05/02/2022
😬Llegué de la facultad para la justa hora del almuerzo, me estabas esperando ansioso y con mucha hambre.
Encendí la cocina para calentar tu comida y la mía, las dejé en mínimo para ir a dar nuestra vuelta acostumbrada, te puse tu collar y apurados bajamos las gradas, salimos de casa y corrimos hasta la avenida, caminamos un poco, corrimos otro, te contaba como había estado mi mañana, por qué me había tardado, los pendientes que tenía para el resto del día. Nos sentamos cerca al jardín unos minutos y ya notaba tu hambre así que volvimos.
Cuando quise abrir la puerta la llave se rompió – recordar mi desesperación es muy divertido - no había manera de entrar, la comida se iba a quemar y tú ya estabas ansioso por comer.
Había solo una ventana y estaba cerrada, me presté un trapo lo envolví en mi mano, hice un puño y conté hasta tres, golpeé con fuerza el vidrio de la ventana y nada pasó, tú me veías algo desconcertado y hambriento claro, volví a contar hasta tres, y esta vez con mayor fuerza golpeé el vidrio y se rompió, lo que siguió fue convertirme en contorsionista para poder entrar por aquel marco de 50 x 25 cm.
Recuerdo bien que te dije “no te muevas de aquí hasta que te abra la puerta”, 5 minutos pensando qué parte de mi cuerpo iba primero, y ahí vamos con el pie derecho, después la cabeza, agarrándome del marco y tratando de no pisar los vidrios rotos, al final, el pie izquierdo y ¡lo logré! Corrí, te abrí la puerta y claro, la comida se había quemado, por suerte no toda; ese día comimos ahumado, pero lo solucionamos.
En aquel entonces no imaginaba siquiera que te estaría escribiendo esto o pintando con aguja tu retrato, es un justo homenaje ahora que ya no estas, porque por ti aprendí a romper vidrios, a ser contorsionista y muchas cosas más.
A mi gordo. 💖