendo, donde me detengo y te miro y no sé qué decir, porque en ese punto, justo ahí, en ese instante en que reconoces, en que te quiebras, en que ves con claridad lo que has hecho… ahí mismo, Judas, ahí mismo estaba abierta la puerta.
¿Por qué no la cruzaste?

¿Quién te convenció de que no había perdón para ti?
¿De dónde salió esa voz que te cerró el camino justo cuando empezabas a verlo?
¿Fue tuya esa voz… o la escuchaste tantas veces que ya no supiste distinguirla?

Porque Pedro también cayó, y cayó de una manera humillante, pública, dolorosa, y sin embargo no se fue, no huyó hacia la oscuridad definitiva, sino que se quedó ahí, en su llanto, en su miseria, en su vergüenza… pero abierto.

Tú no. Tú hiciste algo más radical, más silencioso, más definitivo: decidiste no esperar.

Y eso es lo que más me inquieta, Judas, lo que más me desarma, porque en el fondo no se trata de tu traición —no solamente—, sino de tu prisa, de esa urgencia por cerrar la historia antes de que pudiera ser reescrita, de esa incapacidad —o negativa— de darle al amor una última oportunidad de decir su palabra.

¿Te parecía demasiado tarde? ¿Te parecía imposible? ¿O te parecía insoportable tener que volver y mirar su rostro?

Porque yo también, Judas, si soy honesto, también huyo de esas miradas, también evito esos momentos en los que sé que tendría que volver, reconocer, dejarme encontrar… y en cambio prefiero quedarme en mis explicaciones, en mis justificaciones, en mi cansancio, en mi culpa administrada, en ese lugar donde no hay paz pero tampoco hay riesgo.
Y entonces te entiendo… un poco… lo suficiente como para no sentirme superior, lo suficiente como para saber que lo tuyo no es ajeno, que no eres un monstruo aislado en la historia, sino una posibilidad real que respira en cada uno de nosotros.

Judas… si de algún modo todavía puedes oír —aunque sea como un eco que ya no pertenece del todo a este mundo—, déjame decirte esto que quizá nadie te dijo a tiempo, o que dijiste tú mismo demasiado tarde:

tenías la oportunidad a volver; tenías la oportunidad a ser perdonado, tenías la oportunidad a no terminar así.

Y yo… que estoy aquí, todavía antes de mi última decisión, todavía dentro del tiempo, todavía con la posibilidad abierta… me quedo contigo un momento más, no para justificarte, no para absolverte —eso no me corresponde—, sino para aprender de tu noche a no precipitar la mía.

A esperar. A resistir la desesperación.
A no creer nunca que mi pecado tiene la última palabra.

Porque si algo me deja tu silencio… es esta advertencia grave y temblorosa: que uno puede perderlo todo… no por haber caído… sino por no haber esperado lo suficiente
para ser levantado.

△ P. Chacho ✍︎
“Pensar desde la fe, escribir desde el corazón”

🕊️ En el silencio del sepulcro, la Verdad aguarda su hora definitiva mientras el miedo intenta sellar la esperanza.✝️ Le...
04/04/2026

🕊️ En el silencio del sepulcro, la Verdad aguarda su hora definitiva mientras el miedo intenta sellar la esperanza.

✝️ Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (Mt 27, 62-66)

Al día siguiente, el siguiente al día de la preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: “Señor, recordamos que este impostor, mientras aún vivía, dijo: Después de tres días seré resucitado. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos y lo roben, y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los mu**tos. Esta última impostura sería peor que la primera”. Pilato les dijo: “La guardia es vuestra; vayan a asegurarlo lo mejor que puedan.” Fueron, pues, y aseguraron el sepulcro poniendo un sello en la piedra y poniendo la guardia.

Palabra del Señor. 🙏🏻

El Sábado Santo es el día de la Gran Quietud. Los sumos sacerdotes y fariseos, movidos por el temor a la Verdad, intentan encadenar lo divino con sellos humanos y guardias armadas. Sin embargo, ninguna estructura mundana puede contener la Vida que se prepara para irrumpir. La vigilancia de los hombres solo servirá de testimonio para la gloria de la Resurrección.

¿Qué "sellos" o miedos en tu vida necesitan ser removidos por la fuerza de la Resurrección? ✨

04/04/2026

Si te enamoras de alguien y dices de el (ella) que es madura a pesar de su enorme juventud, has encontrado la mejor justificación para tu locura. No existen jovenes maduros, así como no hay frutas biches maduras. La madurez solo la da el tiempo. Todo lo demás es Falacia.

04/04/2026

Procesión del Silencio
Viernes Santo

04/03/2026

Viernes Santo
Vía Crusis
Semana Santa

Hoy no es un día cualquiera…es un día para estar cerca.Muy cerca de Dios.
04/03/2026

Hoy no es un día cualquiera…
es un día para estar cerca.
Muy cerca de Dios.

04/02/2026

Misa Cena del Senor Bendicion del Pan - Padre Humberto Zuñiga Padre Jesus Palacios

Reflexiones de SEMANA SANTA JUEVES SANTO:EL VERDADERO DÍA DEL AMOR El día que el amor se arrodilló.Jesús eligió su verda...
04/02/2026

Reflexiones de SEMANA SANTA
JUEVES SANTO:
EL VERDADERO DÍA DEL AMOR

El día que el amor se arrodilló.

Jesús eligió su verdad esa mañana.
Se vistió despacio. Realizó sus plegarias de cada mañana. No sintió respuesta.
Había un hueco extraño en el pecho,
un sabor raro, amargo en su boca.
Así tránsito las horas, en medio del ir y venir de los discípulos, ofreciendo a Felipe ayuda para cargar una pesada canasta, lavando algunos trastos... Sirviendo, apoyando.

Llegó la tarde.

La mesa estaba servida.
Olía a pan y a vino y a cera encendida,
y olía a despedida aunque nadie quisiera llamarla así todavía.

Llegaron todos.
El camino siempre reúne a las personas exactas. Llegó el que lo negaría tres veces antes del canto del gallo.
Llegó el que tenía el corazón lleno de dudas. Llegó el que ya cargaba en el bolsillo el precio acordado por su cabeza.
Llegaron todos...
Y el amor... el amor verdadero,
los recibió a todos. Sin excepción.

Entonces Jesús hizo algo que ninguno de sus discípulos esperaba.
Se levantó en silencio, tomó una toalla, llenó una vasija con agua y se arrodilló en el piso.

Los maestros del mundo siempre han enseñado de la misma manera: bajando. Buda dejó su palacio. Francisco abrazó al leproso. Y Jesús esa noche eligió el piso —el lugar donde nadie quiere estar— para decirle al mundo lo que el mundo lleva siglos sin terminar de aprender: El poder verdadero no se ejerce desde arriba. Se sirve desde abajo.
Le lavó los pies a Pedro. A Juan. A Tomás.
A cada uno de los que estaban sentados a esa mesa con sus miedos y sus dudas y sus promesas que aún no sabían que no podrían cumplir.

Y llegó el turno de los pies de Judas...

Tomó entre sus manos los pies del hombre que lo había vendido y los lavó con la misma agua, la misma toalla, la misma ternura. Porque el alma que ha encontrado su camino no distingue entre quien la honra y quien la traiciona. Trata a ambos con el mismo amor.

Partió el pan. Sirvió el vino. Habló.
Sus palabras esa noche no venían de la mente. Venían de ese lugar más profundo que la mente, ese lugar que los místicos llaman el corazón y que la ciencia todavía no sabe nombrar del todo.
Palabras lentas, hondas, con el peso específico de las cosas que se dicen por última vez.
Los miró a cada uno mientras hablaba.
Y confirmó que no lo habían comprendido. Que tres años de camino compartido no habían sido suficientes
para que vieran lo esencial.
Pero no sintió rabia.
Sintió tristeza y una soledad profunda.
Porque el despertar, siempre, es una decisión personal. Nadie puede despertar por otro.
Ni siquiera el amor más grande del universo puede forzar lo que el alma todavía no está lista para ver.

Después vino el huerto...

La noche. El frío. La tierra bajo las rodillas.
Y por segunda vez ese día Jesús se arrodilló. Pero esta vez no había vasija ni toalla ni discípulos mirando. Solo él y la oscuridad y algo que se acercaba con la inevitabilidad de las cosas que han sido escritas desde antes del principio.
"Padre... si es posible..."
Esa oración que la devoción cómoda prefiere pasar rápido porque revela algo incómodo: que incluso el alma más iluminada tiembla ante el dolor. Que la fe no es la ausencia del miedo, sino caminar hacia adelante con el miedo adentro, sin dejar que el miedo decida.

Sudó.
Lloró con la frente pegada a la tierra.
Y sus amigos dormían.
Los mismos a quienes horas antes había lavado los pies. Los mismos que habían prometido con el pecho inflado que jamás lo abandonarían. Dormían.

Y el amor incondicional, ese que no lleva registro, que no exige reciprocidad, que no se cansa, los miró dormir y le dolió.
Los entendió en su límite. Los amó en su fragilidad. Los perdonó antes de que tuvieran algo que pedir perdón.

Así funciona el amor cuando es verdadero.
No espera que el otro esté listo. No exige que el otro sea perfecto. Simplemente continúa —como el río que no pregunta si la piedra merece ser rodeada antes de rodearla.

Esa noche el amor no tuvo corona.
Tuvo rodillas en la tierra y lágrimas mezcladas con polvo y la soledad más absoluta que puede habitar un ser humano: saber que lo que viene destroza, que nadie puede cargarlo por ti, y aun así —aun así— elegir no traicionarte a ti mismo.
Porque hay algo más poderoso que el miedo.
Siempre ha existido algo más poderoso que el miedo.
Se llama propósito. Se llama amor. Se llama la certeza profunda, inamovible, de que hay cosas por las que vale la pena arrodillarse en la oscuridad aunque nadie esté mirando.

¿A quién no le has lavado los pies porque esperas que primero te pida perdón —sin ver que ese gesto que tanto te cuesta es precisamente la llave que abre tu propia prisión?

¿Y hasta cuándo vas a seguir esperando que los demás te amen como tú quieres? ¿Hasta cuándo vas a seguir enojado con Dios, con la vida porque las cosas no salieron como tú querías?

04/02/2026
“En el lavatorio de los pies, Jesús nos dejó el mandamiento del amor: servir con humildad, amar sin medida y entregarnos...
04/02/2026

“En el lavatorio de los pies, Jesús nos dejó el mandamiento del amor: servir con humildad, amar sin medida y entregarnos por los demás.
No es solo un gesto… es un camino que estamos llamados a vivir cada día.” ❤️‍🩹

Address

Montreal, QC

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Papa León XIV posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Establishment

Send a message to Papa León XIV:

Featured

Share